el blog de reseñas de Andrés Accorsi

miércoles, 17 de diciembre de 2014

17/12: JOE KUBERT PRESENTS

Este masacote de más de 300 páginas reúne los seis números de Joe Kubert Presents, una antología coordinada por el veterano maestro, que se empezó a publicar días después de su fallecimiento, en Agosto de 2012. Por suerte Kubert y sus asistentes habían empezado a trabajar en 2009, con lo cual para la muerte del maestro estaban terminadas casi todas las historietas que componen la antología. Veamos qué hay.
El primer golpe que nos asesta el Viejo Joe es una historieta de 22 páginas en las que reformula el origen de Hawkman y Hawkgirl y nos cuenta una nueva versión de cómo llegan a la Tierra y cuál es su misión en este planeta. Obviamente esto no es parte de ninguna continuidad, pero es notablemente mejor que el origen de los ´60. Kubert escribe, dibuja, entinta y colorea una historia bellísima, que gana fuerza con el correr de las páginas y llega a un final que le hubiese encantado dibujar a Burne Hogarth.
Casi de keruza, de a poquitas páginas por número, Kubert también nos cuenta la historia de Spit, un chico huérfano, sumido en la miseria, que terminará embarcado en un buque ballenero de los que surcaban los mares a mediados del Siglo XIX. Se nota que es una historia pensada para muchas más páginas y que el maestro apenas logró esbozarla. Tiene un tono bien decimonónico, de novela de Charles Dickens, y casi todas las páginas están resueltas sin tinta, sólo con lápiz y algún efecto de iluminación logrado con témpera blanca. Visualmente esto es majestuoso, desde la reconstrucción de época hasta la expresividad a flor de piel que nos transmite ese lápiz bien crudo, bien salvaje.
En 1983, Kubert planificó una maxiserie de 12 números para DC que se anunció, pero jamás salió. Cuando el maestro la abandonó para concentrarse en otros trabajos, tenía tres episodios de The Redeemer terminados y acá por fin los podemos leer, más de 30 años tarde. El guión está bien, tiene una estructura muy clásica, barnizada con alguna idea más loca, algún vínculo sutil con el DCU y algún concepto que trasciende la mera aventura del bueno que le gana a los malos. Y el dibujo (de nuevo) te descoloca la mandíbula. Son 70 páginas al recontra-palo, con el Viejo dejando la vida en cada viñeta y en cada secuencia.
El Sargento Rock no podía faltar, y Kubert dibuja (como los dioses) una breve historia escrita por Paul Levitz, que funciona como doble homenaje: a los caídos en el Día D, y al propio Rock, como ícono del comic bélico.
Otro unitario lindo es The Biker, 13 páginas escritas y dibujadas por el prócer, que no desentonarían en una antología de terror, misterio o suspenso como las que cada tanto publica Vertigo.
Después hay otros dos unitarios cortitos, co-escritos por Kubert. The Ruby es una especie de pre-Secret Origin de Sargon the Sorcerer, muy raro, con muy buenos dibujos de Henrik Jonsson. Y finalmente, las 8 paginitas de Devil´s Play (co-escritas y dibujadas por el notable Brandon Vietti) funcionan como homenaje de Kubert al glorioso Jack Kirby, con Kamandi y Etrigan como protagonistas.
Y además de lucirse como guionista, dibujante, colorista, etc., el maestro Kubert invita a jugar a su revista a otros dos artistas a los que tiene en alta estima. Uno es Brian Buniak, un historietista muy dotado para la sátira al estilo MAD de los ´50. Buniak aporta una historia larga y dos cortitas de Angel and the Ape, una extraña comedia detectivesca surgida en los ´60, siempre en las márgenes del “canon oficial” del Universo DC. Y funciona, es todo muy gracioso y te deja con ganas de leer más.
El otro invitado es el veterano Sam Glanzman, habitual colaborador de las revistas bélicas en la época en las que Kubert era el coordinador. Glanzman explora dos vertientes: comics documentales repletos de data sobre barcos, submarinos y batallas de la Segunda Guerra Mundial (con el dibujo muy subordinado a extensos choclos de texto) y comics autobiográficos donde narra sus propias experiencias como marinero en un buque de guerra yanki durante dicho conflicto. A pesar de algún golpe bajo (y de un dibujo por momentos precario), estas últimas historias son realmente fuertes, impactantes y conmovedoras.
Aventura clásica de alto vuelo, misterio, guerra, comedia, drama, twists extraños a los orígenes de algún superhéroe… esto tiene de todo menos obviedades. Y como casi todo está dibujado a un nivel altísimo, por uno de los grandes maestros de la historia del Noveno Arte, hay que tenerlo, de una.

martes, 16 de diciembre de 2014

16/12: QUIMERA Vol.1

Otra vez la ciudad de Rosario se convierte en cuna de un antología con autores nuevos, o sin mucha trayectoria en los medios de alcance nacional, y con historietas centradas en los géneros más clásicos. La principal diferencia entre Quimera y la ya consagrada Términus es que esta nueva publicación apuesta por historietas más extensas. En 64 páginas tenemos sólo cinco historietas y eso permite que cada una tenga más espacio para desarrollarse. Veamos cómo lo aprovecha cada uno de los autores que participan de la antología.
Abre el juego José Ballester, con una historia extraña, inquietante, que no sé si termina ahí o si es el primer episodio de una serie pensada a largo plazo. La trama da pie a varias secuencias de alto impacto, pero este se diluye un poco porque la faz gráfica no está demasiado cuidada. Ballester tiene un estilo basado en el trazo fiinito del plumín, y por momentos la historieta se ve desprolija, parece de un fanzine. Y te digo más, de un fanzine de los ´80, cuando estaba de moda copiar las rayitas y las tramitas de Moebius y Enki Bilal.
La segunda historieta, en cambio, nos muestra a Bruno Deambroggi en un trabajo increíble en términos de línea, de planificación de la página, de equilibrio entre blancos, negros y grises, con la espacialidad de las viñetas muy pensada y muy lograda, y con el desafío de contar una historia en 15 páginas sin textos. Ahí es donde derrapa: el guión no llega hacerse confuso, pero sí muy simple y –por ende- muy aburrido. Urgente un guionista para este muchacho, que no debe desperdiciar su amplio talento como dibujante en historias que no van a ningún lado.
Una Cena Celestial es la única historieta con guionista (César Libardi) y tiene sólo ocho páginas, dibujadas con bastantes altibajos por Nicolás Zuliani. Este dibujante trabaja bien el claroscuro, aplica bien los grises y arma bien la página. Su punto realmente alto son los primeros planos de los personajes, y cuando lo sacás de ahí, cuando tiene que narrar con planos largos, o con ángulos un poquito más complicados, muestra muchas limitaciones. La historieta es una comedia con visos sobrenaturales, muy efectiva, con los mejores diálogos de la revista y con personajes a los que espero volver a ver en el Vol.2.
La historieta más corta, con sólo siete páginas, es la que tiene los mejores dibujos, obra del Zorro Re, un autor con muchísimos años de militancia en el under y bastante trabajo publicado en el exterior. Acá hay un gran diseño de personajes, fondos trabajadísimos, la acción bien planificada y unas texturas logradas con grises realmente impactantes. Sospecho que es un trabajo realizado a color y luego pasado a blanco y negro y si es así: 1) quisiera verlo a color, aunque sea en un sitio web, porque debe ser aún más alucinante y b) no se sufre para nada el traspaso a grises. ¿El guión? Olvidate. Es cualquiera, una mera excusa para ver a estos guerreros antropomórficos en acción. Si traen un guionista para Deambroggi, tráiganle uno también al Zorro.
La última historia está a cargo de Mauro Bueno, que dibuja bastante bien hasta la última página donde –no sé por qué- se cae y comete errores muy básicos. Tampoco entiendo por qué le pareció interesante o gracioso que todos los textos (incluso los diálogos) estén en verso. La verdad, a mí me resultó incómodo y hasta torpe, porque la métrica de los versos suele estar mal.
Como complemento, una buena entrevista de Leandro Arteaga a Quique Alcatena, y that´s all, folks. Para ser un número uno de una propuesta nueva, no está mal, pero hay muchas cosas para mejorar. Lo primero y fundamental es romper la trampa del amiguismo: que publiquen los mejores artistas a los que tengan acceso, no los amigos, o los que ponen plata para pagarle a la imprenta. Esto se ve bien, el papel es excelente, está bien impreso, encuadernado con lomito… no desaprovechemos estos recursos publicando material mediocre sólo para satisfacer vanidades. Si subimos la apuesta en la presentación, subámosla también en la calidad del material que se publica. Y para eso son fundamentales los guionistas. Una historieta con guionista y cuatro escritas por los dibujantes es una proporción suicida, casi una garantía de que nos vamos a morfar un par de sapos por número. Hace poco salió el Vol.2 y la verdad es que no me fijé si sumaron guionistas, o autores más conocidos, o si retoman algunas de las historias de este Vol.1 que claramente daban para más. Ojalá con el correr de los números Quimera encuentre un rumbo que le permita combinar buena calidad en las historietas y buena repercusión en el público, que es algo indispensable para que un proyecto se sostenga y pueda crecer.

