el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 22 de septiembre de 2014

22/09: LA CALAMBRE

Bueno, se terminó Comicópolis y es hora de retomar el ritmo diario acá en el blog, casualmente con una obra de uno de los invitados protagónicos que tuvo el festival. La Calambre es una obra rara de Angel Mosquito, porque no es una recopilación de los muchos trabajos que el autor realiza para innumerables medios argentinos, sino que es una novela gráfica original, sin serialización previa, hecha para una editorial de España e inédita en nuestro país. Por suerte a algún genio de Ediciones La Cúpula se le ocurrió la idea de hacer dos tiradas de este libro: una con los diálogos “traducidos” al español y otra más acotada con los diálogos 100% argentos, que es la que (con mínimo esfuerzo y a un precio apenas zarpado) se puede conseguir en las comiquerías de Buenos Aires.
Y la verdad es que el pobre español que tuvo que eliminar los argentinismos de La Calambre para reemplazarlos por “galleguismos” comprensibles para el lector peninsular se debe haber querido perforar la chota con una ametralladora, a quemarropa y hasta vaciar cinco o seis cargadores. Estamos hablando de un comic con vampiros, secuestros, romances, persecuciones, traiciones, tiros y maldiciones, pero además de un comic 100% argento, que respira conurbano bonaerense por todos sus poros. Esta vez Mosquito elige como escenario a un San Miguel post-crisis del 2002, un suburbio enchastrado de miseria y corrupción. El elemento sobrenatural (otra rareza en la obra de este autor) está perfectamente incorporado a un planteo bastante realista y funciona de modo muy lógico. En ningún momento chocan estas dos cosas tan distintas, sino que, por el contrario, Mosquito te convence enseguida de que es lógico, natural y hasta obvio que el conurbano bonaerense esté poblado de vampiros de la B Metropolitana que cuentan las monedas para comerse unas morcillas bien sanguinolientas.
A esto sumémosle un ritmo de thriller bien logrado, con un muy fino equilibrio entre acción e introspección, y un muy buen trabajo a la hora de definir a los protagonistas, Larry y Mogul. El resultado es una historia muy atrapante, con algunos momentos de gran intensidad, algunos de notable espectacularidad; pero sobre todo con una tensión que va más allá de la peripecia y tiene que ver con la sordidez y la marginalidad de una geografía y una sociedad abandonadas a su suerte en medio de una epidemia peor que la de los vampiros y los zombies: la epidemia de pobreza, desesperanza y extremo debilitamiento de los lazos solidarios que hacen posible la vida en comunidad. Además del horror que produce ver a Larry y Mogul matar gente para chuparle la sangre, está el horror de esas vidas a la deriva, prendidas con alfileres, siempre al filo de la indigencia material y moral.
El dibujo de Mosquito no se diferencia mucho del de sus otras obras de esta década. Se destaca la expresividad de los rostros, la gran fluidez de la narrativa, el ingenio en las onomatopeyas y el excelente equilibrio entre blancos, negros y grises, estos últimos muy bien incorporados en forma digital. Me doy cuenta de que es un dibujante que no le puede gustar a todo el mundo (tampoco creo que esa sea su intención), quizás por lo extremo de su propuesta estética. Te tiene que gustar esa onda cuasi-grotesca, bastante visceral, en la que la representación realista está más en detalles que Mosquito observa y reproduce que en la superficie de las cosas que dibuja. Si comprás la estética, el universo lumpen de Mosquito te absorbe sin ningún inconveniente y te regala imágenes de enorme fuerza y genuina belleza freak.
Recomiendo mucho La Calambre a los muchos fans de Angel Mosquito y a los que quieran ver qué pasa cuando un autor se anima a subvertir la mitología vampírica, generalmente asociada con condes y aristócratas, y transplatarla a uno de los rincones más crotos del conurbano. Algo así como lo que hicieron Scott Snyder y Rafael Albuquerque con American Vampire, pero más gracioso y con el atractivo de resolver absolutamente todo en 70 páginas. A menos que Mosquito esté planeando un regreso de Larry y Mogul, en cuyo caso, voy afilando los colimillos para entrarle, de una.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

17/09: HAWKMAN Vol.1

Tarde pero seguro, le jugué unas fichas a esta serie de Hawkman que arrancó (creo) a principios de 2002. Ya dije alguna vez que Hawkman me parece un personaje pedorro, repleto de limitaciones, así que para que le dé una chance tiene que haber motivos muy potentes. Veamos: co-escriben Geoff Johns y James Robinson, guionistas de la etapa más gloriosa de la JSA. Dibuja Rags Morales, dibujante más que correcto, con un logrado equilibrio entre estridencia pochoclera y solidez narrativa. Tiene mucho protagonismo la Hawkgirl a la que vimos debutar, evolucionar y convertirse en un personaje muy interesante en las páginas de la JSA. Y lo más atractivo: este NO es el Hawkman de la Silver Age, si bien visualmente se le parece muchísimo. Es más bien el de la Golden Age, muy toqueteado, muy reversionado, al que estos guionistas y otros que vinieron antes le fueron incorporando elementos más originales, más distintivos: las eternas reencarnaciones, el gusto por la violencia, la inclinación política de extrema derecha… Ya no es un Batman con alas, o un Green Lantern sin anillo. Al chamuyo silveragesco del enésimo metal y el origen thanagariano, acá le metieron todo el bagaje del antiguo Egipto y la verdad es que la explicación a la que recurren Johns y Robinson para ensamblar en un sólo Hawkman distintos aspectos rescatables de los varios Hawkmen anteriores funciona bastante bien.
Las aventuras en sí no son especialmente fuertes, por lo menos en el primer tomo. La primera propone un conflicto interesante, que es la búsqueda de el o los asesinos de los padres de Kendra (Hawkgirl). El planteo está bien, hay roles muy copados para villanos con onda como Shadow Thief, Tigress y Copperhead, y está bien pensada la presentación de algunos secundarios (buenos y malos) creados para acompañar a los Hawks en esta etapa. Lo que no me convenció es qué obstáculos tienen que sortear Carter y Kendra para salir victoriosos, ni cómo los sortean. Las peripecias, las peleas… eso me la bajó bastante.
Después hay un muy lindo unitario que ya había leído (en el Secret Files & Origins dedicado a esta colección) y un arco breve, de apenas dos episodios, con Green Arrow de invitado y bastante desarrollo para Spider, un héroe devenido villano (quiero más de esos) al que Johns ya había rescatado del olvido en su recordada serie Stars & S.T.R.I.P.E.. Como cada vez que un buen guionista genera un cruce entre el arquero y el gavilán, acá hay varios diálogos logradísimos, en los que Ollie se queda con las frases más punzantes, más venenosas. De nuevo, la interacción entre los héroes (que simbolizan de modo bastante light el conflicto entre fachos y progres) cobra más relieve y resulta más atractiva que la machaca y el conflicto planteado por el villano. Ah, y se nota demasiado que sobra Hawkgirl, que la irrupción de Green Arrow le deja poco margen para el lucimiento a la co-protagonista de la serie.
Clásico y moderno, generoso como pocos a la hora de dibujar fondos, muy aplicado en la iluminación de cada escena, habilidoso en las expresiones faciales, muy dinámico para plantear las escenas de acción, sin dudas el aporte de Rags Morales a esta serie es inmenso. Y el episodio que no dibuja Morales (el del SF&O) le toca a Patrick Gleason, más sacado, más al filo del grotesco, pero con unas cuantas viñetas muy lindas, en las que pela un claroscuro muy bien trabajado.
No sin esfuerzo conseguí los dos tomos que me faltan para completar la etapa de Geoff Johns al frente de Hawkman y eventualmente los voy a leer. Por ahora, es una serie que no termina de alcanzar su potencial simplemente porque a los autores no deslumbran a la hora de decidir cómo y contra quién tienen que luchar los Hawks. Por suerte te entretiene con buenas caracterizaciones, con revelaciones asombrosas acerca del pasado de los personajes y con la presentación de St. Roch, esta nueva ciudad ficticia que el (antiguo) DCU sumaba a partir de esta serie, a la que Robinson trata de darle tanta chapa como le dio en su momento a Opal City. Veremos si más adelante los héroes alados levantan vuelo.
Y nos reencontramos acá en el blog el lunes, o nos vemos entre el jueves y el domingo en Comicópolis.

