el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 27 de agosto de 2015

27/ 08: MEZEK

Estoy cansadísimo y dormidísimo, pero saco fuerzas de donde no hay para reseñar esta hermosa novela gráfica de los maestros franceses Yann (no confundir con Yoann) y André Juillard.
Lo primero que me interesó es la ambientación: Israel, 1948. Un país nuevo, creado “por decreto” y atacado por casi todos sus vecinos, necesita armar una fuerza aérea pero no tiene pilotos ni aviones. Yann nos cuenta cómo los jóvenes pilotos israelíes se entrenan en Italia, mientras Israel contrata a aviadores mercenarios de otros países que sepan pilotear los poco aviones de guerra que logran conseguir. Checoslovaquia les vende de keruza unos cuantos Mezek (apodados “las mulas” o “ataúdes con alas” ) y un grupito de pilotos yankis y europeos se ofrecen a combatir a bordo de esos aviones bastante precarios contra los iracundos vecinos árabes que quieren terminar el trabajo sucio de Hitler y exterminar a los judíos antes de que logren asentarse del todo en su territorio. Primera vez que me encuentro con una ficción situada en ese contexto histórico, que obviamente ofrece muchísimo jugo.
La trama está muy bien, con secretos que se revelan en el momento justo, con el pasado del protagonista como fuente de misterios y suspicacias, y con unas cuantas (y muy logradas) escenas de acción. Quizás lo que hace un poco de ruido es que, a 16 páginas del final, Yann parece arrancar con una nueva historia, con una “aventura dentro de la aventura” que por su complejidad bien podría haber sido un álbum aparte de este, con 48 páginas dedicadas a explorar el conflicto y resolverlo. Finalmente, esa “segunda aventura” (cuyo principal atractivo es el dilema moral que le plantea a los protagonistas) se resuelve en muy pocas páginas, muy cargadas de texto, en las que los diálogos terminan por explicar buena parte de lo que sucede. Y el resto de las páginas se las lleva un epílogo muy emotivo, con un par de giros que jamás te ves venir.
No quiero contar mucho más, pero Mezek es un comic bélico atípico, con mucho desarrollo de personajes, tintes románticos, rosca política y misterios profundos. El guión está muy bien documentado, a tal punto que cualquier cosa que nos cuente Yann nos va a parecer verosímil. Y las sorpresas y los giros impredecibles no son puro impacto, sino que le suman coherencia y polenta a este notable desarrollo de personajes.
El dibujo de Juillard nunca baja de majestuoso, aunque claro, nunca renuncia a esa impronta fría y distante. Sus mejores momentos en esta obra tienen que ver con las escenas oníricas, lo cual es bastante paradójico si pensamos lo mucho que se esforzó Juillard para documentarse a full y reproducir a la perfección armas, uniformes y aviones de las milicias israelíes de aquella época.
En síntesis, estamos frente a un muy buen trabajo, muy beneficiado por el hecho de ser un tomo unitario, en el que Yann y Juillard rompen las reglas de la historieta bélica para plantearnos conflictos muy humanos, que nos hacen sentir muy cerca de los personajes aunque nunca hayamos tripulado un Mezek, un Messerschmitt o un Spitfire sobre los cielos de Medio Oriente.

miércoles, 26 de agosto de 2015

26/ 08: LA SUDESTADA

Ufff… Desde que salió este libro, allá por Marzo, que no dejo de leer y escuchar críticas tremendamente favorables. Por eso le entré con expectativas muy altas, a ver si realmente estábamos frente a una obra maestra o si se había “puesto de moda” inflar un poco a esta novela gráfica de Juan Sáenz Valiente. Y no, no la inflaron en lo más mínimo. Es una verdadera joya de la historieta argentina, una obra que sin dudas merece entrar en la historia grande de nuestro Noveno Arte.
Paso a paso, con un ritmo cautivante, Sáenz Valiente urde una trama brillante, sostenida en el suspenso y en una construcción de personajes digna de los grandes guionistas de todos los tiempos. Creo que lo mejor que tiene La Sudestada es esa combinación entre el misterio elaborado, sofisticado, para nada predecible, con esas escenas más prosaicas, más cotidianas, más de camiseta y pantuflas. Y claro, lo más difícil es armar un personaje que se pueda mover con fluidez en esos dos ámbitos, algo que Juan logra a la perfección con la creación de Jorge Villafañez, un personaje complejo, fascinante, al que uno ama, odia, banca y hasta siente que lo conoce de toda la vida.
Hay muchísimos momentos geniales en La Sudestada, y me quedo con uno: cuando Elvira reacciona después del desmayo, queda cara a cara con Jorge, lo mira y le dice “¿quién es usted?”. Ahí Juan te clava dos viñetas mudas, para acentuar la pausa. Es un punto clave, decisivo, ese en el que si esto fuera un programa de TV, te mandarían el “inicio de espacio publicitario”. Y está puesto a proósito en una página impar, para prolongar el suspenso esos segundos que tardás en dar vuelta la página. Yo cerré el libro ahí, en la página 69. Fue todo tan grosso, me movilizó tanto, que tuve que parar y retomar en otro momento. Pero las escenas inolvidables del libro son muchas, de verdad.
El dibujo de Sáenz Valiente es una belleza. Tiene una forma muy personal de reflejar el mundo real, que parece apartarse del estilo académico y aún así transmitir mucha más sensación de realismo que los dibujantes que están más pendientes de la foto. Juan también mira fotos, pero las pasa por el cristal de su visión personal del mundo y le agrega sutileza, expresividad, cercanía y cierto tinte decadente. Esta vez, además de brillar en los paisajes urbanos (basados en una Buenos Aires perfectamente reconocible), Sáenz Valiente la rompe cuando dibuja las arboledas del Tigre, el río y las cabañas.
La narrativa es excelente y le permite a Juan brillar en todo su esplendor en unas cuantas escenas mudas que te ponen los pelos de punta. Cuando el autor planificó esta novela (pensando en un editor francés que finalmente se echó atrás), La Sudestada tenía color. Cuando decidió publicarla primero en Argentina, decidió que el color no lo conformaba y la reversionó para blanco, negro y grises. La verdad que se ve espectacular, pero Juan colorea tan bien, que no estaría mal publicar (más adelante, cuando se agote esta edición) la versión a todo color.
La Sudestada es una historieta FUNDAMENTAL. Si hasta ahora Sáenz Valiente había brillado grosso de la mano de Carlos Trillo, de Pablo De Santis y bastante menos en sus trabajos solistas, ahora se dio vuelta la tortilla. Esta es su obra definitiva, la más notable de su impactante carrera artística. Climas atrapantes, diálogos afiladísimos, silencios devastadores y situaciones de enorme originalidad adornan una trama redondísima, que se guarda sorpresas hasta la última página, y que encima está dibujada como la hiper-concha de Dios por un virtuoso, un monstruo, quizás el más sólido de los autores argentinos de menos de 35 años. Esto es papa increíblemente fina y –no te quepa duda- está destinada a levantar premios en carretilla. Ovación de pie para Juan Sáenz Valiente.

