el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 8 de febrero de 2016

CUATRO DE CARNAVAL

Vamos con otras cuatro reseñas cortitas, con paso de murga, como me enseñaron mis amigos uruguayos.
Arranco con una joyita de un autor francés, recientemente editada en Argentina. Me refiero al maestro Vincent Paronnaud, mucho más conocido como Winshluss. El librito se titula Welcome to the Death Club y recopila varias historias cortas en las que prima el humor negro, la desazón y la mala leche. Como siempre en las obras de este autor, escasea bastante el texto y casi todo se resuelve mediante magníficas pantomimas en las que el dibujo y la narrativa se hacen cargo de llevar las historias a buen puerto. Además de una aguda sátira social también hay delirio, e incluso poesía en estos breves relatos. En el pliego central, a todo color, vemos el gran manejo que tiene Winshluss de las acuarelas y los lápices de colores. Y lo único flojo que tiene el libro es que hay unas cuantas páginas en blanco, que se podrían haber utilizado para brindarnos una historieta más. Un lujo y un deleite tener otra obra del virtuoso Winshluss editada en nuestro país.
Un autor al que sigo desde que no lo junaba ni su vieja es David Lapham, y cuando salió el primer TPB de su nueva serie, le entré sin dudarlo. Juice Squeezers es una aventura juvenil, apuntada al público adolescente. Una especie de The Goonies, en la que un grupito de chicos debe combatir en secreto una plaga de insectos zarpadísimos en un apacible pueblito rural de los EEUU. Se nota que la idea de Lapham es seguir adelante con Juice Squeezers a largo plazo, porque va desarrollando de a poco a los personajes y deja varias puntas por explorar. De todos modos hay una aventura sólida, compacta, con buenas ideas, buenos diálogos y mucho ritmo. Irresistible para los más pibes, entretenida para los adultos y dibujada en un gran nivel.
Sigo avanzando con el material de autores argentinos editado en 2015 y así es como me devoré Artemis: Ecos de Meridia, el primer álbum de una serie de aventuras a cargo de Ariel Grichener y Guillermo Villarreal. Este es un comic clásico, con una típica batalla entre buenos y malos, donde la originalidad pasa por la construcción del universo y de los personajes, no tanto por los conflictos. Con pocas pretensiones y mucho ritmo, Grichener nos mete a full en el mundo de Artemis Black para hacernos vivir una epopeya a la que no le faltan ni humor ni dramatismo. Villarreal dibuja en esa onda “cool” tipo Duncan Rouleau, Mike Parobeck, Mike Wieringo o (Dios nos libre) Joe Madureira. No está mal. Es un estilo que va mejor con el color que con el blanco y negro, pero la faz gráfica está bien resuelta, más allá de algún afano medio brutal a Moebius. Otro comic correcto, entretenido, en un género que acá se hace poco como es la fantasía épica.
Y termino con el Vol.9 de Astro City, el que recopila los primeros episodios de la serie actual, la que aparece todos los meses en el sello Vertigo. Como ya es costumbre, el maestro Kurt Busiek sigue sumando buenas ideas a su exploración del “backstage” de un mundo en el que los superhéroes son cosa de todos los días, pero la verdad que –en esta primera tanda- ninguna me voló la cabeza ni me hizo gritar “¡Hijo de puta, ¿cómo se te ocurre esta genialidad que nunca se le había ocurrido a nadie!?”. De todos modos, hay diversión, hay emociones grossas, se nota que hay un plan a largo plazo y el nivel de los diálogos y los bloques de texto le pasa el trapo al 85% de los comic de superhéroes que hay hoy en las bateas. El dibujo de Brent Anderson siempre cumple y, si no te molesta que se la pase tratando de clonar a Neal Adams, se disfruta a full. No hace falta que recomiende esta serie: bancar a Astro City ya es casi una religión.
Y ahora sí, creo que nada va a impedir que este viernes me metan un rato en un quirófano para hacerle chapa y pintura a mi deteriorada columna, así que se vendrán días de poquísima actividad laboral y social, en los que prometo leer muchos comics. La seguimos pronto!