martes, 16 de septiembre de 2014

16/09: GENESIS APOCALIPTICOS

Satoshi Kon, Peiró, Paul Pope, ahora Lewis Trondheim… Es como si estuviera tratando de detonar toda la munición gruesa antes de la pausa que inevitablemente nos va a imponer Comicópolis.
Este es un librito muy raro de Trondheim. Un puñado de historietas muy cortitas, dibujadas en un estilo minimalista, en blanco, negro y grises, con una grilla inamovible de 16 viñetas iguales (y muy chiquitas) varias de las cuales son cuadritos negros o cuadritos blancos y con un recurso también extrañísimo en Trondheim, que consiste en narrar sin diálogos, sólo con textos en off colocados abajo de cada cuadrito.
En claro contraste con el dibujo, las historias nos on para nada minimalistas, sino que el autor se anima a reflexionar acerca del origen del hombre, del sentido de la vida, de la aparición de la violencia, la oragnización tribal, el surgimiento de las ciudades y las sociedades, el origen del dinero… todo bien condimentado con un sutil toque de humor, que a veces derrapa para el lado del delirio, cuando aparecen en escena marcianos, venusinos y demás alienígenas.
Estas reflexiones profundas que manda Trondheim a veces tienen un regusto amargo, y a veces terminan en finales irónicos con muy mala leche. O sea que el humor está, pero poco. En todo caso se ve más en el dibujo, cartoony a más no poder, que en los textos. Pero el combo es sumamente efectivo.
No quiero chamuyar mucho más, porque el librito apenas junta 22 páginas de historieta. No se lee en 15 segundos por lo que decía antes, de la omnipresente grilla de 16 viñetas. Pero lo cierto es que no se puede indagar mucho más en estos breves relatos de héroes, dioses, filósofos y necios sin revelar mucho de lo que los hace tan potentes. No lo compres esperando disfrutar con el dibujo típico de Trondheim, porque nada que ver. Compralo para descubrir al ídolo en una faceta distinta, en la que se anima a cambiar el tono, el foco y la onda, y abandonar tanto la aventura como la autobiografía para explorar algo muy inusual y muy interesante.

lunes, 15 de septiembre de 2014

15/09: BATTLING BOY

Después de casi siete años en los que se dedicó a dibujar historietas de modo muy esporádico, con alguna que otra colaboración para antologías, el ya mítico Paul Pope volvió a la primera plana en 2013 con esta extensa novela gráfica, que en realidad es apenas la primera entrega de una serie de novelas que ojalá siga hasta el infinito y más allá.
Quizás eso sea lo único que se le puede criticar a Battling Boy: 202 páginas, años y años de trabajo, simplemente para abrir un universo, para presentar personajes y conflictos que se desarrollarán con mucha más fuerza en las hipotéticas futuras entregas de la saga. A Battling Boy se le nota mucho el concepto de serial, de idea a muy largo plazo. Se nota que Pope arrancó tan confiado de que esto iba a ser un hitazo, que no se calentó en cerrar nada de lo se le ocurrió abrir. Ya habrá tiempo para eso, porque tanto las ventas como las críticas le dieron la razón al autor y Battling Boy fue un éxito arrollador, tan importante para First Second como lo fuera Scott Pilgrim para Oni.
Lo cierto es que esta primera entrega es impactante. A primera vista parece una historia sencilla, en la que un héroe muy joven tiene que probar su valía en un mundo aterrorizado por monstruos, villanos y gangsters varios. Pero hay más: está el legado de Haggard West (que supongo que se explorará a fondo en Aurora West, el spin-off escrito por Pope y dibujado por David Rubín), está el reino pseudo-asgardiano en el que nació Battling Boy, están los propios villanos, dispuestos a organizarse frente a la aparición de este nuevo héroe, y además Pope desliza sutiles pinceladas satíricas hacia la forma en que el “poder real” (intendente, ministros, policía) reacciona ante la llegada de este “poder supra-real”.
Y claro, está también la machaca, que explota con una fuerza que no recuerdo haber visto en otras obras de Pope. Acá los personajes y los monstruos se dan como en bolsa, en peleas extensas, vibrantes, de mucho despliegue gráfico y mucha intensidad dramática. De a poco se hace creíble que un pibito petiso, flaquito, sin cuerpo de superhéroe, se banque cagarse a palos contra un monstruo gigante o contra varios villanos. Eso es mérito de Pope, que también de a poco suma escenas y diálogos que explican cómo funciona este mundo, de dónde vienen los poderes de Battling Boy, cómo y desde dónde lo vigila su cuasi-ominipotente padre y demás. Entonces estas proezas al límite ganan sustancia, se hacen verosímiles y hasta centrales para el argumento. No son fan service, no son relleno, no terminan de manera predecible. Así, vale la pena leer comics de peleas.
El dibujo de Pope es más livianito, más luminoso, con menos mancha negra que en otros trabajos. Se destacan el diseño de personajes y criaturas, que es sencillamente genial, y por supuesto el dinamismo, el vértigo que le imprime incluso a escenas tranquilas. La narrativa es impecable, llena de riesgos bien asumidos, y cuando se decide a dibujar los fondos (no siempre, hay secuencias enteras sin un puto fondo), Pope deja la vida en cada viñeta.
Es cierto, lo que este tomo de Battling Boy nos narra en 202 páginas se podría haber contado tranquilamente en… 96 páginas, ponele. Pero realmente la decompresión no jode, primero porque son más páginas dibujadas como los dioses por un genio del Noveno Arte, segundo porque aún con ese ritmo pasan MUCHAS cosas, y tercero porque al pensar la historia de modo tan visual, es muy probable que Battling Boy capte a un público juvenil, quizás más cercano al manga, y lo sume a la horda de fans de Paul Pope. Battling Boy toma muchos tópicos del típico comic de superhéroes, pero tiene un pulso distinto, mucha impronta autoral y un montón de ideas de inmenso potencial. Seguramente será un placer ver cómo este referente absoluto del buen comic contemporáneo las desarrolla en los futuros tomos.