martes, 25 de agosto de 2015

25/ 08: FF Vol.2

Una de cal y una de arena. La breve etapa de Matt Fraction en Fantastic Four terminó medio cuesta abajo en la rodada, pero en la otra serie, en FF, la grossitud se mantuvo hasta el final y en este tomo vemos lo mejor de una colección que, si hay justicia en el mundo, va a ser recordada durante muchos años por su increíble onda y su superlativa calidad.
Como en Fantastic Four, los últimos cuatro episodios componen una saga grossa. De hecho es LA MISMA saga grossa (con Dr. Doom, Annihilus y una especie de Kang), pero vista totalmente desde otra óptica. La diferencias es que los otros cuatro episodios no son exactamente historias cerraditas y casi autoconclusivas. La primera sí, parece estar pensada como un unitario, aunque le sirve a Fraction para retomar a un personaje que ya había aparecido en Fantastic Four y sumarlo al elenco de esta serie. Y el episodio en el mundo de Impossible Man también tiene cierta estructura de unitario, aunque después tendrá mucho más sentido leerlo como parte del build-up hacia la saga final. El resto del tomo es eso: build-up hacia el conflicto a todo o nada con el que va a terminar la serie.
Por momentos parece que todo está estirado medio al pedo, pero Fraction nos bombardea constantemente con ideas geniales, con toques interesantísimos en la caracterización y diálogos formidables. Cuando Fraction se empieza a despedir, se hace cargo del guión Lee Allred, el hermano de Mike Allred, que mantiene los diálogos en un gran nivel. Entre los dos, le pegan vueltas de tuerca magníficas a Ant-Man, al Dr. Doom, a Maximus, al Watcher, e incluso a un personaje siempre menor como era Ravenna, la “novia” de Kang, de la que nos tiran data sumamente inquietante. Se puede criticar que Medusa, She-Hulk y Darla están casi de decorado, porque ninguno de los conflictos importantes las afectan. Pero suman a la hora de los diálogos graciosos y además Ant-Man solo al frente de todos los chicos de la FF no resultaba creíble.
El final es excelente, intenso, emotivo, con peleas zarpadas, revelaciones impactantes, detalles ingeniosos (como la aparición de los HeroClix) y un esfuerzo muy loable para que si sólo leías FF pudieras entender todo, sin necesidad de comprarte los números de Fantastic Four que también son parte de esta saga. Incluso dos personajes que durante toda la era Fraction son parte de Fantastic Four (Franklin y Valeria) tienen sus mejores escenas acá, en el final de FF. El epílogo comparte algunas páginas con el que vimos en el Vol.3 de Fantastic Four y está compuesto básicamente de escenas emotivas y diálogos cómicos, casi al nivel de la Justice League de Giffen y DeMatteis. Así que estamos ante un TPB que uno no quiere que se termine nunca.
Por supuesto, uno de los principales animadores de esta fiesta es el dibujo. Joe Quiñones la rompe en su propio estilo en el primer unitario y se camufla bajo las tintas de Mike Allred en el epílogo. Y Allred brilla en todo el resto del tomo con la jerarquía a la que ya nos tiene acostumbrados. Allred despliega un hallazgo atrás de otro en materia de puesta en página y hasta se ajusta a grillas muy estrictas cuando el ritmo del relato así lo requiere. Deja la vida en los fondos, en las escenas en las que aparecen multitudes de personajes y en ese clima que él tan bien maneja, mitad extraño y retorcido, mitad jodón y distendido. Por supuesto, su esposa Laura lo colorea como los dioses.
Si no sos muy fan de Fantastic Four pero te copa Allred, entrale a FF casi como si fuera un comic de autor y dejate llevar por el groove gráfico del creador de Madman. Si sos fan del Matt Fraction más loco, más experimental (el de Casanova, digamos), esto te va a encantar. Y si te enganchaste con Scott Lang a raíz de la peli de Ant-Man, acá lo vas a ver en un rol interesantísimo, con mucha profundidad, mucho desarrollo y una chapa cuasi-infinita. Así como los Fantastic Four de Fraction me dejaron con cierto gusto a poco, sus FF me dejaron pipón-pipón, como si me hubiera clavado una suprema a la suiza y un flan con dulce en El Salteño. ´Nuff said!