lunes, 15 de diciembre de 2014

15/12: EAST OF WEST Vol.1

Y ayer festejamos, nomás, después de 13 años de sequía. No me quiero extender sobre esto, pero fue muy emocionante. Le mando un abrazo a todos los lectores de este blog que comparten la pasión racinguista y ahora sí, vamos a la reseña.
Casualmente se trata de la obra de un yanki hincha de River, dignísimo subcampeón. East of West es uno de los tantos kioscos que se armó Jonathan Hickman en Image, algo imprescindible para que nunca falten los proyectos creator-owned entre tanta producción digitada por los intereses corporativos de Marvel y Disney. Es la primera vez que me engancho con una creator-owned de Hickman, por un motivo muy simple: excepto East of West, todas sus series “de autor” tienen dibujantes de lesa humanidad, crotos impresentables que dibujan peor que yo parado, arriba de un 151 repleto.
Por eso quiero empezar hablando bien de Nick Dragotta, el camaleón, el hombre de los mil estilos, a quien ya vimos jugar de suplente en varias series que reseñamos acá en el blog. Para este proyecto puntual, Dragotta acomoda la línea para parecerse a Fiona Staples y le termina saliendo una mezcla bastante atractiva entre la canadiense y Peter Snejberg, el gran danés. Dragotta se luce sobre todo en el manejo del claroscuro (como Snejberg) y en el diseño de naves, fortalezas, armas y demás chiches tecno que abundan en esta saga, porque la ambientación elegida es una hábil mezcla entre western y ciencia-ficción. Y lo más flojo es un vicio heredado de Staples, que son las infinitas viñetas sin fondos. El colorista Frank Martin trata de llevar la estética para el lado de la canadiense, excepto en una secuencia (gloriosa) en la que parece poseído por Juan Giménez y pela –como si fueran novedad- recursos que el mendocino ya manejaba de taquito en los ´80. Pero se ve todo lindo, no hay mucho para criticar en este aspecto y menos si comparamos a East of West con las otras obras de Hickman en Image.
El guión arranca tranqui. Al principio, parece la enésima historia centrada en los cuatro jinetes del Apocalipsis, pero con rasgos más humanos, de tipos y minas “normales”, algo que ya hicieron demasiado bien Neil Gaiman y Terry Pratchett en Good Omens como para volver a insistir sobre lo mismo. Por suerte, esto no es “lo mismo”. Con el correr de las páginas Hickman despliega dos variantes muy atractivas: por un lado, sacarle mucho el jugo a esta ambientación rara, a este futuro en el que EEUU volvió de alguna manera (que ya se explicará, o no) a la época de los westerns, pero con tecnología futurista. Y por el otro, empieza a incorporar personajes y a mostrarnos de qué juega cada uno en este partido complicado, chivo, en el que se mezclan entidades de inmenso poder, fuyeros, fanáticos religiosos, maestros de la runfla política, hechiceros ancestrales, mercenarios de poca monta y genocidas a escala planetaria.
Dentro de este amplio y promisorio elenco, hay personajes apenas explorados, un par que pintan para tener roles importantes más adelante (Archibald Chamberlain, claramente) y uno que de a poquito se morfa la saga: Xiaolian, la princesa de la dinastía de Mao que conquistó a la Muerte en un sentido distinto al que te imaginás. En el segundo tramo del TPB, Xiaolian cobra una fuerza increíble y nos demuestra que Hickman, además de ser grosso a la hora de volar, de generar ideas grandilocuentes y conceptos originales, también sabe darle humanidad a los personajes y convencernos de que, a pesar de los poderes, los implantes cibernéticos o lo que chota sea, son casi seres de carne y hueso. Todo esto, obviamente, mediante hermosos diálogos y conmovedores silencios, e incluso con bloques de texto, porque le permite a los distintos personajes hacerse cargo, alternativamente, del relato en off.
Por la magnitud de los conflictos que se empiezan a delinear en este tomo, se me ocurre que Hickman pensó a East of West como una serie corta, como para durar no más de 25 episodios, o cinco TPBs. No la veo durando 75 episodios, ni a palos. Pero bueno, Lucifer duró más o menos eso con conceptos más zarpados, así que puede pasar cualquier cosa. Por ahora, East of West me enganchó y quiero más. Tengo el Vol.2 acovachado para leer el año que viene y en cuanto pueda me compro el Vol.3. La serie va por el n°16 en EEUU, así que con un tomo más ya estoy virtualmente al día. Si sos fan de Jonathan Hickman, dale una oportunidad, que no te va a defraudar. Esto es heavy, intenso, por momentos muy violento, con giros muy impredecibles y con todo para ser una obra realmente memorable.