domingo, 14 de septiembre de 2014

14/09: TINTA MORTAL

Este libro se parece al de ayer en su planteo básico: recuperar historias cortas de los ´80 de un historietista de la mega-San Puta, pero con poca producción. Con dos diferencias fundamentales: 1) el criterio bastante discutible de limitar este librito a 96 páginas hizo que se quedaran afuera varias historias de Peiró de esta misma época y 2) no lo podemos poner en la biblioteca al lado de las novelas gráficas, álbumes o “historias largas” de Peiró, porque Peiró no tiene historias largas. Sólo estos breves relatos, muchísimas tiras diarias y muchísimos chistes de una sóla viñeta. En eso, Peiró se parece bastante a Crist: es un historietista prodigioso, un dibujante de altísimo impacto, con un trazo personalísimo, una identidad avasallante, y poco volumen en materia de narrativa secuencial. Por eso hubiese estado buenísimo (y no habría sido tan complicado) compilar en un único tomo TODAS las historietas cortas de este monstruo cordobés, al que el prólogo del maestro (ni hace falta nombrarlo) define acertadamente como “ uno de los secretos mejor guardados de la historia grande de la historieta argentina”.
Si hablamos de Peiró hablamos de personajes recontra-expresivos, de expresiones faciales zarpadas, de un grado de detalle imposible en autos, armas, fondos, vestimenta, peinados y rostros. Hablamos de un claroscuro fuerte, perfectamente condimentado con millones de rayitas microscópicas logradas con un plumín tan minucioso e incisivo que bien podría ser un escalpelo. En la construcción de la secuencia, Peiró tiene (o tenía en los ´80) algunos momentos de zozobra, de inconsistencias en el fluir del relato, y algunos momentos de gloria memorables como el de la anteúltima página de Historia de Ana, donde se ve la mano de un gran narrador visual. Pero veamos qué onda los guiones…
El primero, Córdoba Blues, gambetea bien el obstáculo de la escasa extensión con el recurso de la anécdota (casi el chiste largo), centrada en un personaje muy bien delineado. La segunda historia, Dos Pájaros, transita sin sobresaltos una fórmula muy utilizada en cientos de relatos, y si bien no sorprende por su originalidad, logra ponerte nervioso por la intensidad, la crueldad y el voltaje erótico de casi todas las escenas. Seguimos con El Cuero, donde Peiró se zarpa con la puesta en página y logra planificaciones majestuosas… que no logran levantar un guión flojo, pensado como excusa (creo yo) para que el cordobés dibujara tres o cuatro cosas que tenía ganas de dibujar.
Historia de Amor y Río es una historia compacta, muy jugada al impacto visual de la machaca, que bien podría integrarse a una obra más larga, como una peripecia más en una aventura más compleja. Historia de Ana es otra historia tremenda, pasional, descontrolada, trágica, y con un final perfecto. Una cátedra en 9 páginas. La breve El Chino y la Rusa trabaja con el recurso de narrar en paralelo dos secuencias que transcurren en tiempos distintos. Hay que ser muy bueno para que te salga un truco así y a Peiró le sale fenómeno. La historia más larga, Gracias Señor Nuys, tiene 12 páginas y abre con una viñeta que me recordó mucho a Enki Bilal. Es una historia muy atrapante, donde es obvio que se va a resolver todo recién en la última viñeta, y la resolución es irónica e impredecible.
Militancia parte de una idea muy buena, pero el desarrollo no está a la altura. Cuando Peiró muestra su juego, cuando pega el zarpazo, faltan tres viñetas para el final y el volantazo es tan potente que pareciera que las ocho páginas anteriores fueron… nada, una excusa para estirar. Vamos con la desopilante Piloto, gran historieta de humor negro al borde del delirio, también con una vuelta de tuerca zarpada al final, que funciona maravillosamente bien porque Peiró nunca se tomó en serio lo que nos estaba contando. Y terminamos con otra joyita de la sordidez, la mala leche y la ironía: la tensa, la caliente, la grotesca, la shockeante Ringside. Papa muy fina.
Y sí, es una mierda que hayan quedado afuera historietas tan buenas como estas, pero lo que hay es de un nivel interesantísimo. Y por supuesto hay que agradecer a full la posibilidad de tener en libro (y no en antologías de hace 30 años) estos laburazos de una bessstia del Noveno Arte como es Peiró. Ojalá el capo cordobés vuelva en algún momento a producir material con esta onda.