lunes, 24 de agosto de 2015

24/ 08: ADOLF Vol.2

Bue, obviamente no me acordaba nada de lo que pasa en este tomo. Y peor todavía, no me gustó para nada. El primer tomo estaba muy bien equilibrado entre las desventuras de Toge en Berlín y toda la trama de los dos chicos llamados Adolf, que transcurría en Japón. Esta vez la trama que involucra a Toge se desplaza a Japón, uno de los jóvenes Adolf se desplaza a Berlín y del otro, ni noticias. Además, el tramo que transcurre en Berlín, con Adolf Kaufmann como protagonista, dura apenas 17 páginas… y ni siquiera el joven hijo de un alemán y una japonesa es el verdadero protagonista, porque entra en escena otro Adolf, un tal Hitler, y obviamente lo eclipsa por completo.
Todo el resto del tomo se centra en el pobre Toge, que no la pasa mejor en Japón que en Berlín. De nuevo lo cagan a palos, lo torturan, confía en gente que lo delata, lo persiguen, lo marginan, lo vuelven loco, le hacen un Born Again mil veces peor que el que le hizo el Kingpin a Daredevil. ¿Todo para qué? Para que entregue los documentos que Toge no piensa entregar ni por todo el oro del mundo, porque cree que su hermano murió para protegerlos y se va a encargar de sacarlos a la luz. Si logra conservarlos.
Ese parece ser el conflicto central de este tramo de Adolf: las cosas que hace Toge para no perder los documentos. Cuando los pierde, recorre tierra, mar y hasta fuego para recuperarlos. Cuando se los tratan de comprar, no transa. Cuando se los roban, los recupera… y así. Decenas de páginas que giran en torno a lo mismo: peripecias extremas en las que Toge sufre como un condenado con tal de no separarse de ese sobre con papeles. Llega un punto en que todo es tan tremendo, tan al límite, que en vez de desesperarte te empieza a causar gracia. Porque ya es cualquiera. Toge sobrevive a torturas, golpizas, caídas, naufragios, incendios… le falta pagar la entrada para ir a un Animate de los que organizaba Muñones, nada más. Lo cierto es que sostener la tensión dramática casi exclusivamente en las desventuras de Toge es algo que resistía… 50 páginas, como mucho. No 200. Por eso está bueno el tramo en el que el protagonismo se desplaza un poco hacia Yukie, la mamá japonesa de Adolf Kaufmann. Pero dura poco: rápidamente volvemos a Toge y su cacería de los documentos, o a los villanos y su cacería de Toge.
En fin… un pasaje sumamente prescindible de la saga de Adolf. Que obviamente zafa del bochorno porque el dibujo está buenísimo. Ah, no mencioné que tanto el guión como el dibujo son obra de Osamu Tezuka, el Dios del Manga. No, la portada no. La portada es un aborto talidómico que pergeñaron los amigos de Viz Graphics. Posta, para alquilar balcones… y llenarlos de francotiradores.
Habrá más Adolf en el blog, y ojalá levante. Yo me acuerdo que me había gustado muchísimo. No quiero ponerme en dogmático y afirmar que el romance de Tezuka con el gekiga se terminó junto con la década del ´70. Veremos qué pasa más adelante…

domingo, 23 de agosto de 2015

23/ 08: BOSQUENEGRO Vol.3

Tercer librito de Bosquenegro y esta vez Fernando Calvi va a lo básico: una sola aventura de 44 páginas. No son 44 chistes puestos uno al lado del otro, es un único relato bastante más ambicioso que los que habíamos visto hasta ahora en esta interesantísima serie apuntada sobre todo al público infantil.
El argumento es simple: una extraña criatura alienígena cae en Bosquenegro y sus habitantes no saben bien cómo reaccionar. Hasta que la criatura comienza a comer vorazmente y el miedo invade a los gnomos, hadas, bichos y brujas de Bosquenegro. Ahí está el tema de esta obra: el miedo a lo distinto, a lo que no conocemos. Calvi logra sacar de ese tema el espesor dramático justo como para que la aventura tenga un conflicto grosso, sin shockear ni perturbar a los chicos que seguramente se acercarán a esta historieta. Y por supuesto, la línea que baja respecto de este tema es la correcta.
Lo mejor que tiene esta historia es que encaja perfecto en el espacio con el que cuenta Calvi para desarrollarla. En ningún momento parece estirada y a medida que se acerca el final, no vemos al autor pisando el acelerador como si estuviera jugando al GTA para llegar a cerrar la trama en la página 44. El ritmo fluye de un modo muy armónico, con espacio para la aventura y para la dosis de humor que requiere una historieta como esta. A la hora de la resolución, el humor va a jugar un rol fundamental: el final feliz feliz llega cuando la criatura alienígena logra echarse un garco de proporciones colosales. Pero hete aquí que los personajes mencionan la “montaña de caca” y el autor no la muestra nunca. El hecho (importantísimo para la trama) de que el alienígena recupera su tamaño normal y su buena onda luego de generar un auténtico holocausto fecal está totalmente desenfatizado. Calvi opta por sugerirlo, no graficarlo, como si fuera algo tremendo, atroz. Calculo que, aún así, los chicos entienden lo que pasa y les causa gracia. Y calculo también que mostrar explícitamente el mega-sorete saliendo del culo del alien podría hacer que los padres, que supervisan el contenido de los libros que le dan a sus hijos, descarten a Bosquenegro por considerarlo escatológico.
De todos modos, el dibujo de Calvi es tan lindo, tan elegante, que aunque dibujara 44 páginas de culos y soretes el libro se vería muy bien. Difícilmente los chicos que lean Bosquenegro logren valorar los riesgos que Calvi asume a la hora de dibujar estas páginas. La plasticidad de los personajes, la complejidad de las composiciones, esa línea temblorosa, esas decisiones impredecibles a la hora de armar la paleta de colores, esas ganas de jugar con el diseño de absolutamente todo lo que vemos en cada viñeta… son cosas que vemos los grandes, y que hacen que a veces nos colguemos en la observación de esos prodigios gráficos, aún a riesgo de desengancharnos un toque de la historia. Pero bueno, es algo que puede pasar cuando un autor opta por una identidad visual tan marcada, tan fuerte, tan distinta de todo lo demás.
Este librito de Bosquenegro se lee rápido y se lee muy bien. Es una historia que a los chicos le va a encantar y a los grandes les va a hacer pasar un buen momento. Si estás con ganas de introducir a algún borreguito o borreguita de 6-7-8 años en la lectura de historietas, Bosquenegro es una magnífica puerta de entrada.