domingo, 14 de diciembre de 2014

14/12: DR. MORTIS Vol.8

Como hace dos domingos, hoy me importa muy poco todo lo que no tenga que ver con el partido de Racing. Pero bueno, vamos a hacer de cuenta que esto no es así, y a reseñar con el mayor decoro posible el librito que empecé ayer y terminé hace un rato.
Como lo prometido es deuda, vuelvo a meterme con este clásico de la historieta chilena, a través del material recuperado por el sello Unlimited para esta serie de libritos coleccionables aparecidos hace unos años. Este Vol.8 me sorprendió un par de veces, así que vamos a explorarlo.
En primer lugar, aparece la que pareciera ser la más antigua de las tres historietas del libro: Requiem para el Doctor Mortis, escrita por Juan Marino (creador del personaje) y dibujada por Máximo Carvajal. Esta es una historia importante, canónica, porque nos cuenta cómo finalmente un grupo de científicos y el padre Libby logran sacarse de encima de manera definitiva al siniestro Doctor Mortis. Contra todos los pronósticos, acá el diabólico protagonista pierde la partida y se esfuma de la faz de la Tierra. De hecho, cuando vuelva en las secuelas que vimos el año pasado (In Absentia, Eterno Retorno e In Nomine) volverá de donde lo mandan en esta historia. Hay que decir que el guión de Marino tarda en arrancar: da muchas vueltas, pierde tiempo en protocolos y chamuyos innecesarios hasta que finalmente todo pasa en las últimas 5 páginas; y pasa de tal modo que vuelve totalmente irrelevante a lo que pasó en las 18 anteriores. Carvajal, por su parte, está considerado uno de los grandes maestros del comic chileno de aventuras, y sin embargo su estilo me resulta soso, derivativo, sin rasgos originales y por momentos incluso un poco torpe. Acá, además de esa falta de rasgos de estilo, sufrimos decisiones muy cuestionables en el armado de la página, en la organización espacial de las viñetas, los globos y los bloques de texto, que a veces nos confunden y no se entiende cuál es el orden en el que hay que leerlos.
La segunda es una historia corta, de 13 páginas, en las que la guionista Eva Martinic nos cuenta una típica historia de misterio y suspenso, con una bruja, una maldición gitana y una serie de tragedias que se ciernen sobre un avechucho que se quiso pasar de listo. No es un planteo muy original, pero es sólido y está bien contado. Lo más loco es que no tiene absolutamente nada que ver con el Dr. Mortis. Podría haber aparecido en esta revista como en la House of Mystery de DC, o en la Shock SuspenseStories de la E.C.. El dibujo está a cargo de Manuel Cárdenas, otro dibujante de estilo clásico sin rasgos distintivos, muy en la línea de lo que se veía a mediados de los ´70 en las revistas de Columba. Veo un par de dibujos copiados de viñetas de Ricardo Villagrán, y hasta un dibujo repetido, que por suerte es un primer plano bastante bien logrado de la protagonista femenina.
Y terminamos con La Calle de la Morgue, otro guión de Eva Martinic, esta vez desarrollado en 28 páginas que se hacen eternas. La historia (un refrito del famoso cuento de Edgar Allan Poe) está estiradísima, repleta de textos y hasta de personajes que no aportan nada. Pero también tiene una sorpresa: aparece un personaje que tenía todos los números para ser el Dr. Mortis encubierto, y sin embargo no sólo jamás llega la revelación de que este tipo en realidad es Mortis, sino que ni siquiera juega para el bando de los malos! ¿Cuál es el contacto entre esta historia y la saga del demoníaco doctor? Ninguno. Ah, y también hay un personaje llamado “Doctor Morgue”, igual que el de aquel breve clásico de 1959 de Oesterheld y Breccia. El dibujo es obra de Manuel Ahumada, sin dudas el más flojo de los tres dibujantes de este tomo, que no comete errores en la narrativa porque no arriesga nunca. En la biografía que nos ofrece el librito dice que Ahumada se dedicó a pintar cuadros al óleo de paisajes de Quillota, su cuidad natal. Y lo bien que hizo. Como historietista no era desastroso, pero no tenía mucho para aportar.
En fin, un tomo del Dr. Mortis con muy poco Dr. Mortis, supongo que porque se suponía que el Vol.8 iba a ser el último y después, a raíz del éxito de la colección, se decidió publicar algunos tomos más. En ese caso, era coherente cerrar con la crucial Requiem para el Doctor Mortis, y complementar con historias en las que no reapareciera el personaje. Me queda para leer un tomito más, quizás antes de fin de año.

sábado, 13 de diciembre de 2014

13/12: THE MASSIVE Vol.2

Segundo tomo de esta serie de Brian Wood, cuya primera entrega vimos el 26/03/14. A lo largo de otro seis episodios, acompañamos al capitán Callum Israel y al resto de la tripulación del Kapital, que siguen navegando los mares de este mundo devastado en busca del Massive, el barco perdido que emite misteriosas señales.
El núcleo central de la trama es ese: un barco persigue a otro y no lo puede encontrar, ni obtener puebas contundentes de que está ahí, donde parece estar. Con esa consigna, Wood mueve a los tripulantes del Kapital por un planeta Tierra que todavía no termina de reacomodarse luego de una serie de cataclismos climáticos naturales, conocidos como “el Crash”, que cambiaron drásticamente los mapas y sobre todo la organización socio-económica de casi todos los países. Como en DMZ, más que héroes o villanos Wood nos presenta sobrevivientes, tipos y minas con pasados bastante turbios, pero con la mente puesta en aguantar, en seguir vivos en medio de un contexto hostil. Esta vez la situación anómala no se acota a una ciudad, sino al mundo entero. Por eso el ritmo de The Massive es más pausado, porque las distancias entre un lugar y otro (y por ende, entre una eventual peripecia y otra) son más grandes.
De todos modos, Wood tiene un Plan B para compensar la falta de acción, o de ritmo más aventurero, y se apoya muy bien en dos recursos: por un lado, en la indagación en este mundo post-Crash; y por el otro, en escarbar en el pasado y en la psiquis de este complejo elenco protagónico, que en vez de expandirse se achica, de modo que cada personaje tiene cada vez más peso específico en la trama. Quizás lo que menos me cierra de The Massive sea ese tono tan melancólico, tan crepuscular, donde no hay margen para la más mínima chispa de humor, donde entre los tantos recursos que escasean, escasea tremendamente la esperanza. Es una serie muy bien pensada, muy bien escrita, pero que obviamente no es para cualquier tipo de lector, porque hay que estar preparado para bancarse el ritmo parsimonioso al que avanza la trama, la bajada de línea ecologista y política de Wood y –lo más espeso- esto que señalaba yo recién del clima tan opresivo, tan depresivo, tan claustrofóbico a pesar de que casi todo transcurre al aire libre.
Como ya es costumbre en las series de Brian Wood, acá no tenemos un dibujante titular, sino que va cambiando en cada arco argumental e incluso en cada episodio unitario. Este tomo arranca con la trilogía de Subcontinental, en la que el dibujante es el correcto Garry Brown, a quien ya descubrimos en la segunda mitad del Vol.1. El combo entre Brown y el colorista Dave Stewart es muy efectivo, con marcadas reminiscencias de grandes dibujantes como John Paul Leon o Tommy Lee Edwards, obviamente sin llegar a ese nivel. La segunda mitad de este tomo ofrece tres episodios unitarios, todos con distintos dibujantes: en el primero lo tenemos al maestro británico Gary Erskine, hábil como siempre en el estilo realista, aunque quizás muy jugado a los primeros planos. En el segundo unitario lo tenemos a Declan Shalvey, un dibujante muy interesante, dueño de una línea muy dúctil, de excelentes recursos narrativos, una especie de Guy Davis sin esa obsesión por las rayitas, las texturitas y los detalles. Y en el episodio que cierra el tomo me reencuentro con un ídolo al que por suerte Wood siempre tiene en cuenta para todos sus proyectos: el croata Danijel Zezelj, titán del claroscuro, que acá pone todo lo que sabe en materia de anatomía, iluminación e integración de la referencia fotográfica para brindarnos las 22 páginas mejor dibujadas de esta entrega de The Massive. Mientras los demás dibujantes son genéricos, clásicos, Zezelj es absolutamente personal, inmediatamente identificable, porque no renuncia jamás a sus rasgos estilísticos que además son muy fuertes, muy poco frecuentes en el mainstream yanki.
Y bueno, vamos por un tomo más. Todavía no compré el Vol.3, pero está en la hit list para ver si lo capturo durante 2015. Repito: The Massive no es para cualquiera, pero si sos fan de Brian Wood, re-da para seguir haciéndole el aguante, a ver cómo se resuelven los conflictos que se plantearon en estos primeros dos tomos.