sábado, 13 de septiembre de 2014

13/09: HISTORIAS CORTAS DE SATOSHI KON

Al final este libro lo tenía. El que no me pude comprar fue el de historias cortas de Naoki Urasawa, que era el que valía una fortuna y terminó en lo de un amigo que me ganó de mano. Evidentemente tengo la cabeza hecha una ensalada, condimentada con caca. Pero vamos a ver con qué me encontré en estas 400 y pico de páginas pensadas para reunir todas las obras cortas del malogrado genio Satoshi Kon, originalmente publicadas entre 1984 y 1989.
La primera historia tiene sólo 32 páginas, pero Kon mete elementos como para una serie de 20 tomos de 200 páginas. Inventa un mundo futurista, personajes con poderes mentales, un conflicto grosso… todo daba para seguir la historia muchísimos años y estirarla hasta el infinito, no resolverla ni a palos en la página 32. La segunda historia tiene acción, persecuciones y piñas, pero es básicamente una comedia estudiantil, sin elementos fantásticos, centrada en una pica entre los jugadores de beisbol y los de futbol, en una misma escuela secundaria. Tiene momentos muy graciosos y un verosímil que sólo funciona en Japón, donde en una de esas, alguna de estas cosas podría suceder en la realidad. Le sigue una historia más tranqui, sin conflictos, más chiquita, protagonizada por un pibe petisito que la rompe jugando al beisbol. Si no conocés bien las reglas de ese deporte, disfrutá del dibujo pero ni intentes seguir el argumento.
Con las 32 páginas de Verano de Nervios, cualquier guionista de Hollywood se hace un festín. Quizás sea la mejor historia del tomo, la que mejor combina acción, romance y comedia. También hay un verosímil muy frágil, pero los personajes y la trama son tan gancheros que te olvidás de todo y te dejás llevar de una por esta montaña rusa de emociones. Así se escribe un unitario memorable. La siguiente historia (también chiquita, realista, lo-fi) tiene una buena premisa y buenos diálogos pero me cerró un poco menos. Algo del giro final se intuye a mitad de camino y le resta impacto a las sorpresas. Las 24 páginas de La Hora de los Adioses van claramente para el lado de la comedia estudiantil, con dos tramas más o menos entrelazadas. Tampoco me terminó de convencer a pesar de los díalogos muy cómicos.
Otro unitario inmejorable, lindísimo para ser llevado a la pantalla, es Kidnappers, con apenas 25 páginas y un ritmo tan espectacular que parece que durara mucho más. Acá el autor te quita el aliento de entrada y te hace vivir persecuciones y emociones alucinantes a partir de una idea argumental sencilla y a la vez perfecta. Los Visitantes es una de fantasmas que no logró ponerme nervioso, quizás porque Kon no se decide a jugarse todo por el tono dramático, o quizás porque tiene demasiados personajes.
Satoshi Kon se vuelca a la aventura histórica, en el Japón feudal, con las 60 páginas de la impactante y cautivante Waira. Con más viñetas por página y un trazo que muta para adoptar yeites de Moebius y de Hiroshi Hirata, esta epopeya seduce a fuerza de misterio, climas ominosos, violencia y personajes muy bien trabajados. Paso por alto tres unitarios menores, que no me aportaron demasiado, para poder hablar de otros dos, más notables. Más Allá del Sol no llega siquiera a tener un argumento: es una idea visual llevada al límite, utilizada por Kon para poner en marcha un mecanismo narrativo devastador, otra montaña rusa, pero más física, más evidente, dibujada como la mega-hiper-concha de Dios, cómica al mango y vibrante de principio a fin. Una extraña gema en la corona del ídolo. Y el tomo cierra con la extensa Cautivos, la primera historieta publicada por Kon, a la que se le nota la falta de experiencia en el armado de la trama, en la entrada y salida de escena de los personajes y un dibujo todavía poco original, bastante genérico.
Si (como yo) sos fan de este ícono del animé y querés tener todos sus mangas (que no son tantos), este libro no puede faltar en tu biblioteca. Muchas veces asociado con Katsuhiro Otomo (de quien fue fan, amigo y socio), Satoshi Kon fue mucho más que un continuador de la estética del creador de Akira. Fue un gigante del Noveno Arte por mérito propio, algo que nos quedó claro cuando vimos Tropic of the Sea (02/06/14) y que se termina de hacer obvio con varias de las historias cortas de este tomo, todas con más de 25 años pero muchas insuperables aún hoy. Gloria eterna para él.

viernes, 12 de septiembre de 2014

12/09: FAIREST Vol.1

Ya me voy a poner al día con Fables… eventualmente. Mientras tanto, el primer recopilatorio de esta serie complementaria me resultó muy atractivo y entre como un caballo. ¿Con qué me encontré?
En primer lugar, con una extensa saga de seis episodios protagonizada por la Bella Durmiente, Alí Babá y la implacable Snow Queen, otrora lugarteniente del Adversario, a la que hacía muchos años que no veíamos. El siempre astuto Bill Willingham se las ingenia para que tanto Briar Rose (que así se llama la Bella Durmiente) como la gélida villana tengan un regreso creíble, o por lo menos acorde con el verosímil de este tipo de historias. Estos tres personajes van a conformar un triángulo romántico muy bien pensado, sin obviedades ni lugares comunes, que felizmente dejará bastante espacio para la aventura.
Visto desde una óptica copada. Si lo ves con mala leche, toda la aventura está al pedo y sólo sirve para estirar a 120 páginas una idea que estaba piola pero daba para mucho menos. Como sea, Willingham le dedica muchas páginas a un conflicto heavy, a todo o nada, entre Snow Queen y el hada maligna que condenó a Briar Rose a morir pinchada con una rueca de coser, algo que finalmente no sucedió. Esta villana (que no es Maleficient, o Maléfica, como en la peli de Disney) será la encargada de que la historia crezca en tensión y en dramatismo, sobre todo en la segunda mitad. Otro elemento que pone en juego Willingham para darle sustancia (y más páginas) a la saga es un interesantísimo recuento de toda la historia de Briar Rose, desde su nacimiento hasta su rol en la guerra contra el Adversario (a quien me sigo resistiendo a nombrar para no cagarle la vida a los que todavía no hayan leído los recomendadísimos primeros 75 episodios de Fables).
Y el otro recurso que emplea el guionista para darle relieve a la historia es la caracterización, el juego constante entre cuatro personalidades muy fuertes. Alí Babá, Briar y Snow Queen tienen muchísimo desarrollo, muchas escenas interesantes, y además hay un cuarto personaje, que quizás no tenga tanto peso en la trama pero es el que más rápidamente logra la empatía del lector: Jonah, un duende menor, un genio de la botella de las ligas menores, con ínfimos poderes, ínfimos códigos y una compulsión a hablar sin parar y a ametrallarnos con los mejores diálogos que Willingham escribió en mucho tiempo. Jonah además le suma a la trama un cierto tono de comedia, que obviamente disminuye cuando las dos hechiceras se enfrentan a muerte, pero que durante gran parte de la saga se disfruta a full.
Y también disfruté mucho del dibujo de Phil Jimenez, en su regreso a Vertigo después de aquella amarga frustración que resultó Otherworld. Sobre el final se nota el desgaste, los esfuerzos que hace Jimenez para no dibujar fondos… pero a lo largo de muchas, muchas páginas, nos obsequia un despliegue de talento y una entrega realmente formidables. Fondos increíbles, muy buenas planificaciones, buen trabajo en las expresiones faciales, caras, gestos y lenguaje corporal muy distinto para cada personajes… y por supuesto una simbiosis exquisita con Andy Lanning, uno de los entintadores que mejor lo entienden, y con la fastuosa paleta de Andrew Dalhouse, a quien no conocía.
Complementa un unitario muy ingenioso, con guión de Matthew Sturges (habitual adláter de Willingham) y dibujos del gran Shawn McManus, que nos narra una historia del pasado de Bella y Bestia, ambientado en el Hollywood del cine mudo, coloreado en tonos que imitan el blanco y negro de las viejas películas y con el tono del típico policial noir. Gran dibujo y buenos diálogos para una historia menor, pero que hace un aporte válido al tomo al presentar otra estética, otra temática y otros personajes.
Buen arranque para Fairest, sin dudas, pero antes de entrarle al Vol.2 voy a avanzar un cacho con Fables, que la tengo medio abandonada.

