el blog de reseñas de Andrés Accorsi

miércoles, 23 de julio de 2014

23/ 07: BRUNELLA

Ultimo de los cuatro tomitos que salieron el año pasado recopilando material que originalmente había aparecido en la revista Comic.ar.
Esta es una historieta de J.J. Rovella realmente extraña. A lo largo de 60 planchas, el creador de Dante Elefante y Zebita nos muestra la penosa vida de Brunella, una nena de unos 9 o 10 años, que vive en una casucha misérrima, en un barrio de extrema pobreza al lado de un basural donde se acumulan los residuos y las amarguras. El formato es el de una tira humorística y de hecho Rovella despliega un montón de recursos típicos de la tira cómica, algunos de los cuales ya vimos en otros trabajos suyos reseñados acá en el blog. Y acá está la tensión que hace única a esta tira: Brunella tiene momentos de ternura, momentos de comicidad… pero el clima general es triste, dramático, porque todo gira en torno a las carencias que sufre la protagonista en materia de alimentación, de salud, de vivienda, de higiene, y ya ni hablemos de educación, porque se trata de personajes absolutamente excluidos del sistema.
Entonces, ¿cómo hacer para reirse? ¿Siquiera para esbozar una sonrisa? A veces, el ingenio descomunal de Rovella lo logra. Otras veces, es el propio autor el que nos tira un mazazo al corazón, con secuencias realmente desgarradoras. Lo más heavy es el final, o en realidad las últimas 11 planchas que ofrece este librito, porque no creo que Rovella haya planeado terminar así la historia. A diferencia del resto, estas 11 páginas están hilvanadas por un argumento que avanza plancha a plancha y que no te lo voy a contar, pero es de una sordidez y una crueldad devastadoras. Ahí, la historieta deja incluso de ser “apta para todo público” y ya ni me animo a suponer a qué público puede estar apuntada. Acá sí, ya no hay forma de ponerle onda, ya no queda ni una rendija por donde filtrar ni cinco centavos de esperanza.
El dibujo está muy bien, muy efectivo, muy expresivo, aunque recuerdo haber visto algunas de estas páginas a color y se veían realmente mucho mejor que en esta versión, de blancos, negros y grises (muy bien aplicados, eso sí). Lo más notable es cómo una vez más Rovella se da maña para narrarnos todo esto sin textos. Como en Dante Elefante, como en Niko & Miko, el autor resuelve cada una de estas secuencias sin apelar nunca a la palabra. Los globos de diálogo se rellenan con íconos (en una nueva demostración de impecable manejo del lenguaje del comic) y todo lo demás está explicado por el lenguaje gestual y corporal de los personajes.
Es una pena, pero no sé a quién recomendarle este librito. Si sos fan de Rovella por lo bien que dibuja, yo iría directo a Dante Elefante, donde el color levanta y complementa muy bien al dibujo. Si te copa ver cómo este autor resuelve secuencias complejas sin textos, de nuevo Dante Elefante o Niko & Miko tienen cosas más jugadas. Para disfrutar del humor de Rovella… la verdad que no da, porque por cada sonrisa te llevás una patada en la garganta, tipo el rodillazo de Neuer al Pipa Higuaín. Y para dársela a un pibe e incentivarlo en la lectura de historietas tampoco, porque se zarpa de sórdido y de bajonero. Me parece muy interesante que un autor apele a los recursos del comic humorístico para denunciar (por decirlo de algún modo) las injusticias sociales y los padeceres de los que menos tienen. El tema es que no se me ocurre a quién venderle un producto así. Menos mal que Rovella es un grosso con mucha obra a cuestas y seguro seremos unos cuantos los talibanes que le compramos prácticamente todo lo que publica…

martes, 22 de julio de 2014

22/ 07: CRUZ DEL SUR

A pedido del casi respetable público, vamos con otro libro editado por Astiberri que conseguí durante mi último viaje a Lima, allá por Noviembre.
Cruz del Sur es un álbum autoconclusivo de 2005, una breve historia desarrollada en 48 páginas por el guionista Luis Durán y la famosa ilustradora (y esposa de uno de los dueños de la editorial) Raquel Alzate, que creo que encaraba por primera vez un relato secuencial de esta extensión.
El guión es básico, es una especie de fábula medieval con malos muy malos, nobles muy engreídos, curas muy oscurantistas, esa onda, muy basada en arquetipos bastante trillados. Lo más parecido a una heroína es una nena, hija de una bruja con cuyo asesinato empieza el libro. Esta huérfana, taciturna y abnegada, será criada en el castillo del Señor de Volt, donde la someterán a todo tipo de malos tratos, simplemente porque nadie tuvo los huevos para matarla, que era lo que recomendaba el cura.
La primera mitad del libro consiste en eso y en mostrar en cierta medida (de modo no muy profundo) escenas de la vida cotidiana durante el feudalismo. La segunda mitad propone un cambio muy interesante cuando pasan diez años y los niños pasan a ser jóvenes, mientras los adultos pasan a ser viejos. No quiero contar qué sucede y cómo se da vuelta la tortilla en el castillo del Señor de Volt, porque ahí reside todo el interés de la trama. En esta segunda mitad vamos a tener acción posta, lujuria, más misterio y más muertes escabrosas. Y revelaciones shockeantes acerca de un personaje que en la primera mitad aparece poco y no dice una sola palabra. Todo muy básico, muy tradicional, pero efectivo, sin fisuras ni tropiezos.
De todos modos, lo que hace que este álbum se publique, que uno lo compre, lo lea y lo quiera guardar es el dibujo de Raquel Alzate. Por supuesto, todo empieza con la grata de sorpresa de ver a una auténtica virtuosa de la ilustración pelar hallazgos en materia de narrativa secuencial. Sinceramente, nunca pensé que Alzate narraría tan bien. Venía resignado a aburrirme, a ver cómo la historia se daba de bruces contra innecesarios despliegues de prodigios pictóricos por parte de la artista. Sin embargo, me encontré con un relato gráfico sobrio, ajustado, con mucha atención por el ritmo, por los climas, con buena variedad de enfoques, con un color alucinante puesto siempre al servicio de las sensaciones que cada escena se propone transmitir.
Los logros de Alzate en materia visual son muchos, pero me quedo con uno, que es su inmejorable criterio, su apabullante talento para combinar belleza con oscuridad. ¿Cuándo y cómo pasar de una escena eglógica y luminosa a una siniestra y ominosa? ¿Cuándo y cómo mostrar los demonios que habitan en el interior de estos apuestos y atildados caballeros? ¿Cuándo y cómo sugerir los oscuros poderes que encierra algún personaje marcado por su inocencia y su belleza? Todo eso está perfectamente resuelto, en secuencias muy bien orquestadas por los autores y dibujadas con mano maestra (y muchas técnicas combinadas) por esta referente ineludible de la ilustración fantástica.
Si te gusta la onda medieval, o los relatos con misterios sobrenaturales, Cruz del Sur te va a enganchar, sin dudas. Y si querés descubrir a una ilustradora de la San Puta en su faceta de historietista, preparate, porque acá Raquel Alzate ofrece todo y mucho más en apenas 48 páginas. Quiero ya los tomos de la nueva serie medieval que está dibujando para Francia.