viernes, 12 de diciembre de 2014

12/12: PERRAMUS Vol.3

Allá por el 2006, cuando De la Flor editó en Argentina el Vol.4 de Perramus, no sentí la necesidad de releerlo, porque hacía poco que lo había conseguido en francés y me lo re-acordaba. De hecho, cuando escribí la reseña (16/07/10) apenas si lo repasé. En 2013, cuando salió el tomo con las dos primeras aventuras, tampoco me dio para releerlo, porque la tenía bastante presente y me acordaba que era el tramo más denso, más bajonero de la saga. Y este año, cuando apareció el Vol.3, dije “este sí, me dan muchas ganas de releerlo”. Lo había leído una sóla vez, a principios de los ´90, cuando se conseguía con bastante facilidad la edición española, y me acordaba una sola cosa: que era una aventura con mucha rosca política y con un clima de sátira por momentos filosa y por momentos más grotesca.
Me encontré con una joya, mucho mejor de lo que yo recordaba. Realizada entre 1986 y 1987, esta aventura encuentra a la dupla integrada por los maestros Juan Sasturain y Alberto Breccia MUY afianzada, muy canchera. La Isla del Guano sorprende por muchos motivos, y creo que el más notorio es cómo los autores se animan a cambiar un poquito el registro y a jugar un poco más con la farsa, con la comedia llevada al extremo. El guión está lleno de frases magníficas, muchas calzadas con punzante ironía por el glorioso Jorge Luis Borges (personaje importantísimo en la saga de Perramus y acá justo ganador del Premio Nobel que los pecho frío de la Academia Sueca nunca le dieron en el mundo real), muchas directamente en joda, buscando la sonrisa cómplice del lector. El bajón, la onda ominosa y sombría de las dos primeras aventuras, afloja un poquito y persiste –por momentos- en el dibujo de Breccia. El guión de Sasturain, en cambio, está más suelto, más libre, más cercano al estilo que muestra el maestro en sus cuentos y novelas.
Básicamente, La Isla del Guano lleva a Perramus y sus amigos a un pequeño país periférico (clásico enclave cuya economía depende exclusivamente de la producción de UNA materia prima y del buen humor de los clientes del Primer Mundo) que se debate entre ser “un país cirquero o un país de mierda”. Hay un gobierno títere que responde a los intereses de las empresas yankis, un viejo caudillo casi en el exilio y –un elemento genial, del que me había olvidado por completo- una resistencia al régimen liderada por acróbatas, malabaristas y payasos, que quieren que la isla vuelva a ser un gran circo. Con esos elementos, Sasturain logra urdir una trama llena de acción, con intriga palaciega, un romance a contramano, tiros y piñas a rolete y una apoteótica lluvia de mierda, que no puede sino recordarnos a la de No Habrá Más Penas Ni Olvido, la cautivante novela de Osvaldo Soriano.
A mitad de camino entre la metáfora socio-política con cierto vuelo poético que desplagara Carlos Trillo a fines de los ´70 y principios de los ´80 y la militancia in-your-face, con ínfimo camuflaje, que se veía en las obras setentosas de Héctor Oesterheld, La Isla del Guano te invita a vibrar con una aventura clásica, a pensar en las turbias movidas políticas tan típicas del Tercer Mundo y a reirte un poco de estos estereotipos llevados al terreno de la caricatura por un Sasturain que, claramente, tenía más ganas de divertirse que de seguir penando por las atrocidades que le tocó presenciar durante la dictadura militar.
Y el dibujo del Viejo Breccia… la verdad que es indescriptible. El de los ´80 es el Breccia que a mí más me gusta, así que imaginate. Acá el genio de Mataderos se fuma páginas con muchas viñetas, en las que quizás su dibujo no se luce tanto, y deja la vida cada vez que le toca narrar una secuencia muda, como la que cierra el capítulo V. En las páginas de pocos cuadros, Breccia suelta las riendas y sale a impactar como sólo él podía hacerlo, con esos trazos blancos sobre fondo negro, esas texturas aplicadas con collage, esas aguadas, esas manchas, esas composiciones, esas onomatopeyas… Breccia ya había dibujado aventuras, historietas con fuerte contenido político y relatos satíricos, pero no todo junto en una misma historieta! Y acá logró acoplarse con maestría al viraje que le propuso Sasturain, aunque el guionista siempre recuerda que al Viejo no le causaba gracia este tono más “ligero” en las historias de Perramus. Como sea, estamos hablando de 104 páginas impresionantes, en la que se ve al maestro en pleno uso de sus facultades narrativas y expresivas, y que hasta se anima algo que escasea en su obra, que es un personaje femenino 100% sensual y atractivo. A diferencia de otras reediciones recientes de la obra de Breccia, esta conserva el rotulado original, a cargo del gran Héctor Formento, letrista “titular” de las obras del Viejo durante varias décadas.
Trato de ser objetivo, pero no me sale. Banco a muerte a Perramus, la considero una de las dos o tres mejores historietas argentinas de la gloriosa década del ´80 y me alegra infinitamente que estas hermosas ediciones que sacó De la Flor hayan vendido tan bien y ganado tantos premios. Si sos fan de la historieta argentina, o de la historieta para adultos en general, no hay forma de recomendarte lo suficiente esta saga.