jueves, 11 de septiembre de 2014

11/09: HISTORIETAS DEL SOTANO Vol.3

Nueva entrega de la antología coordinada por Federico Grunauer y Juan Bobillo. No entendí un detalle: las OCHO páginas en blanco del final… ¿Qué onda? ¿Les faltó material? ¿Calcularon mal los pliegos? Muy raro, no? Pero veamos qué hay.
A modo de prólogo y entre las distintas historietas, Bobillo abre la puerta para ir a jugar con un estilo muy lindo, muy efectivo, casi sin narrativa, en esos gags delirantes, esos monólogos bizarros de Francisco Sótano, quien oficia de “anfitrión”, al mejor estilo Uncle Creepy. Entre las historietas proopiamente dichas, la primera es una aventurita muy menor pero correcta, de Iñaki Aragón y Nahuel Amaya. También en clave de fantasía épica, pero con un giro más interesante, le sigue otra breve historieta, firmada por Grunauer y Cutro. Siempre en el género de la fantasía épica, Fernando Baldó se anima con un relato más extenso, un dibujo excelente (que pierde un poquito en el pasaje a blanco y negro) y un guión atractivo, que banca el misterio hasta el final. La de Emmanuel Ortiz… no la leí, porque no me gustó el dibujo. Y la de David Rodríguez y Diego Aballay ya la había leído, creo que en una Términus.
El segundo bloque abre con otro aporte de Iñaki Aragón muy breve, casi sin margen para desarrollar personajes y conflictos, con un dibujante que tampoco me gustó. La de Mariano Petrecca y Nacho Vega no está mal, pero se vería mucho mejor con una o dos páginas más para desarrollar mejor todo y que se luzca más el dibujo. Le sigue una historia bizarra, atrapante, escrita por Pablo Galfre y con unos dibujos fastuosos de Franco Viglino, que explora un estilo más cercano al de algunos trabajos de Lucas Varela y le queda MUY bien. Y después hay una historieta MARAVILLOSA de Rodrigo López que ya leí en su libro de historias cortas, La Mano Izquierda.
Para inaugurar el tercer bloque, otra historieta fuerte, linda, interesante, esta vez escrita y dibujada por Hurón. Le siguen Alejandro Farías y Leo Sandler (dupla afianzada si las hay), con una comedia chiquita, pasatista, pero de algún modo satisfactoria. La de Valentina y Aleta Vidal es una idea muy loca, muy bien desarrollada. Como el dibujo es excelente, uno quisiera que durara más páginas, pero así está bien. Con más páginas, hubiese perdido solidez. La de Matías Santellán y Daniel Mendoza compite holgadamente por el primer puesto, por el título de Mejor Historieta de esta antología. El guión tiene un vuelo increíble y el dibujo está muy, pero muy bueno. Para compensar, le sigue la de Ignacio Bustos, que es de las más flojitas, con un dibujo al que le falta originalidad y solvencia. Y levantamos con una historieta oscura, melancólica, muy interesante, escrita por Javi Hildebrandt y dibujada por Santiago Miret.
De postre, una historia cortita, bastante zarpada y muy graciosa, escrita por Lubrio. Y como cereza del postre, unas tiras de Coca, Ramón y Fernet, también de Juan Bobillo, pero en un estilo totalmente distinto al de Francisco Sótano. Tanto las tiras de Bobillo como la historieta de Lubrio pierden un poquito al publicarse en blanco y negro.
Todavía por debajo del radar de muchos fans de la historieta argentina, Historietas del Sótano es una propuesta atractiva, con mucho y muy variado material, y con la posibilidad de descubrir a nuevos autores interesantes, o de ver historias cortas de autores que normalmente trabajan en relatos más extensos, o en tiras cómicas, o en fanzines, o en comics para la web, o para editoriales del exterior. Es un espacio ecléctico, dinámico, donde está bueno que todos estos autores puedan mostrar lo suyo con total libertad. Ah, y prefiero autores chotos a páginas en blanco, así que para la próxima, de última dibujo una historieta yo.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

10/09: LA TIERRA DE LA QUIMERA

¡Uh! Me re-cebé con algo que estoy haciendo para Comicópolis (y que, como todo, es urgente) y me olvidé que tenía un libro leído para reseñar.
Bueno, vamos muy rápido. Básicamente, este álbum se parece bastante al anterior, porque cuenta la vida de un europeo (en este caso una dama española llamada Isabel) entre los aborígenes del Nuevo Mundo. Se nota mucho la chapa que el maestro Enrique Sánchez Abulí tenía allá por 1991: lo dejan escribir un guión donde casi no hay espacio para la data histórica, un guión mucho más aventurero y menos didáctico que casi todos los otros de esta colección.
Lo único que no lo dejan hacer es algo que el devenir de la trama recontra-justificaba, que era mostrar a Isabel garchada por uno o varios indiios del territorio que hoy conocemos como Chile. Hay un tinte erótico muy light, muy sugerido, pero estoy seguro de que si Abulí se hubiera salido con la suya, habríamos tenido varias escenas de sexo memorables. En lo demás, el ídolo impuso su sello. Donde otros ponían toneladas de texto explicativo, mapas y grabados de la época, Abulí puso comedia, persecuciones, humor negro, cheap thrills y bocha de escenas mudas. La Tierra de la Quimera, entonces, es una historieta livana en comparación a las otras de esta colección, de lectura muy ágil, a la que por suerte no le falta intensidad.
El dibujo está a cargo de otro monstruo sacrosanto del comic español de los ´80 y ´90: Alfonso Font, acá a un nivel impresionante. Perfecto en el armado de las secuencias, en la expresividad de rostros y cuerpos,en los climas y las iluminaciones, en ese sutil equilibrio entre aventura, comedia y un tenue amague de erotismo. Pero si tengo que destacar un sólo rubro, el que quizás convierta a La Tierra de la Quimera en el mejor álbum de la extensa trayectoria de Font, creo que me inclino por el manejo del color, que es sencillamente sublime.
Si compraste este libro cuando salió, pegale una releída y volvelo a disfrutar. Si, como yo, te resistías a comprar cualquier título de esta colección y elegiste unos poquitos haciéndote el estrecho, dale una posibilidad. No es el Lope de Aguirre de Albiac y el Viejo Breccia, ni el de Mattotti, ni el de Nine y capaz que tampoco le hace el aguante al de Robin Wood y Lito Fernández. Pero está muy bueno, busca un rumbo bastante distinto a los otros y además es una infrecuente colaboración entre dos próceres como Alfonso Font y Enrique Sánchez Abulí, lo cual te garantiza un piso de calidad más allá de que te enganche o no la historia (bastante cruenta, por cierto) de Isabel y los aborígenes. No sé si me compraré más tomos de esta colección. Quizás se me haya escapado alguno grosso, quizás me compre alguno más por cariño a los dibujantes (hay uno de José Ortiz, por ejemplo, que no tengo). Por ahora, hasta acá llego.