sábado, 22 de agosto de 2015

22/ 08: FANTASTIC FOUR Vol.3

Esta serie venía bien y se pinchó acá, sobre el final. A todos nos sorprendió que Matt Fraction se bajara después de apenas 16 episodios, pero la verdad que hizo bien. Para escribir sin ganas, mejor dejarle el lugar a otro.
El tomo arranca bárbaro, con dos unitarios muy ingeniosos. En uno, Fraction nos propone revisitar el origen del Dr.Doom y arma una aventura muy loca en torno a eso, a presencias que de alguna manera “supervisan” la transformación de Victor Von Doom en el villano más temible del Universo Marvel. En el otro, los skrulls toman partido en la independencia de los EEUU y los Fantastic Four viajan a 1776 a evitar que la historia cambie para siempre. Son dos típicas historias de viajes en el tiempo, con ideas muy atractivas y conceptos locos de ciencia-ficción al estilo de lo que Fraction nos suele mostrar en Casanova.
Después viene un arquito de dos episodios en el que las ideas se empiezan a desdibujar. Fraction insiste con los conceptos de ci-fi, las paradojas, los seres pensados para desplazarse por el tiempo… pero falta un conflicto más sólido y sobra la machaca, que no aporta absolutamente nada. Y para el cierre, para los cuatro episodios finales, Fraction recluta como co-guionista a Karl Kesel, un verdadero especialista en Fantastic Four, para tratar de cerrar coherentemente las puntas que le quedaban abiertas. Bueno, no pudo ser. El tramo final se puebla de villanos grossos (¡Doom, Annihilus y Kang!), de héroes de realidades y tiempos alternativos y de batallas a todo o nada.
Más allá de la espectacularidad, la saga final no me convenció demasiado, sobre todo por la forma en que resuelve la mejor idea de las que Fraction arrastraba de los tomos anteriores: la enfermedad degenerativa que afectaba a los FF, que los atacaba y deterioraba a nivel celular. Por suerte hay otras ideas interesantes y muchos diálogos brillantes, muchas escenas grossas en lo que respecta al desarrollo y la definición de los personajes. Pero falta un poco más de fuerza, de prolijidad a la hora de contar, de esfuerzo para que todo se amalgame mejor y el final sea más orgánico, más satisfactorio.
Tampoco ayuda el hecho de que, tres capítulos antes del final, se vaya el dibujante titular y entre un suplente bastante menos idóneo, el italiano Raffaele Ienco. Que no es horrible, pobre flaco. Es una especie de Gene Ha sin pulir, al que si lo dejan puede llegar a convertirse en un excelente seguidor de la línea del ídolo. Por ahora, le falta un poco. Y el titular al que reemplaza es Mark Bagley, que viene de una vertiente gráfica totalmente distinta, mucho más cercana a la línea clásica, redondita y cuasi-amistosa de Alan Davis. De hecho, cuando trabaja con el mismo entintador que entintó los mejores trabajos de Davis (Mark Farmer), Bagley se aproxima mucho a la calidad del maestro británico. Cuando lo entinta Joe Rubinstein, en cambio, el dibujo de Bagley se luce mucho menos, muestra más sus limitaciones. De todos modos estamos hablando de un dibujante de mainstream superheroico siempre correcto, que maneja bien la narrativa, que entiende la espectacularidad que tiene que tener esta clase de relatos y al que, si no le pedís originalidad ni genialidades, no te va a defraudar.
Las 10 páginas finales son un epílogo que conecta con el final de FF (la otra serie que escribía Fraction), que voy a leer esta semana. Están dibujadas por el gran Joe Quiñones, que imita perfecto el estilo de Mike Allred, entintadas por el ídolo y coloreadas por su esposa. Es puro diálogo y ahí Fraction ya ni figura, pero lo que escribe Kesel me dejó cebadísimo para entrarle a ese último TPB con el que completo esta breve etapa de Fantastic Four. Después viene otra etapa breve (la de James Robinson, que no me llamó la atención como para comprarla) y después… no hay más. Un disparate.

viernes, 21 de agosto de 2015

21/ 08: LOS AÑOS DE ALLENDE

Después de muchos años de preparación y trabajo se editó finalmente esta ambiciosa novela gráfica de Carlos Reyes y Rodrigo Elgueta, que produjo un tremendo impacto en el ámbito de la historieta chilena. Los Años de Allende es un comic documental que se propone repasar esa etapa en la vida política del país vecino, casi sin pinceladas de ficción, desde una óptica no neutral pero tampoco teñida por la pasión ni por la militancia.
A lo largo de más de 120 páginas, Reyes recapitula todos los eventos importantes sucedidos a partir de 1970, cuando se acercan las elecciones que ganará (contra muchos pronósticos) la Unidad Popular de Salvador Allende, una fuerza política que propone algo nunca antes intentado en el mundo: transformar a un país capitalista en uno comunista sin una revolución, sin tiros ni violencia, sino por la vía institucional, a través del voto y el ejercicio de la democracia. ¿Genialidad, utopía o disparate? Lo cierto es que ese experimento se llevó a cabo en Chile durante tres años y esta novela gráfica se centra en cada medida del gobierno, la resistencia que encontró, el apoyo que logró, los intereses que afectó y la cintura que le faltó para gambetear la inevitable conspiración que terminaría por voltearlo.
Como en todo comic documental, el verdadero desafío es tirarle al lector una masa de datos sin aburrirlo. Yo creo que a esta historieta le sobra el… 20% de los datos que tira Reyes, datos que yo por supuesto desconocía y que –desde el desconocimiento- no me parecen imprescindibles para entender las distintas coyunturas por las que nos lleva el guión. Un guión que sin dudas cumple el objetivo de informar sin aburrir, y que justifica ampliamente el esfuerzo que hace para no tomar partido abiertamente por el gobierno de la UP. La historia está contada por un personaje ficticio, un periodista estadounidense que está en Chile como corresponsal y al que todo lo que sucede lo sorprende tanto como al lector que agarra este comic sin tener la más puta idea de quién es Allende, dónde queda Chile y cuál es la diferencia entre capitalismo y comunismo.
La verdad que, para haberse tomado el laburo de crear a John Nitsch, Reyes lo usa bastante poco. Son tantas las cosas que tiene para contarnos el guión, que quien debería ser el personaje central tiene un rol chiquito, casi marginal. John Nitsch logra asomar la cabeza en momentos muy puntuales, en los que Reyes logra parar el carro de la información, cuando la historia del país da ese pequeño respiro como para que aparezcan las historias de la gente. La gracia es que, al mantenerse siempre estupefacto por las realidades de las que le toca ser testigo, Nitsch no logra amasar certezas para juzgar a los actores que impulsan la trama. Eso puede ir contra el espesor dramático de la obra, pero le da una coherencia, una especie de “asepsia ideológica” que sin dudas le juega a favor.
En el apartado gráfico tenemos a Rodrigo Elgueta, a quien ya vimos colaborar con Reyes en alguno de los tomos de Mortis. Elgueta sabe que este no es un trabajo para lucirse. Acá la estrella es la historia real, lo que realmente sucedió. Su misión es retratar esa época, esas personas y esos sucesos de modo fidedigno y sin llamar demasiado la atención desde la técnica, porque se suponía (con razón) que buena parte de los lectores de Los Años de Allende provendrían de las amplias mayorías que se acercaban por primera vez a la novela gráfica. Elgueta sortea muy bien los desafíos, ofrece una amplia variedad de soluciones con el blanco, el negro y los grises (que no parecen aplicados digitalmente, sino con aguadas logradas con pincel) y se fuma con aplomo páginas con muchas viñetas, a veces muy cargadas de texto. Cerca del final (no casualmente cuando se lanza el embate militar que terminará con la muerte de Allende) cambia la técnica, elimina la tinta negra y durante siete dramáticas páginas sólo vemos lápices. Y están muy bien, muy sólidos, por momentos me remitieron a los lápices de Solano López en su famoso comic documental basado en Operación Masacre, de Rodolfo Walsh.
Los Años de Allende es un testimonio valiosísimo si te gusta la historia latinoamericana reciente, o si creés que la historieta se puede usar para contar otro tipo de epopeyas, que no incluyen superpoderes ni planetas remotos. En un país como Chile que jamás revisó las atrocidades que aún lo manchan, el trabajo de Reyes y Elgueta trae un bienvenido soplo de verdad, memoria y justicia. Por eso es fundamental.