jueves, 11 de diciembre de 2014

11/12: FATALE Vol.4

Después de aquel Vol.3 “raro”, en el que Ed Brubaker jugaba a convertir a Josephine en una especia de “legacy heroine” y nos revelaba algunas secuencias clave de su enigmático pasado (ver reseña del 21/10/14), Fatale vuelve a la “normalidad” en este cuarto tomo, de nuevo con la fórmula de los dos primeros tomos. Eso quiere decir que, por un lado tenemos la secuencia que transcurre en el presente, con Nicolas Lash como protagonista, y por otro una secuencia en el pasado protagonizada por Josephine. Y al final, una revelación muy grossa que vincula de alguna manera las dos secuencias.
La última vez que lo vimos a Nicolas, estaba en cana por un crimen que no cometió, mientras que el misterioso manuscrito de su tío, Dominic Raines, había caído en manos de una editorial que lo había hecho público. Acá la cosa parece encarrilarse, aparece una luz como para escaparle al descenso y al final Brubaker nos recuerda que no, que este pobre pibe está meado por los perros, tiene menos culo que los Kennedy y está condenado a comerse todos los garrones del universo. Por ahora este plot avanza poco. No lento: poco, porque Brubaker le dedica pocas páginas por tomo. Pero uno ya sospecha que el reencuentro entre Nicolas y Josephine es inminente, que quizás se produzca en el Vol.5. Bah, digo yo… Hubo una historia de Jo en los ´50, una en los ´70, esta es en los ´90 y ahora tocaría llegar al presente. Capaz que me equivoco.
Como mencionaba recién, esta vez vemos a nuestra femme fatale favorita inmersa en el microclima tortuoso y conflictivo de una banda de grunge de los ´90, típico émulo de Nirvana y Pearl Jam, que pegó un par de hitazos pero se le acabó el envión del primer disco y también, empieza a mirar la tabla de los promedios. Acá hay un trabajo magnífico en el armado de los cuatro o cinco personajes que integran la banda y en la dinámica entre ellos, que por supuesto se va a ver drásticamente alterada por la llegada de Josephine. Estos personajes están realmente bien construídos, repletos de problemas, de contradicciones, pero a la vez muy vivos, muy reales, muy creíbles para cualquiera que entienda mínimamente cómo funcionó la escena grunge de Seattle tras la muerte de Kurt Cobain.
A esta dinámica habrá que sumarle el elemento característico de esta serie, que es el thriller sobrenatural. Pronto los músicos se verán enroscados en una trama de sexo, drogas y sangre que –obviamente- tiene que ver con Jo y con Bishop y su culto satánico, sus eternos perseguidores. Del asalto al banco más fácil de la historia al videoclip más erótico de todos los tiempos, Brubaker propone otra historia al límite, con muchos momentos de tremendo impacto, esta vez con una ambientación que nos resulta más próxima, con el protagonismo (y las desgracias) repartido entre más personajes, y con el misterio de Josephine y sus increíbles poderes siempre en el centro de la escena.
Por el lado del dibujo, tenemos como siempre a Sean Phillips en perfecta sintonía con lo que escribe Brubaker, esta vez arriesgando un poco más en la puesta en página, en las secuencias en las que Josephine (que arranca la aventura amnésica) empieza a recuperar sus memorias y Tom (el talentoso compositor de la banda) se ve aterrado por las suyas. Después, lo de siempre: la narrativa cristalina, clásica, a la que Phillips le saca un jugo riquísimo tanto en las escenas de acción, como en las de diálogo, que nunca se hacen densas ni aburridas. Y los climas: la adrenalina al palo del robo al banco, los garches, las lluvias que opacan casi siempre el cielo de Seattle, esa escena memorable en la que Jo se pone a bailar y el mundo entero pierde el control, las peripecias de Nicolas en el presente… todo está plasmado con mucha fuerza y mucha elegancia por el maestro británico, ahora con Elizabeth Breitweiser a cargo de sumarle colores al magistral claroscuro de Phillips.
Este tomo me resultó terriblemente adictivo. De hecho, arranqué a leer un capitulito antes de dormir y no pude apagar la luz hasta que no llegué al final del libro. Fatale es así, peligroso, ominoso. No es un comic que uno lee. Es un riesgo que uno asume. Y la verdad es que la paso tan bien leyendo (y traduciendo) Fatale, que me juego entero, no le tengo miedo a las consecuencias. Quizás haya caído yo también bajo el sugestivo embrujo de Josephine.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

10/12: INSUFFICIENT DIRECTION

Este libro me lo compré de cebado, porque quedé re-manija con Sakuran, el manga de Moyoco Anno que reseñé el 10/03/13. Pero Insufficient Direction no tiene nada que ver con Sakuran: ni la temática ni la estética se parecen. Esta es una obra autobiográfica, en la que la autora cuenta en clave de joda cómo es su vida cotidiana junto a su marido, Hideaki Anno, consagrado director de animé, famoso sobre todo por haber creado el hiper-hitazo Neon Genesis Evangelion. ¿Una comedia satírica autobiográfica, dibujada en un estilo más cercano al humor gráfico, con línea chunga y escasísimos fondos? ¿Qué carajo es esto?
Esto es una cátedra de Moyoco Anno, ni más ni menos. Olvidate del dibujo. Es un rubro en el que Moyoco deslumbra en muy contadas ocasiones, cuando deforma la realidad para mostrarnos las cosas tal como ella o su marido las imaginan, en contraste con lo que realmente sucede. En la hojeada general del ibro, el dibujo es cualquiera. No sólo no suma sino que -si venís esperando la línea compleja y sofisticada que vimos en Sakuran- capaz que incluso resta. Casi siempre te vas a topar con un dibujo feo, apurado, al borde del grotesco, pero totalmente funcional a lo que la autora quiere contar.
¿Y qué quiere contar? El Lado B de su marido, considerado por millones como un genio creativo. Acá, Hideaki Anno (apodado Director Kun) aparece retratado como un nabo atómico, un otaku mal cebado que no puede parar de comprar muñecos, mangas y DVDs de animé, que se la pasa citando diálogos enteros de sus series favoritas, que se sabe de memoria las letras de los openings de miles de animés, que colecciona hasta cinturones y brazaletes usados por actores de quinta en los tokusatsus más desgarradores de todos los tiempos, y que encima se baña poco y rara vez pone a lavar su ropa interior. Imaginate cómo debe ser convivir todos los días de tu vida con un energúmeno de esa categoría. Bueno, eso es lo que cuenta su esposa en este manga.
Por supuesto, las anécdotas que repasa Moyoco en cada uno de estos episodios de 6 páginas están barnizadas para que sean más graciosas. Algunos chistes los agregó el propio Hideaki, que se cagó de risa con la forma en que su mujer sacó los trapitos al sol y que -en un texto que complementa al manga- se hace cargo de ser un otaku hecho mierda para el cual la vida no tiene sentido sin una sobredosis permanente de manga, animé y tokusatsu. Lo más logrado lo encontré en esas secuencias en las que Moyoco no sabe cómo reaccionar ante las excentricidades de su marido: no sabe si resignarse, si convertirse ella también en una otaku cuasi-descerebrada, o si combatirlo, marcarle la cancha y tratar de encauzarlo para que se parezca un toque más a un tipo normal de más de 40 años. La mina por momentos engrana y lo quiere matar, pero después se acuerda que ella también es autora de manga, y que ama al manga, y entonces medio que lo entiende y le perdona que sea tan freak. Esa lucha interna de Moyoco está brillantemente plasmada.
Los diálogos son un delirio, repletos de referencias a todo este mundo en el que Hideaki está inmerso y en el que de a poco va sumergiendo a su esposa. Yo con algunos de mis amigos meto referencias comiqueras en cualquier lado, ellos me contestan con hechizos del Dr. Strange o con términos acuñados por Jodorowsky en La Casta de los Metabarones, y nos cagamos de risa. Pero es un rato, de vez en cuando. Estos dos enfermitos están así todo el santo día, en cualquier situación. Por suerte Moyoco no muestra a la pareja compartiendo escenas de sexo, pero uno supone que el limado de Hideaki debe hacer las poses y gritar las frases de Ultraman incluso mientras garcha.
Y al final, un postre maravilloso. La edición yanki de Vertical trae 30 páginas en las que Yasuhiro Kamimura y Ed Chavez diseccionan la obra viñeta por viñeta para brindarnos bocha de data acerca de TODOS los autores, series y personajes, ya sea de manga, animé o tokusatsu, de colecciones de coñemus, de parques de diversiones… de TODO lo que mencionan los dos Anno en el manga. Ahí hay tanta información que este libro no lo puedo clavar en un estante de la biblioteca. Lo tengo que tener siempre acá, en el escritorio, a mano, listo para consultarlo cada vez que me toque escribir sobre manga, animé o boludeces afines. Posta, vale la pena comprarse el libro sólo por los textos, aunque no te cebe la historieta.
Si sos de los muchos que compraron la imagen de Hideaki Anno como maestro de la imaginación, capo del animé y de la vida, acá vas a ver cómo desde el cariño y el amor, su esposa nos lo muestra de un modo totalmente distinto, en un manga atípico porque es 100% en joda y son pocos los mangas cómicos que se publican en Occidente. Y ya está. No más manga hasta el 2015, a ver si termino tan arruinado como “Director Kun”.