martes, 9 de septiembre de 2014

09/09: CENTURY WEST

Este es un álbum que el maestro Howard Chaykin realizó para la Disney italiana allá por 2006, y que estuvo inédito en EEUU hasta el año pasado, cuando lo publicó Image. En el medio, ni lerdo ni perezoso, Chaykin lo paseó por varias productoras de Hollywood y consiguió interesar a alguna para desarrollar Century West como una serie de TV, que por ahora no se concretó.
La idea del autor es contar una historia casi chiquita, ambientada en los albores del Siglo XX en un pueblo medio pelo de Texas, en la que vamos a ver varios de los elementos que van a marcar ese siglo: los automóviles, el feminismo, el antisemitismo, el cine, los avances tecnológicos cada vez más acelerados, etc. El tono es el típico de Chaykin: una aventura con comedia, piñas, persecuciones, diálogos muy afilados, algún chiste políticamente incorrecto y un cierto margen para bajar línea, para invitar al lector a algún tipo de reflexión. Faltan los garches, acá mucho más sugeridos que en otras obras del maestro, supongo que por imposición de la editorial.
Como tantas obras de Chaykin, Century West empieza desde la primera página a acumular personajes e intrigas, y llega un punto en el que uno dice “Flaco, empezá a resolver algo, que son 64 páginas y ya van más de 40”. Y Chaykin en vez de simplificar sigue sumando complejidad, conflictos y más personajes. Finalmente todo se resuelve satisfactoriamente, pero no tengo dudas de que todo podría haber sido mejor, más fluído y más contundente con un elenco menos numeroso. Tengo la sensación de que Chaykin pensó esta historia como la primera de una serie de novelas gráficas y se cebó mal con la idea de presentar acá a los personajes que iba a explorar en las entregas siguientes. Vista en perspectiva, y sin nuevos álbumes de Century West en carpeta, no parece una buena decisión.
El dibujo transita los carriles habituales del Chaykin de este milenio: muchos primeros planos, con gran atención a las expresiones faciales, una sola “zanja” por página y el resto de las viñetas apiladas, sin división marcada entre una y otra, fondos muy bien laburados a partir de referencias fotográficas y un color potente, vistoso, con mucho efecto, aunque sin llegar a la estridencia, cortesía de Michelle Madsen.
No me quiero extender mucho más. Me gustó mucho la ambientación de la historia, hay momentos en los que agarra un ritmo muy ganchero, muy lindo, los diálogos son buenísimos y los dibujos, si bien no suman nada a lo ya visto en otras obras de Chaykin, están a un gran nivel. Falta profundizar en los personajes y en los conflictos, porque hay muchos personajes y muchos conflictos en sólo 64 páginas. Pero para pasar un buen rato, o para ver al maestro dibujando caballos, cowboys y otras cosas que hacía mil años que no dibujaba, está muy bien. Si (como yo) sos de los talibanes de Howard Chaykin que le compran todo lo que hace, no dejes escapar Century West.

lunes, 8 de septiembre de 2014

08/09: LO MEJOR DE MAITENA

Y un día, Maitena dejó de dedicarse a las aventuras urbanas con cierto filo erótico y se dedicó a continuar el glorioso legado de Calé. Munida de un agudísimo sentido de la observación, comenzó a mostrar en sus viñetas las vidas, las obsesiones, las manías, las inseguridades y las fantasías de las minas de clase media, nada menos que en la revista Para Ti. Maitena se convirtió rápidamente en una implacable crítica de la cotidianeidad de la mujer argentina, de un modo en un punto similar a lo que vimos el otro día en los “ensayos ilustrados” de Grondona White, aunque con mucho menos texto, como Calé. Por si faltara algo, ese humor un poco guarro que Maitena desplegaba en sus historietas para SexHum® se refinó, se “domesticó”, sin perder para nada el filo. A Maitena se la ve contenida, agazapada, esperando el momento para pegar zarpazos letales con sus comentarios ácidos, con reflexiones y situaciones realmente tragicómicas.
El resultado es genial. Primero en esas páginas de muchas viñetas “comentadas”, que exploran cada una distintas aristas de un tema general. Y después en esos chistes en los que Maitena plantea y remata todo en una sóla viñeta con unos diálogos perfectos, de brillante mala leche. En general, cuando un autor (o autora) deja la historieta de corte más narrativo para hacer este tipo de experimentos (porque aunque Maitena la re-pegó y se hizo rica y famosa con estas páginas, en su momento fueron un experimento bastante arriesgado), uno medio que putea y extraña lo otro, la historieta más tradicional. Pero a veces la movida sale demasiado bien (enseguida me viene a la mente ¡Para Ti, Que Eres Joven!, de Monteys y Fontdevila) y los historietistas se reinventan como satiristas de las costumbres y rodean a sus dibujos de unos textos que bien podrían reciclarse para monólogos de stand-up comedy. De alguna manera, la verdadera Maitena era esta, no la de Barrio Chino, Historias por Metro o La Fiera.
El dibujo cambia mucho en los siete u ocho años que recorre este libro. Empieza muy parecido a lo que hacía Maitena en Flo, su tira diaria, muy anterior a Barrio Chino y demás historietas para la Fierro clásica. Era un estilo naïf, livianito, con línea clara, cierta influencia de Quino (en los ojos de los nenes, sobre todo) y de otros humoristas gráficos, muy prolijo pero con poco filo. Y después empieza a mutar. Maitena empieza a dibujar más grande la figura humana, a jugarse más a los primeros planos, y a engrosar la línea. Así pierde detalle (durante años abandona por completo los fondos) pero gana en expresividad, en peso específico y en originalidad. El trazo se hace más sintético y a la vez más denso, más categórico. En el medio, abandona gradualmente las acuarelas (que manejaba a la perfección desde el primer día) y se pasa al color digital, que también le queda bárbaro.
Este libro, además, nos da la oportunidad de apreciar muchos bocetos, muchos dibujos crudos, plantados a mano alzada. Y también hermosos dibujos perfectamente resueltos a lápiz y otros entintados, pero sin colorear. Gráficamente, lo único que no luce es la portada, que parece haber sido “sacada con fritas” por Maitena. El resto, es todo un deleite, sobre todo las páginas y los chistes más recientes, los de la línea gruesa, sintética y sin fondos.
Es cierto, Maitena publicó durante muchos años en la revista Para Ti, y casi toda su producción de 1993 hasta que se retiró se centra en el “universo femenino”. Pero me parece entre injusto y pelotudo encasillarla como autora “feminista”, o de “humor femenino”. Como en las historietas de la genial Claire Bretecher, acá el género está muy presente, pero los logros, los hallazgos, la trascendencia de Maitena como autora no pasan sólo por ahí. Cuando hay talento, el tema a tocar es secundario. Y el hecho de que Maitena haya sido la mina que se animó a cagarse de risa de las otras minas (en Para Ti, nada menos) es un dato menor comparado con la inmensa calidad de su dibujo y la arrolladora fuerza de su humor. Volvé pronto, ídola. La historieta y el humor gráfico te necesitan.