lunes, 21 de julio de 2014

21/ 07: HOY NO HAY NADA

El 1 de Julio se me cagó la computadora, por primera vez desde que tengo uso de razón. Mientras el país celebraba el golazo del Fideo Di María, yo me quería pegar un corchazo, porque la máquina no daba señales de vida. En una suplente que tengo en casa, usada básicamente por mi sobrino para jugar al Avengers Alliance, pude seguir posteando todos los días en el blog, mientras los muchachos del servicio técnico me pedaleaban a lo pavote. “Llamá mañana, llamá el viernes, llamá esta tarde…”. Nunca me decían qué carajo tenía mi compu ni si había o no posibilidades de repararla.
Finalmente, me dijeron lo que no quería oir: “Sale más caro arreglarla que comprar una nueva”. Y bueno, ahí activé el Plan B. Por suerte, un amigo me vendió a buen precio una máquina que ya no usaba (un toque mejor que la que tenía yo) y me compré además un disco rígido externo, para extraer la data que había quedado en la difunta. Parece una boludez, pero entre textos, imágenes, canciones, la agenda de contactos y los mails, uno mete adentro de su computadora más o menos media vida. Sin toda esa data, me resultaba imposible avanzar con el laburo de la distribuidora, subir material a la página de Comiqueando y hasta se me hacía difícil bancar el ritmo de la organización de Comicópolis, que ya está cerca y me empieza a comer cada vez más tiempo.
Recién este jueves logré recuperar un montón de archivos y recién hoy logré recuperar lo más difícil: el drive para que funcione el scanner, la música y los mails. O sea que recién hoy pude ponerme en serio a avanzar con el catálogo de Julio de la Distri, que es lo que pensaba hacer el 1 de Julio si no se me cagaba la compu. Y bueno, estoy en eso desde temprano y no sé si llego a terminarlo esta noche. Sospecho que sí.
Lo cierto es que no me quedó tiempo para leer nada y no tengo qué catzo reseñar. Espero poder ponerme al día mañana y subir una reseña, como todos los días.
Perdón por el faltazo y gracias por el aguante de todos los días. Será hasta mañana.

domingo, 20 de julio de 2014

20/ 07: CAPTAIN AMERICA & BUCKY Vol.1

Estamos en 2011, el Capi América vuelve al cine de la mano de un largometraje muy promocionado, y para festejarlo, se lanza un nuevo título del héroe que arranca desde el número 1. Pero la revista clásica, la que heredara su numeración de Tales of Suspense, no cierra, sino que sigue su curso ahora convertida en Captain America & Bucky, para luego darle cabida a team-ups del Capi con otros personajes.
Este primer arco argumental se titula The Life Story of Bucky Barnes y nos cuenta exactamente eso: la vida de Bucky, desde que tiene ocho o nueve años hasta el presente. Ahora pareciera normal ser fan de Bucky, cebarse con sus aventuras como Winter Soldier, etc. Pero unos años atrás, antes de que a Ed Brubaker se le ocurriera la forma de hacerlo volver, Bucky era un personaje recontra-menor, oscurísimo, al cual la gran mayoría de los fans conocíamos por flashbacks, porque nadie en su sano juicio quería leer las historietas del Capi de la Golden Age. Ahora, con Bucky de nuevo en acción y guiado con mano maestra por un autor que logró darle onda, identidad y conflictos atractivos como para que muchos nos copemos con el personaje (al punto de bancarlo cuando reemplazó a Steve Rogers como Captain America), es un buen momento para meternos con su pasado, a echar luz sobre un montón de puntos oscuros.
¿Cómo quedó huérfano Bucky? ¿Quiénes eran sus padres? ¿Era hijo único? ¿Cómo logró que los milicos le permitieran convertirse en sidekick del Capitán? ¿Qué hacía un pibe de 16 años descargando ametralladoras contra los nazis? ¿Cómo era su relación con los otros integrantes de los Invaders? ¿Cómo afectan a un chico tan joven los horrores de la guerra? ¿Cómo funcionaba el control mental que le hicieron los soviéticos cuando lo convirtieron en Winter Soldier? ¿De dónde viene la onda con Black Widow? Claramente hay mucho para indagar y de eso se tratan estas cinco historias autoconclusivas que escribe el maestro Brubaker junto a Marc Andreyko.
Se me dirá que la retro-continuidad es una tarea sencilla, que alcanza con detectar y rellenar los baches en las historias de los personajes, con algún guiño astuto al lector erudito. Y en parte es cierto. Lo jodido, el verdadero desafío, es lograr que los lectores nos copemos con el Bucky borreguito tanto como nos copamos con el Winter Soldier, lo cual no es fácil, porque… es Bucky! Un personaje a priori chatísimo, el enésimo Robin del Nacional B. Sin embargo, Brubaker y Andreyko se calzan el overol y dejan la vida en estas cinco historias para darle verdadera sustancia, verdadera carnadura al sidekick del Capi, que sale de acá convertido en un héroe grosso, al que entendemos, respetamos y admiramos. Por supuesto, esta “terapia intensiva” para darle relieve a Bucky significa un rol muy secundario para el Capi, que sólo figura de modo prominente en el título y en un par de portadas. Pero bueno, el Capi ya estaba perfectamente definido, exhaustivamente explorado, y Bucky no.
El dibujo está a cargo del gran Chris Samnee y es excelente. Muy bien apoyado por la paleta de Bettie Breitweiser, Samnee trabaja con un claroscuro intenso, sugestivo, muy al servicio de los climas. Como siempre, se luce en las expresiones faciales, se mata en los fondos (que probablemente estén basados en fotos, pero no se nota) y sorprende con una narrativa ágil, sumamente atractiva. Una vez más, cierro el libro convencido de que, si lo dejan, si no lo encorsetan ni lo ahuyentan con las restricciones típicas del mainstream yanki, Samnee puede llegar muy, muy alto. Sin dudas es un autor con un enorme potencial, al que quizás, dentro de unas décadas, se lo pueda considerar una especie de nuevo Will Eisner.
Si sos fan del Winter Soldier, tirate de cabeza sobre este libro. Si seguís al Capi América de Brubaker también, pero sabiendo que el Capi aparece poco. Si te gustan las historias modernas que le pegan giros interesantes a los héroes de la Golden Age, no lo dudes un segundo. Y si sos fan de Chris Samnee, tampoco. Prometo entrarle pronto al otro tomo de esta serie que tengo por ahí.