jueves, 20 de agosto de 2015

20/ 08: FRAGMENTOS

Estoy leyendo un libro bastante extenso, que seguramente lograré terminar y reseñar mañana.
Hoy quiero aprovechar para invitarlos a todos a la primera de las muchísimas actividades que este año forman parte del Esperando a Comicópolis, en el inicio de una larga previa rumbo al festival internacional de historieta que explota del 17 al 20 de Septiembre en Tecnópolis. Como siempre, las propuestas de Esperando a Comicópolis tienen lugar en espacios culturales de la ciudad de Buenos Aires y este año todo empieza temprano y con un estruendo, como el Big-Bang.
Este martes 25 a las 19 hs. inauguramos la muestra Fragmentos, la mega-retrospectiva del maestro José Muñoz (argentino radicado hace décadas en Europa) que recorre más de 40 años de la trayectoria del genio del claroscuro. Dibujos, historietas, ilustraciones, material audiovisual y mucho más en una muestra que ofrecerá más de 200 originales de Muñoz, algo nunca visto en nuestro país. De las primeras aventuras de Alack Sinner hasta sus trabajos más recientes, Muñoz viene a mostrarnos absolutamente todo, incluso muchas obras que nunca se publicaron en nuestro idioma y que muchos de sus fans ni siquiera imaginan que existen.
Todo esto podrá disfrutarse a partir del 25 de Agosto y hasta el 20 de Septiembre en el Palais de Glace, Av. Libertador 1248 o Posadas 1725, ciudad de Buenos Aires, por supuesto con entrada libre y gratuita. El maestro Muñoz (quien se ocupó de curar personalmente la muestra) estará presente el martes en la inauguración y –como no podía ser de otra manera- es una de las inmensas figuras que integran la lista de invitados de Comicópolis 2015.
Así que si te gusta la buena historieta, el martes tenemos una cita impostergable con uno de sus exponentes más brillantes, nada menos que el único argentino que fue elegido para presidir el Festival de Angouleme, el evento comiquero más prestigioso de Europa.
Más adelante vamos a compartir otros puntos destacados de la ambiciosa programación de Esperando a Comicópolis, como así también la lista completa de los artistas que van a participar este año del festival, pensada para provocarle a los fans unos cuantos cambios de ropa interior.
Por ahora, eso. El genio, el monstruo, José Muñoz (MunDios, para los más devotos) en vivo, en el majestuoso Palais de Glace, rodeado de lo más selecto de su obra en una superproducción con la que Comicópolis 2015 empieza a hacer historia. Nos vemos allá el martes.
Y mañana una nueva reseña, mientras nos seguimos acercando peligrosamente al post número 2000 del blog.

miércoles, 19 de agosto de 2015

19/ 08: JUDIOS

Y otra vez, Sergio Langer se zarpó. Esta vez armó un libro de más de 350 páginas, muchas de ellas a color, para reunir todos sus chistes e historietas que intersectan con el judaismo. Material de los ´90, material más reciente, material creado especialmente para este libro que Langer planificó hace muchos años y que creció hasta convertirse en uno de esos libros fundamentales, definitivos tanto para la carrera de su autor como para el medio en que se mueven (en este caso, el humor gráfico argentino). Me animo a pronosticar que de acá a muchos, muchos años, se va a seguir hablando de “el Judíos de Langer”, porque va a ser una referencia obligada más allá de la vigencia de algún chiste puntual, demasiado vinculado a alguna coyuntura específica.
El libro está dividido en varios sectores y en casi todos conviven los chistes de un sólo cuadro, las tiras y las historietas. Algunos incluyen también ilustraciones y otros tienen sólo ilustraciones, sin textos, o con una frase, sin diálogos ni narrativa. Langer deja la vida en cada ilustración y hay muchísimas que son realmente brillantes, con un trabajo increíble en la composición, las texturas y el color. Pero claro, son un mimo a los ojos. Y el fan de Langer busca otra cosa, busca ese dibujo mugriento, agresivo, nervioso, puesto en función de relatos (y mini-relatos) jodidos, cargados de mala leche e incorrección política. Por suerte, de eso también hay muchísimo. El libro tiene mucha narrativa, a veces a modo de historias o chistes mudos, pero siempre con el talento de Langer para contar historias en imágenes.
Y además mucha variedad: hay chistes de campos de concentración, de Moisés y los mandamientos, de golems, de actitudes cotidianas con las que se discrimina a los judíos, de la AMIA, de rabinos, de nazis y neonazis, de las festividades judías, de idishe mames… A mí el segmento que más me gustó, con el que más me reí a carcajadas, fue el de Mamá Pierri, en el que Langer recopila varias páginas de la vieja facha que aparece en la revista Barcelona (y a la que le dedicó un libro entero, reseñado el 29/09/11). Ese es el Langer más salvaje, más descarnado, más al límite, el que hace ver a South Park como una remake chota de Los Ositos Cariñosos.
Y lo que más me impactó, lo que además de hacerme reir me dejó pensando es el segmento dedicado a la guerra en Medio Oriente. Langer le saca un jugo glorioso al conflicto entre israelíes y palestinos y logra chistes e historietas realmente geniales basadas en una decisión arriesgada: repartir duro y parejo para los dos lados. Ahí no importa que Langer sea judío: no hace la boludez de ponerse la camiseta y defener cualquier cosa que haga Israel en su eterna lucha contra los musulmanes que rodean su territorio. Los garrotazos para nada sutiles del autor vuelan para un lado y para el otro. Los chistes revelan con certera precisión cómo de los dos lados hay irracionalidad, venalidad, mala leche, doble discurso y muchas más ganas de exterminar al adversario que de convivir en paz. Ni siquiera cuando le toca abordar la masacre perpetrada por un comando islámico en la revista Charlie Hebdo aparece en Langer la tentación de condenar ciegamente a estos fundamentalistas de la violencia. Langer sabe que detrás de cada acto supuestamente irracional hay intereses, avechuchos que se benefician, y nos transmite esa certeza con ingenio, humor y una claridad poco frecuente en los medios de comunicación más masivos.
En fin… otra obra monumental de uno de mis humoristas gráficos favoritos de todos los tiempos. Me cuesta ser objetivo con Langer porque hace muchos años que lo considero un genio y además nos une el afecto a nivel personal. Me encanta que exista este libro, por lo que tiene adentro y como testimonio de muchos años de laburo de esta bestia del dibujo, de este salvaje de huevos inmensos que todos los días se levanta con ganas de correr un cachito más para el lado del carajo las fronteras del humor.