domingo, 7 de septiembre de 2014

07/09: OTOÑO

En Diciembre de 2013, la AUCH (Asociación Uruguaya de Creadores de Historieta) editó su segunda antología temática. Y lógicamente, después del Verano (reseñado el 21/08/14) llegó el Otoño.
El mecanismo fue el mismo de la antología anterior: todos los integrantes de la asociación que así lo quisieron mandaron sus historietas y apareció alguien “de afuera” que eligió las que, a su criterio, tenían que estar en el libro. La vez pasada, esta tarea recayó en Quique Alcatena, que le dio el visto bueno a los 12 trabajos presentados por los artistas uruguayos. En Otoño, en cambio, esa tarea me la encomendaron a mí y de 13 historietas que me tocó evaluar, sólo siete quedaron en el libro. Había seis que no me convencieron para nada, cinco que me parecieron buenísimas y dos que, con buena voluntad, zafaban. A pedido del maestro Alejandro Rodríguez Juele (presidente de AUCH), di el visto bueno para que esas dos también aparecieran en el libro, así no quedaba tan flaquito. Fue un trabajo raro, nunca había hecho algo así. Me sentí un patovica de boliche, diciendo “Vos entrás, vos no”. Pero el producto final es libro muy lindo, del que los historietistas uruguayos pueden estar orgullosos de principio a fin. Repasemos.
La primera historieta es la de Leonardo Silva, una de realismo mágico, amor, sueños y rutinas, con un muy buen planteo y un dibujo no brillante, pero sí muy competente. La segunda me compró desde el título: “El Otoño es un Linyera Borracho”. Es una bizarreada muy cómica, muy delirante, escrita por Alceo, con muy buenos dibujos de Nicolás Rodríguez Juele. Muy divertida.
Las dos que no me terminaban de cerrar pero que tenían algún mérito como para entrar a la selección fueron, por un lado, la de Magnus y William Gezzio. Tiene ideas muy locas, muy extremas, buenos diálogos y un dibujo que atrasa 45 años, pero que no está mal. Y la otra fue la de Abel Alves (vimos un trabajo suyo el 12/08/13), una historieta muy rara, supuestamente inspirada en textos de Lovecraft, con un dibujo bastante precario y algunos hallazgos en la narrativa.
Me quedan tres historias alucinantes: una es la que escribió Nacho Alcuri (uno de los protagonistas de La Saga de Nueva York), con los impactantes dibujos de Santiago Vecino. Es una historia muda, un gran truco de magia narrativa basado en las transiciones, concebido por Alcuri para que se luzcan los dibujos de Vecino. Una belleza. Como en Novelas Ejemplares (reseñado la semana pasada), acá tenemos una historieta escrita por Roy y dibujada por Maco, y de nuevo es una de las mejores del tomo. Gran puesta en escena (con la “cámara” inmóvil durante los 32 cuadros que tiene la historia), grandes diálogos, mejores silencios, una muy buena idea y un dibujo sumamente cuidado, mucho menos sintético que en otros trabajos de Maco. Y cierro con una de Gabriel Ciccariello, aquel autor que tanto me cebó con su aporte a Verano, esta vez en blanco y negro, menos jugado al preciocismo visual y más a la solvencia narrativa, también con excelentes diálogos y un gran final.
Aclaro (por si hiciera falta) que a mí me dieron las 13 historietas sin decirme quiénes eran los autores, como para que no pesara en la decisión la amistad que uno tiene con autores como Nacho Alcuri, Roy o Maco. O sea que capaz que dejé afuera historietas escritas o dibujadas por otros historietistas uruguayos de los que soy amigo. Y otra cosa que vale la pena aclarar es que, en el promedio de las 13 historietas, noté un mejor nivel en los guiones que en los dibujos, contrariamente a lo que suele suceder en cualquier antología de historieta latinoamericana actual. De alguna manera, tanto en los guionistas como en los autores integrales de AUCH, se ve una calidad de textos y un manejo de las estructuras narrativas que los hace destacarse por encima de la gran mayoría de los artistas que sólo dibujan. Rarezas historietísticas del país hermano.
Este año sale Invierno, la tercera antología temática de AUCH, y el trabajo sucio de “filtrar” historietas lo hizo mi amigo Andrés Valenzuela. Ya nos enteraremos qué eligió, cuando consiga el libro.