martes, 9 de diciembre de 2014

09/12: FABLES Vol.17

Y al final me clavé otro tomito de Fables. Que además me viene bárbaro, porque tengo poco tiempo para escribir y en este caso me ahorro todo el párrafo que habitualmente le dedico a los dibujantes.
Este libro trae un arco de cuatro episodios y dos unitarios. El arco central y el unitario de Navidad están dibujados por Mark Buckingham, ídolo absoluto, con una producción enorme que no va para nada en detrimento de la calidad. Y el unitario restante se compone de varias historias muy cortitas, algunas al filo del chiste largo, que quizás algún día tengan alguna conexión importante con alguna de las tramas centrales. Acá hay un mix de dibujantes, todos buenos: P. Craig Russell, Adam Hughes, Ramón Bachs y un combo muy interesante entre Zander Cannon y Jim Fern. Ninguno logra eclipsar a Buckingham, ni por asomo.
El unitario de Navidad arranca como un epílogo al arco principal (ahora vamos, bancá un toque) y termina por darle mucha chapa a Rose Red, que pareciera ser el personaje al que más carnadura, más complejidad y más peso en la trama le quiere dar el guionista Bill Willigham.
Y a su vez, el arco central es un epílogo a lo que sucedió en el Vol.16, es decir, al fin de Mister Dark a manos del personaje que se sacrificó para terminar con el villano, que –ahora sí la spoileo, si no no se puede seguir- no es otro que North Wind, el padre de Bigby Wolf y abuelo de los cachorritos que el lobo tuvo con Blancanieves. Bigby y su padre siempre se llevaron para el orto y el lobo fue un descastado, sin contacto con la casa real de su padre, y por lo tanto sin ninguna posibilidad (ni el más mínimo interés) de ocupar el trono vacante. Así que será uno de sus hijitos, encantadores humanoides con poderes y personalidades copadísimas, quien suceda al difunto abuelo como nuevo Viento Norte.
Por supuesto esto le permitirá a Willingham jugar a las intrigas palaciegas, con los sirvientes del anciano Viento Norte y la presencia de los otros tres Vientos Cardinales, que quieren digitar de algún modo los sucesos que tienen lugar en el Reino de las Planicies Heladas. Bigby va a tener que pelar cintura para sobrellevar todos los embates protocolares y cuasi-políticos que se tejen sobre su familia y, sorprendentemente, el rol de Snow White será menor.
En paralelo, para que haya un poco de acción en medio de este arco muy hablado, Willingham avanza con la historia de Bufkin, de regreso en tierras cercanas al reino de Oz, y ahora al frente de un intento de revolución contra el capanga que agarró la manija cuando este mundo fue liberado del yugo del Adversario. Hasta ahora ese plot da más para la peripecia y la joda que para algo relevante, pero uno ya sabe con qué bueyes ara y Willingham puede clavar el volantazo en cualquier momento y vincular esa trama con cualquiera de las otras del modo menos predecible que nos podeamos imaginar.
Así que lo de Bufkin es lo único que queda colgado para el próximo tomo (al que prometo entraele el mes que viene, así avanzo un poco con otras lecturas) porque lo de la sucesión del Viento Norte se resuelve (muy bien, con sorpresas pero también con coherencia) en este tomo. La verdad que la estoy pasando genial con Fables. Esto es mainstream de enorme nivel, un poco adictivo y sumamente disfrutable por adolescentes y adultos de ambos sexos, sin necesidad de estar muy curtidos en la lectura de comics ni de literatura fantástica. El año que viene, más Fables acá en el blog.

domingo, 7 de diciembre de 2014

07/12: HOY HAY… DIBUJADOS!

Hoy no hay reseña y mañana tampoco, por un motivo más que feliz, que es una nueva edición de Dibujados, el gran encuentro que nuclea a dibujantes, guionistas e ilustradores de la escena local.
Como siempre, vienen artistas y editores de distintos lugares del país, hay charlas, talleres, presentaciones de libros, homenajes a destacados autores, alguna banda que toca en vivo, sorteos, muchos stands con material a muy buenos precios y una consigna solidaria: la entrada es gratuita, pero se solicita un aporte de alimentos no perecederos para ser donados a las zonas más carenciadas de la provincia de Chaco.
Este Dibujados tendrá por sede el Teatro Mandril, en Humberto Primo 2758 (pleno barrio de San Cristóbal) y va a durar desde las 15 de hoy domingo hasta las 21 hs de mañana lunes.
Nos vemos allá, y el martes vuelven las reseñas.

sábado, 6 de diciembre de 2014

06/12: LA TORRE DE BURBUJA

Esta es otra obra a la que vi nacer en el tablero del dibujante, Martín Túnica, cuando recién se embarcaba en el proyecto, sin tener idea de que eventualmente el libro terminaría por pubicarse en varios países con muy buena repercusión. Aún así, sin saber con demasiada certeza qué iba a suceder y sin conocerse personalmente con el guionista (el peruano Antonio Taboada) Martín Túnica (hermano mellizo de Pablo) se comprometió a full con el trabajo y entregó casi 80 páginas a un nivel altísimo. En un estilo mucho más realista que el de Pablo, “Marto” encontró su propia voz, su propio tono, durante la realización de La Torre de Burbuja. Logró integrar con solvencia la referencia fotográfica, aplicar los grises con técnicas muy distintas, pero siempre con gran criterio, jugar con el trazo finito del plumín y con la pincelada bien heavy, y hasta armar truquitos “con la cámara”, a la que la vemos moverse de un modo muy original, muy atractivo, para lograr efectos narrativos muy gancheros. Esto se ve realmente bien, y parece la obra de un tipo recontra-profesional con 30 años de trabajo contínuo en el medio, no una de las primeras obras extensas de un muchacho de 28 o 29 años, que eran los que tenía Martín cuando encaró este proyecto.
El guión de Antonio Taboada es sumamente atípico. Ya desde el texto anónimo de la contratapa y el prólogo de Dante Ginevra, nos vienen avisando que estamos por leer una historieta distinta, en la que los hechos no están narrados de forma tradicional. Muy sutilmente, esos textos nos invitan a abrir el paraguas, para que no nos empape el chubasco si finalmente la historia se va al carajo, o si Taboada se pasa de vanguardista en el planteo, el desarrollo o la resolución de los conflictos. Y la verdad es que, leída con el paraguas abierto, sabiendo de antemano que puede pasar cualquier cosa y que todo se puede llegar a resolver (o no) del modo más fumanchero posible, La Torre de Burbuja es una lectura muy entretenida, y por momentos hasta enriquecedora.
Taboada juega con los sueños, con los símbolos, con deja-vus mutantes, recuerdos distorsionados de vidas no del todo reales. En un punto, todo parece tener sentido y de pronto, un volantazo del guión sacude todo a la mierda… varias veces. Pero no parecen ser volantazos caprichosos, sino muy calculados por parte del guionista, que busca eso: las múltiples interpretaciones, los interrogantes que quedan abiertos… De eso se tratan los sueños y los símbolos, al fin y al cabo. Felizmente, estos coqueteos con la locura (que es un tema central de la obra) están sustentados por una estructura dramática fuerte, una historia de gran dinamismo, que nunca te aburre y siempre logra generar la intriga suficiente como para que quieras seguir enganchado hasta el final.
O sea que hay una cuota de delirio, de fumanchereada, de climas y sacudones extraños al mejor estilo David Lynch, pero no es un comic críptico, ni pensado para excluir al lector por la vía de la excesiva sofisticación, o del mero aburrimiento. Es un guión complejo, con varias capas para descubrir en sucesivas relecturas, atravesado por misterios, saberes y enigmas que lo elevan por sobre la simple acumulación de peripecias y saltos al vacío.
Hechas estas salvedades, tomadas estas precauciones, me parece justo recomendar la lectura de La Torre de Burbuja a aquellos que estén buscando relatos distintos, más jugados e impredecibles. Por supuesto, me gustaría leer otras obras de Antonio Taboada, para terminar de sacarle la ficha, a ver si es siempre así, o si acá se sacó el gusto de pelar una obra extraña, a todo o nada. Y obviamente quiero más historietas de Martín Túnica, porque me queda clarísimo que este trabajo lo pone entre los grandes dibujantes de estilo realista que tiene hoy la historieta argentina. Aplaudo, además, la decisión de Loco Rabia de publicar una obra de estos dos notables artistas, hasta aquí ausentes de la escena editorial y hoy, gracias a este libro, ya parados sobre un éxito que ojalá les abra muchas puertas.