sábado, 19 de julio de 2014

19/ 07: LA HOJA NARANJA

Sol Díaz es una autora chilena que llegó a la historieta propiamente dicha en 2012 con esta, su ópera prima, luego de iniciarse primero en el diseño gráfico y después en el humor gráfico.
Su primer intento en la narrativa con imágenes son estas 100 páginas en las que Díaz nos narrará el viaje de una chica llamada Fedora por un mundo con varios puntos en común con la Wonderland de Lewis Carroll. En realidad, toda la obra está impregnada de la influencia de Carroll y hasta puede ser leída como una especie de remake de Alice in Wonderland o Through the Looking Glass. La Hoja Naranja tiene ese mismo vértigo, ese mismo frenesí, ese mismo nivel de delirio irrefrenable, repleto de connotaciones psicológicas. Por suerte, Díaz no se queda en la montaña rusa fumanchera, en la sucesión de sacudones al tuntún. Claramente, este es un viaje iniciático, un viaje en el que Fedora aprende un montón de cosas que la van a transformar en una persona más fuerte, más segura de sí misma.
Fedora no sólo es la protagonista, es el único personaje que a la autora le interesa explorar. El resto son adornos, o funcionan más como metáforas o símbolos que como personajes. La aventura está y se disfruta, pero todo el tiempo queda claro que se trata de un artificio, de una forma de hacer exterior una procesión que sin dudas va por dentro. Sin abstraernos de eso, nos vamos a encontrar con algunas escenas realmente intensas, heavies, algunas más para el lado del terror, otras con un toque más de humor, otras que funcionan más como peripecias. Lo cierto es que el clima onírico, de profunda irrealidad, no es obstáculo para compenetrarnos con la acción, con las cosas fuertes (y a veces revulsivas) que le suceden a Fedora en este mundo extraño.
Al dibujo de Sol Díaz no le sobra mucho. Es correcto, tiene mucha expresividad, se entiende todo, hay una idea bastante lograda de la puesta en página, hay algunas técnicas y recursos muy bien aplicados, pero no es una cosa que impacte por su increíble calidad. Hay dos cosas que, a mi juicio, le juegan un poco en contra. Primero, la decisión de no trazar calles entre una viñeta y otra, sino separarlas sólo con una línea negra, de mediano grosor. Eso es algo que recomiendo hacer a los autores que ya están muy curtidos en esto del relato secuencial, no a los que hacen sus primeras armas. Y lo otro que no me cerró es cómo Sol aplica los grises, con un trazo como de fibrón, que muchas veces se ve precario, o desprolijo. Me doy cuenta que los grises le suman mucho a los climas y a las iluminaciones que sugiere el dibujo, pero me hubiese gustado verlos aplicados de otra manera. En su próxima historieta, me gustaría ver a esta autora jugarse por una sola técnica de entintado y bancarla de punta a punta.
En general, como ópera prima, La Hoja Naranja está bien. Me gusta sobre todo la decisión de volar, de arriesgar, de no quedarse en la autobiografía o el slice of life, que parecen ser una tentación irresistible para toda una camada de jóvenes autores y autoras de nuestro continente. Sol Díaz se animó a explorar un mundo fantástico y a poblarlo de criaturas bizarras y aventuras extremas, que además resultan funcionales a la indagación y el desarrollo del personaje central. Eso es sumamente loable, más allá de los detalles que quedan para corregir en una segunda novela gráfica de esta promesa que tiene hoy el comic trasandino.

viernes, 18 de julio de 2014

18/ 07: DANDOLE VUELTAS

Como te habrás dado cuenta si leés hace un tiempo este blog, estoy en crack con el suizo Frederick Peeters, lo considero uno de los autores más completos y más alucinantes que tiene hoy el Noveno Arte y le compro cualquier cosa que le publiquen, hasta la carpeta de Expresión Plástica de cuarto grado. Hoy, además, Peeters superó una prueba que todo autor debe superar para aspirar al Olimpo: demostrar que, además de romperla en el formato largo, en la novela gráfica o en la serie de varios álbumes, puede dar cátedra también en espacios acotados. No, no me refiero a los containers convertidos en aulas por obra y gracia del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, sino a las historietas cortas. Ese es un terreno ríspido, empinado, en el que más de un grosso puede llegar a derrapar. Peeters, en cambio, reunió en un solo broli 26 historias cortas, realizadas entre 1998 y 2007, y otra vez se fue con una buena nota en el boletín.
Entre los guiones hay varias genialidades, que ya pasaré a subrayar. Pero lo más grosso es verlo a Peeters jugar con el dibujo, trabajar en varios registros muy distintos, probar cosas raras desde la estética, desde las técnicas, incluso desde la puesta en página. Acá hay trabajos en blanco y negro, a color y un par coloreados con una paleta intencionalmente acotada, muy interesante. Hay historietas con mucho texto y otras completamente mudas, hipnóticas pantomimas en las que Peeters narra sin el apoyo de las palabras. Entre los trabajos en blanco y negro hay algunos realizados con pinceladas gruesas y grandes masas de tinta, otros con línea más finita y grises aplicados en el photoshop, algunos más limpios, otros más sobrecargados de texturas, otros más “roñosos”, o más oscuros, algunos con dos cuadros por página y otros con grillas de nueve o de 12 cuadros… El troesma explora un montón de variantes para su siempre atractivo grafismo y no pifia jamás.
¿Y qué onda los guiones? Hay de todo: fumanchereadas inexpugnables, adaptaciones de relatos literarios, historias originales, fragmentos autobiográficos… Por suerte, de esta mezcla ecléctica se pueden rescatar unos cuantos guiones de muy buenos para arriba. Veamos.
La primera historia es cruel y sarcástica, pero funciona muy bien.
La segunda, En Busca de Maradona, es brillante. Y si sos fan del Diego, te va a emocionar como pocas. Es una historieta autobiográfica perfecta, narrada en cuatro páginas memorables.
Otra que me fascinó es Hardy el Semidiós, una historia cautivante, ambientada en Marruecos, que coquetea con el realismo mágico.
Originalísima y conmovedora, El País de la Felicidad es otra historia a la que hay que reivindicar mucho. Es una de las más largas, con 9 páginas de pocas viñetas, y la verdad es que se trata de una joya.
La más larga es Desfase (11 páginas), una historia muy rara, que pega unas volteretas muy impactantes y en la que Peeters adopta un estilo gráfico muy distinto al habitual, más cerca de autores españoles como Javier Olivares o Santiago Sequeiros, combinado con una narrativa 100% tradicional, cristalina. Un experimento loco, pero exitoso.
La Merde también está muy bien. Es casi un chiste largo, con mala leche y un dibujo glorioso.
De las historias mudas, la que más me gustó es Blood & Guts, la de los cavernícolas, contada de a 12 viñetas por página en un estilo también raro, una especie de versión 2.0 del dibujo de Claire Brétecher. Además es muy graciosa y bastante revulsiva. Y la otra maravilla muda es Upside Down, un experimento brillante realizado en siete páginas de 16 viñetas cada una.
De las basadas en relatos pre-existentes, me quedo sin dudarlo con Una Alfombra en Invierno, una historia punzante, atrapante a pesar de que no pasa absolutamente nada.
Y cierro con la más atípica, que más que una historieta es un artículo periodístico dibujado a modo de historieta, en el que el protagonista es el propio Peeters. Acá, el autor juega con la puesta en página mientras nos tira bocha de data acerca de las idas y vueltas de Suiza respecto de la legalización o la despenalización del consumo de drogas. Muy interesante.
En promedio, Dándole Vueltas es un verdadero librazo, no sólo para los fans del ídolo suizo, sino para cualquiera que quiera leer un buen recopilatorio de historietas breves. Y me parece que por este año, no tengo más Frederik Peeters. Igual está muy bien, ya vimos casi todos sus trabajos importantes. Sigo buscando los pocos que me faltan…