martes, 18 de agosto de 2015

18/ 08: THE UNWRITTEN Vol.8

Uh, cuánto hacía que no me clavaba un TPB de esta serie… Desde el 05/03/14. Decí que en el medio me leí la graphic novel, si no estaría en hiper-bolas, casi para empezar de cero…
Bueno, este tomo no tiene nada que ver con la graphic novel. Es la continuación directa del Vol.7 y va para donde aquel tomo proponía ir. La acción centrada en Australia, Danny Armitage y la oficial de policía Didge Patterson en roles muy destacados, historias protagonizadas por Richie Savoy que transcurren al margen, en paralelo a la saga principal, y ahora sí, mucho desarrollo para Tom Taylor, porque se empieza a avizorar el final y hay muchísimas cosas para explicar. Madame Rausch vuelve al banco de suplentes y Lizzie Hexam tiene un papel tirando a chiquito. Mike Carey necesita empezar a cerrar puntas de las que vienen colgadas desde los primeros tomos de la serie y eso requiere espacio. Imposible repartir el que hay entre más de cinco o seis personajes.
Acá nos enteramos finalmente dónde estaba Wilson Taylor, el papá de Tom (y Tommy), y se termina de explicar y de cerrar el longevo subplot de Pauly Bruckner, a quien Carey le da un enorme protagonismo en estas páginas. Si hasta ahora Pauly era un personaje interesante, acá se hace tan grosso que querés que le den su propia serie mensual. También tenemos la muerte de un personaje que venía ganando impulso, y el regreso (muy cambiado) de uno de los que ya dábamos por muerto y re-muerto.
No quiero extenderme en el chamuyo porque no tengo tiempo. Esto está buenísimo. Carey encontró la forma de que, ya con muchos episodios encima, la serie sea difícil de predecir y esté siempre en un status quo inquietante, raro, donde los volantazos más bizarros (como el del final de este tomo) parezcan totalmente coherentes.
Y el dibujo… bueno, el dibujo sigue lejos de la genialidad. Peter Gross pone huevo, se esfuerza, pero sigue mostrando claramente sus limitaciones, que no son pocas. Por suerte, en el arquito argumental protagonizado por Savoy, llega un viejo conocido de Carey y Gross, el gran Dean Ormston y –como en tantos unitarios de Lucifer- caza los bocetos de Gross y los eleva a un nivel de oscuridad, de expresionismo y de belleza que lo ponen muy por encima de la media de lo que se ve normalmente en los comics de Vertigo.
Todavía no tengo comprado el Vol.9, así que no sé cuando retomo The Unwritten. Pero seguro banco hasta el infinito y más allá este viaje hipnótico hacia el interior del relato.