viernes, 5 de diciembre de 2014

05/12: FABLES Vol.16

Ah, bueno, ahora sí. De un modo totalmente impredecible, el maestro Bill Willingham le pone fin a la saga de Mister Dark que amagaba con terminar en el n° 100 y se terminó por extender algunos episodios más. De pronto, lo que no se resolvió en cuatro TPBs se resuelve en… ocho páginas y uno se queda atónito, estupefacto, más idiota que de costumbre. Es una resolución lógica, válida, verosímil. Lo que no se entiende es cuál era la necesidad de demorarla tanto.
Pero vamos a lo primero: el TPB arranca con un unitario en el que Willingham retoma a Bufkin, uno de los pocos miembros del elenco que permanecía en las ruinas de Fabletown, y lo lanza hacia una nueva aventura, que supongo retomará en unitarios posteriores. Y sigamos con lo último: el TPB cierra con otro unitario, esta vez pensado para retomar una punta que había quedado abierta hace muchos, muchos tomos, que es la que tiene que ver con la Bella Durmiente y aquella vez en la que durmió a cerca de un millón de personas en la ciudad que alguna vez fuera capital del Imperio. La historia que Willingham quería contar con este personaje ya la vimos (en el primer TPB de Fairest, reseñado el 12/09/14) pero para hacerla viable había que retomar a la Bella Durmiente desde donde la había dejado la última vez. Los dos unitarios son, entonces, prólogos a otra cosa, mecanismos para reactivar tramas semi-desactivadas. Lujos, en una palabra, que te podés dar cuando tenés una serie ilimitada, con un elenco numerosísimo y una hinchada fiel, que no te putea si cada tanto te desvías de la trama central para explorar historias marginales.
En el medio entre los dos unitarios, tenemos los cuatro episodios de Super Team, el arco argumental en el que veremos la caída final de Mister Dark y el sacrificio de… alguien a quien no voy a nombrar para no spoilear. Eso –ya quedó claro- se resuelve en ocho páginas. El resto, el guionista las dedica a avanzar con las sub-tramas que giran en torno al elenco protagónico (ahora acovachado en Haven) y hay una que podría haber sido un chiste, una boludez anecdótica pero -al mejor estilo South Park- se va de control y termina por comerse el grueso de estas 80 páginas: Pinocchio, hardcore fan de los comics de superhéroes, decide armar un grupito tipo X-Men para combatir a Mister Dark. Convoca a los personajes más poderosos, les pone nombres de superhéroes, les consigue trajes estridentes, y cuando la cosa prende y nadie se quiere quedar afuera del grupo, termina por armar un casting tipo PopStars, a ver quiénes quedan como integrantes de estos F-Men.
Por supuesto, el combate entre los super-Fables y el villano no se produce nunca y todo queda en una gran farsa, una fantochada que Willingham aprovecha para reirse un poco de las convenciones, de los clichés que definen (y a veces lastran) al género superheroico. Se podría haber liquidado en 10, 12 páginas, y terminó por ser el principal artificio para rellenar todas las páginas que no se centran en el duelo final entre Mister Dark y… el personaje que muere para derrotarlo.
Como ya vimos en estos más de 100 episodios, Willingham no suele dejar cabos sueltos, con lo cual seguramente los próximos tomos indagarán minuciosamente en las consecuencias de estas muertes y retomarán a los personajes que quedaron en situaciones medio volátiles, como la enfermera Spratt. El truco de desactivar tramas y personajes sólo por un tiempito le sale muy bien al guionista y, cuando no escasean las ideas, cada cabo aparentemente suelto puede convertirse más adelante en un gran arco argumental.
No me quiero reiterar en los elogios para con el dibujo de Mark Buckingham, que una vez más demuestra lo clara que la tiene. En la rosca y en la machaca, en la sátira y en la tragedia, el inglés pela siempre y sube el listón saga a saga. Para la historia de Bufkin, contamos con la ilustre visita de Eric Shanower (el autor yanki que más y mejor exploró el mundo de Oz) y en el de la Bella Durmiente (que, pobrecita, es la protagonista, pero no dice una palabra) lo tenemos a Terry Moore, el autor de Strangers in Paradise, con un trabajo muy sobrio, muy correcto. Uno lo asocia de inmediato con el blanco y negro, pero acá se complementa muy bien con la paleta de Lee Loughridge.
¿Y ahora que ya sé cómo termina lo de Mister Dark, qué hago? ¿Sigo avanzando con los dos TPBs de Fables que me quedan sin leer, o cuelgo y sigo con otra cosa? Acepto sugerencias.