jueves, 17 de julio de 2014

17/ 07: SAGA Vol.2

Retomo esta serie hit de Brian K. Vaughan y Fiona Staples luego de una reseña del Vol.1 publicada el 04/11/13 y repleta de conceptos elogiosos. Recomiendo repasar dicha reseña, sobre todo porque ahí está bastante claro lo que me pareció el trabajo de Staples al frente de la faz gráfica y no me quiero repetir.
En cuanto al guión, la movida de Vaughan es arriesgada. Lo que arrancó como una serie con dos protagonistas y tres o cuatro personajes secundarios con cierto peso en la trama, evolucionó rápidamente hacia una serie de protagonismo coral, donde (por lo menos en este tomo) los personajes fundamentales no son menos de ocho o nueve. El guionista, experto en estas lides, cancherísimo siempre en todo lo que tiene que ver con la caracterización y los diálogos, le reserva a cada uno de estos personajes esa secuencia de lucimiento, esa escena en la que la rompe, esos diálogos brillantes. Claro, para que cada uno tenga ese espacio, hace falta ralentizar mucho el relato, y eso es lo único que se le podría criticar a Saga: abarca mucho y aprieta poco.
En esos saltos de una época a otra y de un planeta a otro, Vaughan encuentra las ocasiones para darle onda y sustancia a este vasto elenco. Pero a costa de que la trama central avance poco y nada. Me imagino lo que deben sufrir los pobres pibes que leen Saga en revistitas de 22 páginas (que ni siquiera salen todos los meses). Se deben querer matar, debe ser un sacerdocio peor que ser hincha de Racing. En cada entrega de 22 páginas pasa tan poco, que a veces no llegan siquiera a aparecer Alana y Marko, que supuestamente son los protagonistas. Con habilidad maradoniana, Vaughan abre el juego a otros personajes, explora otras situaciones, incorpora nuevos elementos a la trama y por momentos parece “olvidarse” de la historia troncal. Por supuesto, cuando vuelve lo hace con sacudones grossos, con momentos fuertes, impactantes, que también los hay.
A este ritmo, Saga puede llegar a superar sin esfuerzo la barrera de los 60 episodios (o si preferís, 10 TPBs), que fijó Vaughan para sus obras más famosas, Y: the Last Man y Ex Machina. Lo más loco es que frente a esto uno no dice “y bue… paciencia…”, sino que me ceba mucho la idea de que esto siga mucho más allá de los 60 episodios, porque realmente está buenísimo. Incluso cuando, con 12 episodios ya leídos, sabemos bastante poco acerca de qué rumbo puede tomar la historia de estos fugitivos enamorados y su bebita. Lo que empezó como una especie de “Romeo y Julieta en un mundo tipo Star Wars” ya cobró la suficiente complejidad como para hacerse sumamente impredecible y, por ende, más adictivo de lo que uno podía suponer.
Apoyado en el gran trabajo de desarrollo de personajes, Vaughan está ofreciendo una cátedra de aventura, con ciencia-ficción, magia, rosca política, guerras cósmicas, sexo, chistes zarpados, conceptos elevados y una estructura que por momentos roza la road movie. Todo esto, más el gran desempeño de Fiona Staples en el dibujo y el color, da por resultado un comic realmente excelente, que no se puede empezar a leer en cualquier parte (hay que arrancar sí o sí en el Vol.1), y que refrenda tomo a tomo la promesa de convertirse en un clásico inolvidable, definitivo, fundamental. Habrá más Brian Vaughan en los próximos meses, acá en el blog.