lunes, 17 de agosto de 2015

17/ 08: ADOLF Vol.1

Uh, me invaden un montón de recuerdos… Me acuerdo que este libro me lo compré en el año ´96, en una librería de Santa Mónica, en la peatonal. No era una comiquería, era una librería alucinante, re-bien puesta, que me llamó la atención como para entrar. Me acuerdo que tenían algunas novelas de Osvaldo Soriano traducidas al inglés, entre ellas mi favorita, No Habrá Más Penas Ni Olvido, que inglés se conoce como “A Funny Dirty Little War”. Nunca había visto ediciones yankis lindas del material de Osamu Tezuka para adultos y mucho menos en hardcover. Los muy turros de los editores no aclaran en ningún lado que es el primero de cinco tomos, así que me lo compré engañado, pensando que era un autonclusivo.
Lo leí poco después… y nunca me compré los cuatro posteriores. Todo el resto de la obra lo leí hará 10 ó 12 años, en la edición española, prestada por un amigo. Ahora conseguí los cuatro tomos restantes de la edición de Cadence, y para festejarlo me puse a releer Adolf desde el principio. Ahí me cayó la ficha de que no me acordaba nada de lo que había leído en el ´96. Me acuerdo boludeces como los títulos de las novelas de Soriano en inglés, pero de lo que pasaba en este libro apenas recordaba vagamente la primera parte, las peripecias muy al límite del periodista japonés que viaja a Berlín a cubrir las olimpiadas de 1936 y termina metido en un baile truculento, en un thriller tan pasado de rosca que casi coquetea con el surrealismo.
Quizás cuando arranque con el Vol.2 y relea lo que leí hace no tantos años, me encuentre con más elementos que tengo archivados en algún lugar de la memoria. Pero con este primer tomo, Tezuka logró sorprenderme tanto como si no lo hubiese leído nunca, sobre todo con toda la parte que transcurre en Japón, ese tramo de la saga que empieza chiquito y costumbrista y empieza a enrarecerse cada vez más hasta asfixiar a los personajes (los dos chicos que se llaman Adolf) y al propio lector.
Lo que más me llama la atención es que, incluso más que en otras otras obras para adultos del Manga no Kamisama, todo está contado con muchísimo detalle, sin nada librado al azar. Uno supone (porque leyó bastante a Tezuka) que todas esas pequeñas cosas en las que se detiene el autor eventualmente van a tener peso en la trama, y por lo menos en este primer tramo, eso sucede a rajatabla. Detalles que parecen superficiales, puntas argumentales que no encajan con la trama principal (algunas tan complejas y atractivas que re-daban para ser desarrolladas en otras novelas gráficas, centradas sólo en eso)… Tezuka acomoda todo, a todo le encuentra no sólo sentido dramático sino una funcionalidad, una forma coherente y orgánica de que todo le aporte algo a la trama y ayude a impulsarla. Por supuesto, al estar tan lejos de la resolución, no descarto la posibilidad de que se le escape algún tiro, de que alguno de estos intrincados subplots quede en el olvido o se enrede demasiado, mucho más allá de su peso real en la trama mayor. Pero creo en el Dios del Manga y en su increíble capacidad de hilvanar un montón de elementos de acá y de allá, de misterio, de aventura, de política, de comedia, de cosa sórdida y abisal en la que los buenos son buenos hasta un punto y cuando se sacan son tremendos hijos de puta… No tengo dudas de que esto se podrían haber narrado de un modo mucho más simple, como tampoco tengo dudas de que, a pesar de las tempestades que Tezuka se empeña por cosechar, el barco va a llegar a buen puerto.
El dibujo es impecable: es el Tezuka de principios de los ´80 ya hiper-curtido en las lides del gekiga que –sospecho yo, no estoy seguro- ya entró en contacto con la obra de algunos autores occidentales importantes como Will Eisner. La puesta en página es dinámica y sorprendente, los recursos para subrayar las emociones y darle fuerza al relato son inagotables y quizás lo único que no cierra tanto es que, en una saga de tono dramático y muy realista, Tezuka deforma un poco mucho la anatomía humana en las escenas de acción, en una búsqueda de más impacto visual que –cuando el guión es tan zarpado- casi no hace falta. Ah, y me gustó ver en roles chiquitos a algunos de los personajes típicos de Tezuka, los que arrastra desde fines de los ´50 y están en casi todas sus obras, dibujados en un estilo más “serio”, menos caricaturesco.
Habrá más Adolf en las próximas semanas, acá en el blog.

miércoles, 12 de agosto de 2015

12/ 08: CAUSAS PERDIDAS

La nueva novela gráfica de Federico Baert (a quien ya vimos un lejano 13/03/11) incorpora una novedad sorprendente: el dibujante no es el propio Baert, sino que el guionista nicoleño forma equipo con Carlos Aón, el versátil artista a quien ya nos cruzamos en varias publicaciones de Loco Rabia, especialmente en la reseñada el 23/05/13. El equipo se completa con la colorista Lara Lee, que realiza un muy buen trabajo.
Baert dedica estas 55 páginas a hacer lo que mejor le sale: historias verídicas, con conflictos chiquitos, personajes llenos de dobleces, cero elementos fantásticos y mucha mala leche. Causas Perdidas transcurre básicamente en una pensión bastante crota, de un barrio bastante humilde, de una ciudad bastante periférica. La gracia, claramente, no está en la ambientación, sino en los personajes y en las relaciones entre ellos, en las historias que se cuentan y en las que cada uno oculta.
No son muchas páginas y Baert lo tiene claro. Por eso acota el elenco a cinco personajes importantes, entre los que se destaca Facundo, el chico que estudió periodismo y busca insertarse en ese medio tan complicado. Los giros argumentales más impredecibles, más impactantes, tendrán que ver con Facundo, con cómo trata Baert a los sueños y convicciones de este pibe humilde, copado y un poco idealista.
Como en las obras anteriores de Baert, los diálogos están afiladísimos y suenan 100% reales e incluso cuando llegan las piñas y los tiros todo se siente cercano y posible. En ningún momento Causas Perdidas se va para el bando de la aventura. Siempre es un slice of life, aunque en un momento la mala onda degenere en un festival de puteadas, piñas y corchazos. Sobre el final, la comedia costumbrista le deja su lugar a una tragedia bien heavy, bien sórdida, lo cual es consecuente con la decisión de Baert de llevar a los personajes bien al límite, de no permitirles nunca estar cómodos con las situaciones en las que los envuelve.
El dibujo de Carlos Aón está muy bien, pero es un poquito light para lo espeso de la trama. Es un Aón distinto al de obras anteriores, que incorpora un poco más ese tinte grotesco o esperpéntico que sabe ponerle Angel Mosquito a sus tragicomedias suburbanas. Y es muy loco, porque tiene ese tono justo, que te hace acordar también a otros trabajos de Aón y a las historietas de Baert dibujadas por él mismo (aunque con menos viñetas por página). Aón simplifica el trazo en la medida exacta para permitir el lucimiento del color y acompaña al guión al darle a los personajes ese toque caricaturesco, muy expresivo, que le permite poner en un verdadero primer plano las emociones que estos nos tienen que transmitir. Me gusta más el Aón puro que este “Aón mixto”, pero esto también se ve muy bien.
Causas Perdidas es una muy buena historia suburbana, con sexo, drogas y un poquito de rockanrol, que bien podría haberse publicado en El Víbora. O no, porque en El Víbora le hubiesen pedido a los autores que los garches fueran más explícitos y acá están apenas sugeridos. Lo cierto es que es una historia fuerte, que emociona, que te pone nervioso y que muestra una pasión genuina por parte de los autores, que no juegan a complacer al lector sino a empujarlo a un pantano bastante asqueroso, donde hay lugar para la risa pero de donde se sale enchastrado en tragedia. Muy recomendable.