jueves, 4 de diciembre de 2014

04/12: LOVE SHOTS

Sigo encontrando ediciones yankis de los álbumes de Jacques Loustal y Philippe Paringaux. Pareciera como si los muchachos de Catalan Communications hubieran dicho “hasta que estos yankis no se hagan fans de Loustal, no vamos a parar”. Este tomo reúne seis historias cortas de la dupla, claramente anteriores a Coeurs de Sable, la novela gráfica cuya edición yanki vimos acá en el blog el 17/05/13. El álbum francés en el que se basa (Clichés d´Amour) salió en Francia en 1985, el mismo año que Coeurs de Sable. Pero con sólo mirar los dibujos te das cuenta de que se trata de material realizado en años anteriores.
Esto no es para cualquiera: es historieta europea para adultos, enrolada en la onda vanguardista de principios de los ´80, cuando estos buenos muchachos tenían luz verde para hacer virtualmente cualquier cosa. Paringaux, por ejemplo, no usaba gobos de diálogo para narrar. Loustal respetaba lo mínimo indispensable las convenciones gráficas y narrativas del comic francés y pelaba composiciones, climas, secuencias y anti-secuencias que remiten mucho más a la plástica, o al cine de marcada impronta autoral de aquella época. En este álbum puntual, estos dos marcianos juegan a recorrer EEUU en historias que supuestamente giran en torno al amor. Veamos qué onda.
La primera es una muy buena idea, con un desarrollo ambiguo, acorde con lo que sucede (un gigoló se enamora del macho oficial de su clienta). Sin embargo, es una historia movilizada sobre todo por diálogos y silencios, con lo cual la decisión de no usar globos y contar todo con bloques de texto no parece la más acertada.
La segunda es la que tiene el dibujo más raro, con Loustal a la busca de un trazo distinto, más filoso, incluso más underground. Es la típica historia del boxeador al que le pagan para que pierda y decide no perder, con el agravante de que es negro y vive un affaire con una chica blanca, en una época en la que con eso no se jodía. El guión es muy lindo, gambetea muy bien las obviedades y sabe barnizar con poesía los momentos más brutales.
La tercera… yo creo que ni Paringaux sabe de qué se trata. De hecho, en la contratapa del libro hay un mini-textito de 10-15 palabras sobre cada una de las historias y de esta (The Sand Man) no dice absolutamente nada, casi seguro porque la traductora y el editor tampoco la entendieron. Nada, quedan las incógnitas, y los hermosos dibujos de Loustal.
La cuarta es una historia con otra estructura muy clásica: la minita que sueña con triunfar en Hollywood, se hace bien de abajo, asciende chupando las pijas correctas, llega al estrellato y unos años después muere en el olvido, sin haber compensado nunca los sufrimientos que debió padecer en el duro camino a la fama. Todo esto narrado (agarrate fuerte) en verso. Y la traductora se la banca y logra que su texto traducido al inglés también rime. Impresionante.
La quinta nos muestra a Loustal haciendo lo que más le gusta: dos viñetas por página, grandotas, tipo pantalla de cine, con planos extremos: o panorámicos, o muy cercanos. El guión es buenísimo, sobre todo porque pasan cosas tremendas que el dibujo no muestra y el texto no explicita. Está todo ahí, como sugerido, con mucho, mucho nivel.
Y la última es un relato noir, con mafias, femme fatales, alcohol, sexo y podredumbre, pero con un giro interesante: no está ambientada en una gran urbe, sino en una cabaña en las afueras de un pueblo de Louisiana, cerca del mar y cerca de los pantanos. En sólo 18 páginas, el guión transita por varios climas distintos y Loustal responde siempre bien, siempre con la paleta de colores acorde a cada momento de la trama y a cada locación por donde transita este protagonista al que –en otro capricho narrativo del dibujante- nunca le vemos la cara.
En una palabra: son seis historietas atípicas, repletas de sofisticación aunque menos crípticas de lo que parecen al hojear el álbum. Como decía, hay una sóla indescifrable, y el resto -si no te dejás engañar por las triquiñuelas formales de Loustal y Paringaux- son relatos armados de modo bastante tradicional. Y si comprás comics por los dibujos, esto es un sueño húmedo, mal.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

03/12: FABLES Vol.15

Allá por el 20/10/13, cuando me tocó reseñar el tomo anterior de Fables, yo decía “La guerra entre los habitantes de Fabletown y Mister Dark va a ser larga y la vamos a ver desarrollarse casi en cámara lenta”. Y de alguna manera la emboqué. Este tomo, con más de 240 páginas, que incluye el hiper-giant-size n° 100, amagaba con mostrar la resolución definitiva de este conflicto que se viene cocinando a fuego lento desde el Vol.12. Pero acá nada es lo que parece y el amague se quedó en eso, en el amague. Bill Willingham se toma todo el tiempo del mundo en plantear el combate final, a todo o nada contra Mister Dark, y en las últimas páginas, cuando todo parece resuelto, te tira un “Nah, mirá si le van a haber ganado tan fácil”. Y –como en aquella gran novela de Juan Sasturain- la lucha continúa. Habrá que seguir leyendo Fables para ver cómo logran los habitantes de Fabletown (luego exiliados a la Granja y ahora a Haven) ganarle a esta poderosa encarnación del Mal.
Para que te des una idea de la lentitud exasperante con la que avanza todo, Willingham se toma un episodio entero, 22 páginas, para que Mister Dark nos cuente lo grosso que es y la cantidad de poder que está dispuesto a amasar para lograr su objetivo, en un extenso diálogo con un personaje secundario. No hay acción, no pasa nada. Son 22 páginas del villano y North Wind recorriendo la ciudad de Nueva York, poseída y corrompida por el influjo de Mister Dark. Y después sí, ese episodio extra-large, casi una novela gráfica dentro de una serie regular, en la que pasan un montón de cosas zarpadas.
Entre ese unitario en el que no pasa nada y el mega-especial n° 100 (que incluye además un cuento, varias historias cortitas en joda, juegos bocetos y giladas varias), nos comimos casi 130 páginas del TPB. ¿Y las 120 restantes? Ahí Willingham nos cuenta, también a un ritmo recontra-pachorro, toda la previa a la batalla contra Mister Dark, con especial atención puesta en el personaje de Rose Red. Son cinco episodios con la hermana de Blancanieves como eje, en los que su liderazgo en la Granja se pone en crisis, fruto de las incesantes runflas entre facciones que buscan sacarle provecho a la anómala situación de que Fabletown ya no existe y todos sus habitantes deben convivir en esta campiña alejada (y resguardada) de la influencia de Mister Dark.
En el medio, Willingham cuenta historias del pasado, de cuando Snow White y Rose Red eran nenas, sus primeras aventuras, sus primeros romances, el origen de la brecha que separó a las dos hermanas durante siglos, y en esos tramos hay momentos realmente grandiosos. La reinterpretación que hace el autor de la leyenda de Blancanieves, el rol que le da a los siete enanos, la explicación de por qué Blancanieves vive con una madrastra y no con su mamá… todo eso es brillante. Y como además está mechado con muchas secuencias del presente, con varias sub-tramas que evolucionan en paralelo (como la del bebé que esperan la Bella y la Bestia), se hace todo muy entretenido a pesar de que la trama central no avance casi nada.
En el unitario ambientado en Nueva York tenemos a un dibujante suplente llamado Iñaki Miranda, correcto, aunque muy pendiente de la referencia fotográfica. No hace falta ser un hijo de puta inmisericorde para arrojarlo a la fosa común de los infinitos Juan Carlos Flicker. De los dibujantes que aportan historias cortas al n° 100 creo que el que más me gustó fue Joao Ruas. Y después tenemos muchas, muchísimas páginas del maestro Mark Buckingham a un nivel inverosímil. “Bucky” se mata en los fondos, en los vestuarios, dibuja todo tipo de personajes sin repetirse, le da a cada uno rasgos propios, hasta un lenguaje corporal propio, se fuma a tres o cuatro entintadores distintos sin resignar identidad… nada parece detenerlo. Ya para el n° 100, hasta encuentra una nueva forma de sacar provecho de la paleta de Lee Loughridge, al agregarle a sus páginas a tinta sutiles toques de aguada, que realzan muchísimo el color. Como decíamos, es un tomo muy hablado, con poca acción, y Buckingham logra por un lado no aburrirnos nunca en las extensas escenas de diálogo y por el otro, ponernos los pelos de punta sobre el final, cuando estalla la machaca a todo o nada. Diría que este es un trabajo consagratorio para el dibujante británico, pero sería mentira, porque ya estaba consagradísimo hace mucho tiempo. Este es, simplemente, un trabajo magistral, muy por encima de lo que se espera de un obrero del lápiz que entrega 20 o 22 páginas todos los meses.
Y ahora me calenté. Y quiero saber cómo carajo sigue esto. Así que mañana no, porque ya empecé otro libro, pero para el viernes, se viene otra reseña de Fables, a ver si –ya que no llego nunca a ponerme al día- por lo menos me entero cómo carajo le ganan a Mister Dark.