miércoles, 16 de julio de 2014

16/ 07: BARLOVENTO

Hace un par de semanas prometí más Alcatena y acá estoy, con más Alcatena, esta vez también con más Eduardo Mazzitelli, ya que Barlovento es obra de esta prolífica y mega-afianzada dupla de autores argentinos.
A lo largo de estos 13 episodios, Eduardo y Quique nos invitan a compartir el viaje que le cambiará la vida a Ulysses, un joven inglés criado entre lujos y cuidados, que un día se reencontrará con su verdadera filiación, su verdadero legado: Muy temprano en la saga, Ulysses descubrirá que su padre no fue un noble potentado y sofisticado, sino un corsario apodado “Cien Tormentas”, que surcó los océanos a bordo de un galeón pirata y se las vio contra todo tipo de criaturas, villanos y fenómenos meteorológicos. Ulysses abrazará el universo del mar y se lanzará en nuevas aventuras, con rumbos desconocidos, sin más brújula que sus ganas de demostrarle a su padre que él también puede convertirse en una leyenda.
Las aventuras en sí, los conflictos que deberá resolver Ulysses para lograr su objetivo, son muy disímiles entre sí y no todos me emocionaron o me impactaron. Algunos me resultaron más blanditos, o más predecibles. Lo que realmente me sorprendió y me cerró por todos lados es la gran evolución que experimenta el personaje, lo poco que se parece el Ulysses de la página 168 al que inicia el primer episodio. Ese viaje, a la larga, resulta ser el más importante y el mejor timoneado por Mazzitelli.
Quizás ese episodio final necesitaba unas páginas más, para que los dos o tres últimos giros tuvieran más espacio para desarrollarse, pero la verdad es que me gustó ver 14 páginas (en realidad 13, porque cada episodio arranca con una splash sin texto) en la que pasan muchas cosas, sobre todo en una serie como esta, con tanto énfasis en la contemplación y en la reflexión.
Si tenés algo de aventura leída, ni bien te mencionan el mar, empezás a flashear con criaturas imposibles, tesoros ancestrales, islas y continentes perdidos, civilizaciones sumergidas, tempestades tremebundas, piratas mal llevados… y acá te vas a encontrar con todo eso, visto por los ojos maravillados de un muchacho criado en cuna de oro por la aristocracia londinense. Fieles a su estilo, Mazzitelli y Alcatena van a meter también referencias a Moby Dick, al submarino amarillo de los Beatles, a personajes de la mitología griega, incluso al Capitán Morsa, creado por Alcatena en los ´80, en las historietas para chicos que publicaba en Anteojito… El mar es tan vasto que invita al “vale todo” y cuando a Eduardo y a Quique los dejás jugar al “vale todo”, agarrate, porque se lo toman muy en serio.
Por si faltara algo para llevar esta odisea a buen puerto, tenemos (como siempre) a un Alcatena muy afilado en la faz gráfica, muy compenetrado tanto con la fluidez del relato como con los prodigios técnicos que brotan de su plumín y nos hacen golpearnos las mandíbulas contra el piso. En Barlovento hay oscuridad, hay lirismo, hay un montón de técnicas gráficas logradas con pasmosa solvencia, hay homenajes a referentes del dibujo y el grabado de distintas épocas, hay rigor histórico en la reconstrucción de esa Londres del Siglo XVII, pero sobre todo hay imaginación, vuelo, fantasía en estado puro. Si sos de los muchos que siguen a Alcatena obra tras obra, ya sabés más o menos con qué niveles de genialidad te vas a encontrar, y sabés lo ilógico que resulta que todas estas páginas tan cargadas de belleza y virtuosismo aparezcan sólo en una antología italiana y en reediciones argentinas gestadas por sellos chiquitos, con baja tirada y cero publicidad.
Y si bien es modesta y prescinde por completo de lujos y firuletes, la edición argentina de Barlovento es correcta, sin errores, aunque sumaría mucho un mínimo texto que nos cuente cuándo se realizó esta historieta y dónde se publicó antes de ser recopilada en libro. Barlovento te invita a navegar en océanos de fantasía, talento y tinta, y si los timoneles son Mazzitelli y Alcatena, ya sabés que el mapamundi no alcanza para trazar el itinerario, porque estamos ante dos especialistas en llevar la aventura mucho más allá de lo imaginable.

martes, 15 de julio de 2014

15/ 07: ¡A TODO VOLUMEN, BRUNO!

Hora de reencontrarme con el maestro francés Baru, que me voló la cabeza con 120 páginas realmente brillantes.
Me va a quedar corta la reseña, porque no quiero contar nada del argumento. Simplemente dejar sentado que se trata de una aventura con bastante humor negro, una magnífica mala leche, tiros, piñas y explosiones. También que hay personajes muy bien desarrollados, que todo es muy creíble, y que por atrás de la trama más o menos policial (porque el rol de la policía es chiquito), Baru encuentra espacio para hablar del futbol y los negocios que lo rodean (tema del cual algo habrás escuchado decir en estos días) y de las penurias que sufren los africanos que deciden emigrar a Francia en busca de un futuro mejor. O sea que podríamos definir a esta novela (editada en Francia en 2010) como una comedia negra de acción, crímenes, futbol y denuncia social.
Y por supuesto la definición no le haría justicia a lo bien que la pasás ni a lo mucho que te divertís cuando te sumergís en estas páginas. Lo único que le falta a la novela es algún personaje femenino fuerte, que no hay. Todo lo demás está y es impactante, original, gracioso, irónico, grotesco y fértil para el debate y la reflexión. Una verdadera obra maestra de este autor fundamental, lamentablemente poco conocido de este lado del Atlántico.
Del dibujo de Baru ya hablé bastante cuando me tocó reseñar Negro (allá por el 14/04/12), pero acá todo cambia bastante porque en este trabajo el maestro incorpora el color. Un color muy francés, sutil, trabajado con acuarelas, o con un efecto de photoshop que remite a la acuarela. Para que esta herramienta cobre relieve, Baru recurre a un trazo más finito, por momentos más similar al de Miguelanxo Prado, sin esos contrastes fuertes entre masas negras y espacios blancos que tan bien maneja. Tanto el dibujo como el color están pensados para darle expresividad y onda a los personajes y para acentuar los climas que propone el guión. Sin estridencias ni grandes despliegues de virtuosismo, Baru logra una faz gráfica sin fisuras, 100% al servicio del relato y a la vez muy propia, con rasgos fuertes que nos permiten identificar enseguida a la mano mágica del autor de Negro y La Autopista del Sol, entre otros hitos.
La edición de Astiberri es muy linda, con tapa dura y en un formato que me encanta, y sospecho que no debe ser barata. Pero la verdad es que vale mucho la pena, porque ¡A Todo Volumen, Bruno! está muy cerca de arañar la categoría de Historieta Perfecta.