sábado, 6 de septiembre de 2014

06/09: SUPER CROOKS

Otra vez Mark Millar se pone a pensar en el viejo y trillado concepto de los supervillanos y le encuentra una nueva vuelta de tuerca. En realidad, dos. Por un lado, Super Crooks plantea algo que en los universos heroicos de DC y Marvel rara vez sucede: villanos con poderes capaces de trabajar en equipo, de establecer vínculos solidarios, afectivos, de respetar códigos y no cagarse entre ellos para cumplir un objetivo común. Son chorros, les cabe la violencia, si tienen que matar a alguien lo matan, pero no son unos sádicos hijos de puta que se excitan pensando en exterminar a la humanidad de la faz de la tierra, ni mucho menos. Y por el otro lado, saben hacer las cuentas. Calculan que en un país donde no hay superhéroes, es mucho más difícil que estos se interpongan entre ellos y la consecución de sus planes.
Unidos y organizados, los villanos de Millar (con no pocos puntos de contacto con la Rogues Gallery de Flash) se van a España a concretar el choreo de sus vidas. Por qué, cómo, a quién le afanan, cómo les va, son detalles menores. La buena idea, la que convierte a Super Crooks en una historieta entretenida y ganchera, es la que acabo de sintetizar. Después hay cosas que ayudan, que la maquillan y la ponen linda. La extensión, por ejemplo, apenas 106 páginas como para que el guionista no pueda boludear, ni irse por las ramas, y cuente todo con mucho ritmo. En realidad, si nos ponemos en ortivas, esto dura exactamente lo mismo que duraría un largometraje, porque obviamente Millar pensaba convertir esta idea en una película. Pero igual es un mérito, porque es algo que hace más placentera la lectura.
También están buenísimos los diálogos, los guiños sutiles a personajes de Marvel y DC, el equilibrio entre el chamuyo y la acción y el uso ingenioso de los superpoderes de estos villanos. También algo que si leíste mucho a Millar quizás ya te llene un poquito las pelotas, que es esa impronta deconstructivista según la cual detrás de todo superhéroe enmascarado se esconde un facho pasado de rosca, un perverso, un pedófilo o un economista neoliberal de los que van siempre a TN. Yo leí mucho a Millar pero por suerte eso no me produce mayor rechazo. De alguna manera, aprendí a tolerarlo. Y me doy cuenta de que es importante para la trama que haya un nivel importante de corrupción entre “los buenos”.
El dibujo es obra de Leinil Yu, el virtuoso filipino que fascina a la hinchada con su trazo elelgante, y a la vez muy idóneo para dibujar machaca. Yu sobredibuja a lo pavote, se esfuerza mucho por darle realismo al mundo de los héroes y los villanos, pero por lo menos no afana fotos a lo pavote. Sus primeros planos son muy elaborados, ricos en detalles que seguramente están basados en fotos, aunque sin esa frialdad que se ve en los primeros planos de un J.H. Williams, o del Tony Harris de Ex Machina. La elegancia del trazo de Yu contrasta abierta, y supongo que intencionalmente, con las salvajadas que le hace dibujar Millar. Acá hay escenas de extrema violencia, con la sangre y el gore al palo, como esa en la que los hermanos Diesel combaten en un ring contra Robocock y Doctor Dicktopus, o cuando Gladiator despacha de una piña a Praetorian. Lo interesante es que estas escenas zarpadas, de altísimo impacto, están muy bien mechadas con otras más intimistas, en las que Yu (sin tener un manejo de los climas digno de ser destacado) puede pensar de otra manera la narrativa y no quedarse en el festival de la sangre y las mutilaciones.
Breve, concisa, ingeniosa, bastante original, bien planteada, bien resuelta, muy bien dibujada, Super Crooks no es la gloria, ni marca un antes ni un después de nada, pero se la recontra-banca. Es un muy digno entretenimiento, al que si leíste bastante comic de superhéroes le vas a encontrar subtextos copados, puntitas que te van a dejar pensando. Antes de que algún tarado de Hollywood la haga mierda, entrale con confianza a esta atractiva propuesta de Mark Millar y Leinil Yu. Y si está muy cara, choreátela.

viernes, 5 de septiembre de 2014

05/09: EN BLANCO Y NEGRO

Gracias al generoso aporte de un par de amigos, estoy cerca de tener todos los libros que me ceban de la recordada colección de Grandes Humoristas Argentinos que lanzó Hyspamérica hace unos 25 años. Tengo tres tomos nuevos y hoy empiezo por el dedicado a la obra del maestro Alfredo Grondona White.
Primero lo más flojo: la selección abarca pocos años en la carrera del autor. Grondona White empezó a publicar con asiduidad alrededor de 1972 y este libro salió en 1989. Sin embargo, todo el material que se recopila es del período 1982-1987. Son años maravillosos en la carrera de Grondona White, pero hubiese estado bueno mechar con algo de lo anterior, para ilustrar de alguna manera la evolución del autor.
Por lo demás, este libro se parece mucho al que editó la Duendes hace unos años (lo vimos acá el 14/02/12): tiene tres historietas propiamente dichas, con relato secuencial clásico (ahí se destaca ampliamente la desopilante Cómo Perder un Día por Día), y el resto consiste básicamente en esos “ensayos ilustrados” que hacía Grondona White para la revista Hum®, en los que clavaba su escalpelo en un tema de la vida cotidiana, obviamente en clave de joda.
Esto es medio difícil de explicar, porque en Argentina nadie lo practica hace muchos años, y el lector argentino promedio perdió contacto hace décadas con la revista Mad, donde lo hacen todo el tiempo. Pero la fórmula de estos “ensayos ilustrados” es más o menos así: Grondona White planteaba un tema de la vida diaria (inseguridad en los colectivos, se enfermó mi mujer, cincuentones con parejas veinteañeras, padeceres en el micro de larga distancia…) y lo desarrollaba en seis viñetas por página, independientes entre sí, que podían leerse en cualquier orden, y que tenían por un lado un dibujo bien de comic, con globos de diálogo y todo, y abajo un texto que reforzaba, ampliaba o complementaba lo que sucedía en la viñeta. Más adelante, el rosarino simplificaría la fórmula para presentar cinco o seis dibujos por página, sin enmarcar dentro de la viñeta, sin fondos y muchas veces sin diálogos, solo con textos al pie que describían y complementaban a las imágenes.
Todo esto no alcanza ni remotamente para explicar la gracia, el poderosísimo efecto cómico que lograba Grondona White en estas páginas, gracias a su increíble sentido de la observación, su oído único para los diálogos, la mala leche de sus textos y la soltura y la expresividad de sus dibujos. No me quiero extender mucho sobre esto último, porque ya hablé bastante del dibujo del ídolo en la reseña ya citada. Pero sí en lo de lo efectivo de su humor y lo despiadado de su mirada para con la vida diaria de la clase media urbana que (sobre) vivía en nuestro país en los ´80. Pocos artistas, de la rama del arte que sea, sintonizaron tan bien y retrataron de modo tan afilado la vida del argentino medio(cre) como Grondona White. Del bondi a la oficina, de la cama a la playa, del supermercado al restaurante, todos los ámbitos en los que transcurre la vida diaria son analizados por la lupa inmisericorde de un autor que sintetizaba en su trazo finito la enorme complejidad y el patetismo extremo de la vida de nuestra clase media urbana.
Además hay que rescatar la vigencia de estos “ensayos ilustrados” , escritos y dibujados en épocas en las que no existían los celulares, ni internet, ni la tele por cable, ni muchísimas otras cosas que hoy son parte de la vida cotidiana. Sin embargo el humor de Grondona White, leído hoy, funciona en dos niveles: el de “qué hijo de puta, escribió esto hace 30 años y es tal cual lo que sigue pasando hoy”, y el de “uy, ¿te acordás cuando se fumaba a full en los micros, los restaurantes y las estaciones de subte?”. Y además hay joyas, genialidades que nos van a hacer mear de risa siempre, como las gloriosas tres páginas de Los Chicos Haciendo Cosas de Grandes, con 14 viñetas con las que se podrían hacer 14 magníficos episodios de South Park.
Dibujante de raza, narrador nato y humorista del mega-carajo, siempre conviene revisitar a Grondona White. De hecho, el otro día vi barato aquel viejo recopilatorio de El Dr. Piccafeces y me lo compré, para ir completando la bibliografía del maestro. Pronto se vienen más libros de la colección de Hyspamérica, acá en el blog.