martes, 11 de agosto de 2015

11/ 08: SLEEPLESS IN BELGRANO

Anoche me pasó algo muy loco: me acosté pasaditas las 2 AM, cuando ya no me daban los ojos para seguir laburando frente a la compu, y di vueltas en la cama como un infeliz hasta las 8:15 de la mañana, cuando me resigné a que ya no me iba a dormir, porque es la hora a la que en mi cuadra empieza el tráfico zarpado, los bocinazos y demás ruidos que invaden mi primer piso con excesiva facilidad.
En esas horas, el bocho me laburó a full. Pensé en miles de cosas: en los resultados de las elecciones, en las tareas que tenía pendientes para hoy (día clave, porque teníamos que reunir la mercadería que vamos a exponer en nuestro stand de Crack Bang Boom y despacharla a Rosario), en temas pendientes que tienen que ver con la organización de Comicópolis… entre una cosa y otra, pasaron más de seis horas en las que no recuerdo haber pegado un ojo.
Y claro, son tantos los temas a resolver, tanta la actividad que tenía prevista para hoy, que en vez de levantarme 9:30 como estaba previsto, arranqué a las 8:15. Fue un día zarpado, laburé a lo pavote, almorcé tipo 15:30… un delirio. Y logré parar recién a las 19 hs. Dormí menos de dos horas y media y ahora estoy acá, de nuevo respondiendo bocha de mensajes, actualizando la página de Comiqueando… y obviamente llegando a la chota conclusión de que me quedan por hacer un montón de cosas más urgentes que sentarme a leer un comic para reseñar acá en el blog.
Mañana seguramente tendré los horarios y las neuronas mejor acomodados y habrá reseña. Y de jueves a domingo no, porque estaremos 100% abocados a disfrutar de Crack Bang Boom, junto a las hordas de comiqueros que peregrinan hacia Rosario desde todo el país.
El lunes habrá reseña (posteada desde Rosario) y a partir del martes, veremos cómo nos acomodamos a la recta final rumbo a Comicópolis… o en realidad rumbo a Esperando a Comicópolis, que arranca mucho antes. Espero poder mantener el ritmo de una reseña diaria, pero la verdad es que no estoy muy seguro de que lo pueda lograr.
Gracias por el aguante y los que vayan a Crack Bang Boom acérquense a saludar al stand, donde –como siempre- habrá papa finísima a precios cuidados.

lunes, 10 de agosto de 2015

10/ 08: THIEF OF THIEVES Vol.3

Ah, bueno! Esta serie venía muy, muy bien, pero ahora se puso gloriosa. Este tomo es una cátedra de cómo se escribe un comic de suspenso, con acción, runflas siniestras, traiciones, romances y choreos a gran escala. Sobre un argumento que diseñó junto a Robert Kirkman y James Asmus (los co-guionistas de los tomos anteriores), Andy Diggle se lanza a escribir las aventuras de Conrad Paulson, alias Redmond, el mejor ladrón del mundo. Y lo hace con un arco argumental devastador, que tiene un sólo problema: no se entiende una goma si no leíste los tomos anteriores.
Hecha esa salvedad, Venice es una historia absolutamente cautivante, que te atrapa en la primera página y en la última te deja exhausto, con la mandíbula por el piso, y obviamente a las puteadas, porque no querés que se termine nunca y menos tener que esperar varios meses para leer la continuación. La trama está perfectamente hilvanada, todos los personajes importanes tienen su momento para lucirse, los diálogos están afiladísimos, se nota que Diggle investigó a fondo cómo se planifica y cómo se ejecuta un afano de la complejidad del que planea Conrad, el procedimiento del FBI es absolutamente verosímil, la reacción de los villanos ante la jugada de los protagonistas (que obviamente no son buenos, porque son chorros) es totalmente lógica… todas las piezas de este hipnótico rompecabezas encajan a la perfección, en una obra impecable, impregnada de un cinismo magistral y una exquisita mala leche.
Para el próximo tomo (que espero conseguir pronto), a Diggle le queda pendiente ampliar un poquito más el elenco, o en realidad darle más bola a un puñado de personajes a los que todavía no tuvo espacio para desarrollar, pero que pintan muy interesantes. Bien trabajados, ese grupito de secuaces de Conrad se pueden llegar a convertir en una versión 2.0 de The Losers, aquel equipo con el que Diggle jugó en la primera división de Vertigo, con un nivel de calidad muy, muy superior al de las ventas que obtuvo esa serie. De todos modos, en este tomo le da más profundidad a Conrad de la que le dieron sus antecesores en los dos primeros, así que por el lado del desarrollo de personajes tampoco lo podemos correr.
Al frente de la faz gráfica sigue el maestro Shawn Martinbrough, en su estilo más careta, menos expresionista y más realista, un poquito más para el lado de Sean Phillips. Como la idea es que este comic parezca una película, Martinbrough abusa un poco de las viñetas widescreen, pero cuando la narrativa requiere otra cosa, él aporta resoluciones distintas, que no fallan nunca. Los fondos están buenísimos y no se hacen desear nunca, las escenas de cabecitas que hablan (muchas) levantan vuelo gracias a una notable variedad de enfoques, y las escenas de tiros y kilombo (muy pocas) no caen nunca en la estridencia y el pochoclo. El trabajo de Felix Serrano en el color también está muy logrado, muy puesto al servicio de resaltar el dibujo de Martinbrough e incluso de que no se note tanto cuando el guionista recurre a la referencia fotográfica para las tomas panorámicas, que también son unas cuantas.
Como ya dije alguna vez, nunca leí ni The Walking Dead ni Invincible. Para mí, la joya en la corona de SkyBound es esta serie, esta Thief of Thieves que me robó el corazón a fuerza de conflictos verosímiles, tramas electrizantes y personajes creíbles, con un mix perfecto entre virtudes y defectos. En este tomo, la dupla Diggle- Martinbrough demostró tener todo lo necesario para convertirse en el equipo definitivo de la serie, e incluso para desterrar al olvido la inmensa sombra del gordo Kirkman, mil veces más amado por la hinchada que estos dos laburantes de la viñeta. Como dice la canción, quisiera que esto dure para siempre. Este tipo de series le hacen muy bien al comic, aunque sean un afano.