lunes, 14 de julio de 2014

14/ 07: G.I. COMBAT Vol.1

Este fue un título raro del New 52, que compró muy poca gente y duró apenas ocho números. Yo entré un poco para ver qué onda, cómo intentaba DC reformular un puñado de viejos conceptos que habían surgido en sus clásicas revistas de guerra, y un poco por la presencia de algunos autores de los que rara vez me defraudan. Básicamente, el TPB reúne tres historietas muy distintas entre sí, cada una de entre 60 y 70 páginas, a veces con los cambios de capítulo muy marcados (con cliffhangers jodidos) y a veces no. Veamos con qué me encontré.
La primera es un revival de The War that Time Forgot, y no tengo idea qué tanto del concepto original se conserva, porque jamás me animé a leer esa serie, ni siquiera cuando Bruce Jones la reformuló allá por el 2008 o 2009. En esta versión, el guionista J.T. Krul se juega mucho al impacto, a los cheap thrills, y no se preocupa demasiado por explicar nada. Hay un intento tibio por darle profundidad a los dos protagonistas, pero en tan pocas páginas, y condicionado por la preponderancia de la aventura, es casi imposible. La faz gráfica está a cargo del maestro argento Ariel Olivetti, que se esfuerza por darle onda y plasticidad a los personajes. La narrativa está bastante cuidada y los fondos son fotos apenas retocadas. Lo más lindo son las criaturas prehistóricas, algo que creo que Olivetti nunca había dibujado y que le salen demasiado bien.
En la segunda saga, Jimmy Palmiotti y Justin Grey, la dupla insumergible de Jonah Hex, se larga a ofrecernos una nueva versión del Unknown Soldier, que no tiene nada que ver con la que nos mostró Joshua Dysart en la serie de Vertigo. El guión tiene buenas intenciones, mucho ritmo y una trama bien pensada, aunque se desinfla un poco cuando el Soldier zafa de peligros demasiado extremos, en escenas que hacen añicos el verosímil. En el dibujo tenemos a un sorprendente Dan Panosian, muy suelto, muy expresivo, con un entintado zarpado, mucho laburo en los fondos y un gran manejo de las tramas mecánicas. Cerca del final lo reemplaza Staz Johnson, que tiene mucha menos onda y muchas menos ganas de dibujar fondos que Panosian.
Finalmente, el mejor de los tres revivals terminó por ser el de The Haunted Tank (me clavé un Showcase con bocha de episodios clásicos allá por el 16/03/11), a cargo de Peter Tomasi. Por ahí la historia no es genial, pero se apoya en el hallazgo de no tomarse a sí misma demasiado en serio y en hacer énfasis en el hecho bizarro de que se trata de un tanque embrujado. En el contrapunto con la racionalidad de algunos personajes, Tomasi logra buenos diálogos y un clima de “abrí grandes los ojos porque acá puede pasar cualquier cosa”. Y cuando pactás, cuando esa consigna te cierra, te divertís con las limaduras que manda el guionista. Lógicamente, este es el segmento mejor dibujado, porque me encuentro una vez más con el incansable maestro Howard Chaykin. Es cierto: acá Chaykin se apoya muchísimo en el colorista Jesus Aburtov (excelente, por donde se lo mire) y en un descomunal trabajo de toqueteo de la referencia fotográfica para integrarla a su grafismo y zafar de dibujar… prácticamente todo. Estos son personajes muy de Chaykin, habitando un mundo que de Chaykin tiene poco, que se parece mucho más al mundo real que a una historieta del maestro. De todos modos, hay un gran laburo para que la amalgama visual funcione. Y como siempre, grandes hallazgos en la planificación de las páginas, como esa secuencia en la que el talibán escapa del tanque disparando hacia atrás.
No estamos ni por casualidad frente a un libro imprescindible, pero el balance general es bastante aceptable. Si te gustan los personajes bélicos de DC, no creo que te aburras. Y si sos fan de Gray y Palmiotti, o de Peter Tomasi, o si venerás incondicionalmente a Ariel Olivetti o a Howard Chaykin, acá los vas a ver en un buen nivel, cagándose a tiros contra un género inusual, poco transitado por el mainstream actual, y a la vez bastante idóneo para intentar cosas que en los comics de superhéroes no se pueden hacer. “Make War No More”, como decían las viejas historietas de guerra del maestro Joe Kubert.

domingo, 13 de julio de 2014

13/ 07: ALIENIGENA

Hoy es como que todo importa poco, porque tenemos los cinco sentidos puestos en lo que está por suceder en el Maracaná. Pero bueno, esto es así.
Hoy tenemos otra historieta originada en las páginas de la revista Comic.ar, luego reunida en un librito breve, con sólo 45 páginas de historieta. Se trata de Alienígena, una obra de Alejo Valdearena y Diego Greco, a quienes ya vimos colaborar en otra historieta de tono humorístico allá por el 19/05/13. Alienígena no se centra tanto en los gags como Tiburcio, sino que busca afianzarse en un tono de comedia, que le permita matizar un cierto trasfondo de “aventura”, o por lo menos de un conflicto un poquito más espeso. Por momentos, Alienígena tiene una onda sitcom, no para el lado de 4 Segundos, pero tampoco a años luz.
Básicamente, Alejo y Greco nos contarán la historia de Zaz, un chico hijo de alienígenas que vive en nuestro planeta y que tiene que sumarse a un nuevo colegio secundario, justo cuando su cuerpo sufre una transformación bizarra, típica entre los zongorianos, pero inquietante para los terrícolas. Vimos cosas parecidas en muchas películas yankis, así que la verdad es que las sorpresas no son tantas. Hay un buen desarrollo del protagonista, una especie de aventura divertida, varios chistes ingeniosos (marca de fábrica de Valdearena) y no sé si mucho más. Le falta por ahí definirse un toque, ser un poco más picaresca, ir más al filo de la grosería, o agarrar para el otro lado y ser más comedia de Disney, más limpito, más familiero. En ese tono intermedio es donde Alienígena adolece de una cierta inconsistencia.
El mejor dibujo de Greco es el de la portada, que es donde utiliza un trazo más similar al que vimos en Tiburcio. Adentro, en las tiras, Greco se vuelca por una línea más finita, no tan caricaturesca, que juega mucho para el lucimiento del color, pero a la que le falta peso gráfico. Ojo, se ve todo MUY lindo, pero me quedo con lo visto en Tiburcio, con ese trazo más grueso, más fuerte, más Cartoon Network, si se quiere. Por supuesto lo que más llama la atención y lo que más se disfruta es la expresividad que Greco le pone a los personajes, esa onda, esa gracia que sorprende sobre todo cuando uno ve los trabajos de Greco en su otro estilo, ese más realista, más académico, más oscuro, más pensado para la machaca heroica. Y también hay que destacar la narrativa, que está muy cuidada, y la elcción de los planos, sobre todo cuando Greco se las tiene que ingeniar para no mostrarnos nunca qué corno es “el pimpollo” que le sale a Zaz en la cabeza.
Si sos fan de Alejo Valdearena, o de Diego Greco, seguro que este librito te va a gustar. Si leíste esta tira en la Comic.ar y te gustó, obviamente no dejes de comprarte el librito. Si estás buscando la nueva joya de la historieta argentina, la verdad que no, que acá no la vas a encontrar. Pero para pasar un lindo rato, e incluso para quedar como un duque con algún pibe de 10 a 13 años, está buenísimo.

sábado, 12 de julio de 2014

12/ 07: BAKUMAN Vol.5

Esta serie ya logró, con sólo cinco tomos, algo que parecía imposible. Me olvidé de Death Note, me chupa un huevo Death Note y me limpio el orto con Kira, L, Light y sus histeriqueos ajedrecísticos. Bakuman es la vida, es la onda, es el humor, es un container de data impresionante sobre el backstage del mundo del manga, que Tsugumi Ohba y Takeshi Obata nos vuelcan encima en una fiesta alucinante de emoción y diversión.
Vuelvo sobre algo que ya dije: lo único que no me cierra, lo que le suma conflictos pero le resta demasiada verosimilitud a la obra, es el hecho de que Takagi y Mashiro tengan 16 años y estén en plena cursada de la secundaria. Entiendo por qué los autores toman esa decisión, pero no la puedo compartir. Esto mismo, con chicos de 20 años, tendría más sentido, o se vería menos forzado. A pesar del lastre que significa contarnos (casi) en paralelo el avance de estos dos chicos por la carrera de mangakas profesionales y los estudios secundarios, Bakuman va para adelante como una locomotora y no se detiene en giladas innecesarias. Todo el tiempo pasan cosas, la evolución en estos cinco tomos es muy, muy palpable y todo permite suponer que el techo de estos dos chicos (y de esta serie) todavía está muy lejos.
La maravillosa experiencia de lectura que ofrece Bakuman está sostenida sobre dos pilares. Por un lado, el trabajo brillante en la caracterización de una docena de personajes relevantes. Y por el otro (y por sobre todo) lo que mencionaba antes acerca de la masa de información que brinda esta serie sobre cómo se hace manga en una antología semanal de primera línea como el Shonen Jump. Acá está todo. La cocina, la rosca, la estrategia, la burocracia, la competencia, la camaradería, la explicación para los volantazos medio extraños que a veces pegan los mangas. Para la segunda mitad de este tomo, el conflicto central deja de ser “los chicos quieren ser mangakas profesionales” y pasa a ser “los chicos tratan de bancar una serie atípica sin tener que recurrir a la machaca absurda para zafar de la cancelación”. Lo cual grafica muy bien esa tensión que debe existir en el seno de estas taquilleras antologías entre el material más mainstream, más pochoclero, y las series o los autores que encaran otras búsquedas, otros géneros, o incluso otras estéticas.
El camino del mangaka hacia la cima es largo y duro, lleno de vericuetos inesperados, y ni siquiera hay grandes chances de ganar buena guita hasta que lleguen los tomos recopilatorios o (en el mejor de los casos) el animé. Mientras tanto, hay que remarla, y en eso están Takagi y Mashiro, pero también otros jóvenes autores a los que ya habíamos conocido en los tomos anteriores y que ahora se acercan también al sueño de la serie propia. Todo esto, contado con mucho humor, con grandes diálogos, con un desparpajo muy bienvenido y con la picardía, la viveza, el timing que hace falta para crear suspenso y dramatismo a partir de situaciones tan mundanas como una reunión con el coordinador, o un viaje en remis a una fiesta organizada por la editorial. Y acá queda claro para qué sirve esa decisión tan extrema de tener por protagonistas a pibes en la Edad del Pavo: todas estas situaciones para ellos son nuevas, son inmensas, son un viaje iniciático increíble, que no deja margen para el cinismo ni para la especulación. Todo es genial, todo es maravilloso, todo late más fuerte que nunca y todo se disfruta o se sufre a todo o nada, sin filtro. Por eso Bakuman resulta un manga tan fresco, tan lleno de vida y de onda.
Y por supuesto, no se puede cerrar la reseña sin la habitual ovación para el maestro Obata, que se luce en el lenguaje facial y corporal de los personajes y se banca como un duque páginas y viñetas muy cargadas de texto, sin que se hagan aburridas ni atenten contra el ritmo ágil y atrapante de la serie. Al editarse en tomos chiquitos, a veces los diálogos se imprimen en una tipografía microscópica, que nos hace evaluar a los más veteranos la posibilidad de ir al oculista y pedirle que nos recete lentes de aumento. Pero la verdad, los diálogos son tan divertidos (y ahí hay mérito de la traductora Nathalia Ferreyra) que vale la pena dejar las retinas en cada viñeta.
Voy por el Vol.5, hace poquito salió el Vol.6 y espero que esto siga así hasta el Vol.20. Nunca me había embarcado en un manga de 20 tomos, pero a raíz de la chapa de Death Note, decidí darle la oportunidad a Bakuman y hasta ahora garpó con creces. Si amás al manga, subite ya a esta joya con la que (de vez en cuando) Ivrea jerarquiza las bateas de nuestras comiquerías.

viernes, 11 de julio de 2014

11/ 07: RASHOMON

Al glorioso valenciano Víctor Santos se le ocurrió una idea brillante: tomar relatos de crímenes surgidos en el Japón feudal y recontarlos en clave de policial noir, con mucho clima de novela detectivesca de los años ´40. En los cuentos de Ryonosuke Akutagawa, este autor fetiche del blog encontró espacio para meter un personaje más, de su propia creación: el comisario Heigo Kobayashi, quien llevará adelante la investigación en cada uno de los casos. Bah, en este caso, que hasta ahora es el único que existe. Ojalá en el futuro este sea recordado como el Vol.1 de Los Casos del Comisario Kobayashi.
A lo largo de las 80 páginas de Rashomon, Santos desarrolla un misterio centrado en la muerte de un hombre cuyo cadáver aparece en un bosque. ¿Asesinato, suicidio, accidente? ¿Qué pasó ahí? Los testimonios son contradictorios y el comisario Kobayashi va a tener que agotar sus recursos para resolver el caso. Como en todo policial noir, habrá mentiras, conspiraciones, femme fatales y un plus, un más allá al que se arriesga Santos, que es un elemento fantástico, que felizmente no desentona en lo más mínimo con el clima que propone la historia.
No quiero ahondar mucho en la trama, porque al ser un misterio, cualquier dato que brinde la reseña puede funcionar como spoiler y cagarte la sorprendente resolución. Me va a quedar un texto corto, pero bueno, ya es hora de centrarme en lo más zarpado, lo más alucinante que tiene Rashomon, que es el dibujo. Por fin llegó, y ojalá persista durante décadas, un upgrade tremendo para la estética que hace más de 20 años Frank Miller desarrolló para Sin City e incluso para la que Mike Mignola peló en sus trabajos más personales. Víctor Santos combina su impronta personal con la de estos dos monstruos norteamericanos (casualmente uno que estudió mucho la historieta argentina y uno que entiende como pocos a los maestros europeos) y el resultado es un estilo nuevo, más visceral, más impactante, de una fuerza plástica devastadora. Santos la rompe en el claroscuro, en los detalles logrados con un trazo muy finito, en las manchas negras que por momentos inundan la página, en las expresiones de los rostros y además logra efectos de iluminación asombrosos, no heredados de nadie sino producto de su investigación, de los riesgos que asume.
Y hablando de riesgos, de las cosas que hace Santos en este libro y yo jamás había visto a nadie hacer en mi vida, son esas dos doble splash-pages compuestas por distintas imágenes en las que el caballero muerto recuerda el garche entre el bandido y la dama. Son cuatro páginas perfectas, calientes, con la hiper-expresividad al palo, que deberían usarse en las escuelas de historieta para ejemplificar cómo se planifica el espacio, cómo se trabaja la imagen en el contexto del equilibrio extremo entre blancos y negros. Todo el tema de la espacialidad está muy pensado por Santos, quien evidentemente estudió también el dibujo y el grabado japonés de este período histórico, y encontró esa forma (que ya habíamos visto en Sergio Toppi, por ejemplo) de dejar mucho blanco en algunas páginas y mucho negro en otras y que esto cumpla una función narrativa, que sirva para sustentar o resaltar algo de lo que el guión nos está proponiendo.
Después de detonarnos las retinas con varios hard boiled clásicos y de haber probado sobradamente su solvencia en la fantasía épica cuando se metió con la mitología nórdica, ahora Santos se interna en territorio japonés, a recrear la magia de los relatos de samurais, sin repetir y sin soplar las fórmulas de Hiroshi Hirata, Goseki Kojima y familia. Evidentemente no hay límites para este virtuoso de la narrativa gráfica, al que le sobran los argumentos para seguir cosechando fans en todos los países donde publica. Y en esa tónica… no estaría mal que se empezaran a publicar en Argentina los trabajos de Víctor Santos, no?

jueves, 10 de julio de 2014

10/ 07: CAPTAIN AMERICA: PRISONER OF WAR

Este es un momento muy loco y muy raro para leer Captain America, porque justo coincide con el momento en que NO HAY un Captain America. Steve Rogers es el Super Soldier, capo máximo de SHIELD y del resto de las fuerzas de seguridad de los EEUU, y Bucky está preso en Siberia, condenado por los malditos rusos para los que trabajó involuntariamente durante décadas. Este tomo, además, podría considerarse “el final” de la primera y extensa etapa de Ed Brubaker al frente de esta serie.
Arrancamos con una historia tomada de aquel zarpado número 616, el del festejo de los 70 años del Capi. Tiene sólo 16 páginas (muy bien dibujadas por Ed McGuiness) y es la típica historia de “recapitulación”, la que pasa en limpio lo más importante en la larga historia del personaje, pensada sobre todo para los que se enganchan con él por primera vez. Por supuesto condimentada con el dilema de Rogers, que se debate entre volver o no volver a la máscara y el escudo. Ya vuelvo con lo que va a ser la saga central de este tomo, pero primero quiero repasar el resto de las historias cortas de esa antología-aniversario.
El maestro Howard Chaykin escribe y dibuja una de 14 páginas que tiene un solo giro interesante. El resto es bastante predecible, se ajusta bastante a la fórmula clásica, y si la aplaudimos es por algunos diálogos y por el trabajo de Chaykin al frente de la faz gráfica, que es espectacular, con un excelente laburo para convertir la referencia fotográfica en fondos sin que parezca choreo, y con los maravillosos colores de Edgar Delgado. La de Cullen Bunn y Jason Latour no me dijo demasiado y, de nuevo, se puede rescatar por el dibujo, que está muy bien. El ídolo británico Paul Grist forma equipo con un tal Mike Benson, para una historia ambientada en la Segunda Guerra, bastante sosa a pesar de las apariciones de los Invaders y el Baron Blood. El dibujo de Grist no baja nunca de los 10 puntos, pero contrasta bastante con el clima que el guionista le quiere dar al relato. Por ahí quedaba mejor dibujado en otro estilo. En apenas 12 páginas, me sorprendió muy gratamente Frank Tieri, con un guión sencillamente brillante. El dibujo de Paul Azaceta acompaña sin desentonar, pero no tiene ni en pedo la genialidad del guión. Y cierro con otra ambientada en la guerra, un team-up con Union Jack bastante anodino, con machaca contra los nazis y no mucho más. El dibujante, Pepe Larraz (¿será pariente de José Ramón Larraz?), es un clon muy digno de Carlos Pacheco, al que le puede ir bien.
Y ahora sí, vamos al núcleo el asunto, a un arco titulado Gulag, que ocupa la mayor parte de este libro. Son unas 110 páginas en las que Brubaker se centra en la ordalía de Bucky, preso en una cárcel tremenda en plena Siberia, y en los esfuerzos de sus amigos por ayudarlo a liberarse sin crear un incidente internacional. Steve, como miembro del gobierno de los EEUU, tiene las manos atadas y está forzado a cumplir un rol menor, que de hecho debiera ocupar menos páginas de las que ocupa. Y la que finalmente investigará, juntará armas y coraje y diseñará el plan para sacar a Bucky del infierno, será Black Widow, acá con infinita chapa. Mientras llegan en su auxilio, Bucky cobrará y repartirá de lo lindo, en secuencias terriblemente violentas, al punto de que resulte completamente inverosímil que el otrora sidekick del Capi llegue vivo al final de la historia. Gulag es una saga sórdida, mugrienta, sanguinaria, enchastrada por roscas espurias, traiciones y algunas de las peleas más truculentas que recuerdo haber visto en un comic de mainstream.
La mayoría de las páginas están a cargo de un Butch Guice muy inspirado, muy realista, muy dark, con un gran manejo de la referencia fotográfica y muchos hallazgos en la puesta en página. También hay unas cuantas páginas (sobre todo las que transcurren en EEUU) dibujadas por el gran Chris Samnee y un puñado (no llegan a 25) a cargo de Mike Deodato, que no está ni lejos de su peor nivel, pero sigue sin gustarme.
¿Una serie del Capi América en la que NADIE es el Capi América? Pinta interesantísimo. Pero claro, estamos en 2011, poco antes de la primera película del Capi y era obvio que para coincidir con el estreno, se venía un relanzamiento de la serie, que terminó por convertirse en TRES: una ambientada en la Segunda Guerra Mundial (CA & Bucky) y dos en el presente, Captain America y Winter Soldier. En el arranque, el maestro Brubaker tomó las riendas de las tres, y después las fue dejando en otras manos menos competentes. Con discutible criterio, yo elegí seguir comprando CA & Bucky, de la que ya tengo los dos recopilatorios que me interesan. Después, sin Brubaker y con otros personajes invitados, que te la compre Garompo.