jueves, 4 de febrero de 2016

DEADPOOL

Nunca fui fan de Deadpool y de hecho si hay un personaje cuyos comics no me interesa leer ni siquiera para ver qué onda, es Deadpool. En su momento me enganché con Deadpool MAX por los autores, pero no termino de entender cómo eso no vendió y venden fortunas todas esas series y miniseries pedorras que protagoniza este personaje cuya popularidad es inversamente proporcional a su calidad.
Aún así, fui a ver el preestreno de la película que se estrena el jueves 11, seguramente porque estoy muy al pedo y me sobraban 108 minutos (y muchos más). Me encontré con una película BRILLANTE, que me hizo mear de la risa desde la secuencia inicial de los títulos hasta la escena que viene al final de los créditos. Los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick encontraron la forma de darle una vuelta de tuerca a la típica película de superhéroes y lograron hacer algo increíble. Acá está TODO lo que en las otras peliculas de superhéroes NO se puede hacer: Deadpool le habla al público, mete chistes acerca de los actores (al pobre Ryan Reynolds lo mata), de la producción, de otras películas de Marvel… El recurso de romper la cuarta pared, llevado al límite. Y además, chistes de negros, de discapacitados, de porongas, todas las guarangadas habidas y por haber, sexo explícito (con minas en bolas), humor negro, slapstick, humor absurdo, gags visuales, infinitas referencias (una más desopilante que otra) a la cultura pop y un nivel de sangre y violencia inusitado en el cine yanki.
El director Tim Miller banca un ritmo tremendo de principio a fin de la cinta, sin descuidar los climas, pero apostando muy fuerte sobre todo a la acción y la machaca. Lo más loco es que, además del festival de las peleas, torturas, decapitaciones y mutilaciones varias, hay una especie de trama dramática e incluso una trama romántica. Hay un conflicto, hay un villano (Ed Skrein), y hay un desarrollo grosso no sólo de Wade Wilson (cuyo origen –el del comic, no esa payasada que vimos en la primera peli de Wolverine- se narra detalladamente) sino también de su novia Vanessa, hermosa atorranta interpretada por Morena Baccarin.
Como contrafigura de Deadpool lo tenemos a Colossus, que será el encargado de tratar de encauzar al mercenario, de llevarlo más cerca de la justicia y el altruismo que de la venganza y el descontrol. Por supuesto fracasará estrepitosamente, pero uno de los logros del guión es que Colossus no se hunda nunca en el pantano del ridículo del que no se vuelve, incluso cuando le toca hacer el rol del “straight” en una comedia delirante donde la chapa se la lleva el “oddball”. Como sidekick de Colossus (protagonista de varias de las mejores escenas de pelea) tenemos a Negasonic Teenage Warhead, una alumna de la escuela de Xavier creada por Grant Morrison en New X-Men, pero bastante cambiada. De todos modos funciona bien en el contexto de la historia.
La banda de sonido es alucinante, los efectos especiales están perfectos y todo el tiempo te sentís adentro de la película, es una montaña rusa de la que no te podés bajar. Lo raro es que no existe en 3-D, en eso Deadpool es una peli “de las de antes”. ¿Te parece que no da para fumarse 108 minutos de un loco de mierda que atraviesa gente con una espada mientras hace chistes de culo, teta y concha? Haceme caso, dale una oportunidad. Olvidate de que es una creación de Rob Liefeld, olvidate de que la peli es de FOX y no de Marvel, olvidate de que los comics son chotos y los fans de Deadpool son subnormales invertebrados… Andá a ver una peli 100% para adultos, que te va a sorprender con una aventura repleta de ritmo, con diálogos gloriosos, garches, mala leche, acción, machaca pasada de rosca y un humor tremendamente efectivo. Prestá atención al cameo de Stan Lee (memorable, aunque no sé si el viejito sabe quién carajo es Deadpool) y quedate hasta el final-final-final de los créditos para una escenita imperdible. Si te gusta la grosería al límite, la vas a amar. Al lado de la peli, Deadpool MAX es una de Anteojito y Antifaz. Esto es un auténtico kilombo, un estallido de alegría, risas y originalidad que no me esperaba en lo más mínimo y que me hizo muy feliz.

lunes, 1 de febrero de 2016

CUATRO CORTITAS Y AL PIE

Sigo avanzando en la lectura del material publicado por las editoriales argentinas en 2015. Esta semana leí dos.
Primero y fundamental, Barrio Gris, el majestuoso tomo que recopila 22 historias de las que Eduardo Maicas y Pipi Spósito habían publicado en Fierro. Esto es humor y mala leche de altísimo vuelo. Es el barrio convertido en escenario de historias crueles, sangrientas, violentas, que deberían causar escozor o espanto y –gracias al humor insumergible de Maicas- causan gracia. Muchísima gracia. Esto está lleno de chistes, no sólo en forma de remate de cada breve relato sino en todas partes, hasta en los cuadritos del medio de la historia. En cuanto al dibujo… imaginate que se juntan Elzie Segar, Miguel Gallardo, el Niño Rodríguez, Peter Bagge y John Kricfalusi. No puede fallar, tenés garantizada una orgía de felicidad y gran calidad. Y además Spósito pone la vara altísima en la narrativa y en la composición. La verdad es que es un libro glorioso, que conviene leer en varias sentadas y que se disfruta inmensamente, de punta a punta.
Otro lanzamiento de 2015 es Fin: los cinco segundos de un dios, una extraña novela gráfica que marca la primera incursión en la historieta del artista plástico Daniel Brandimarte. El propio autor editó la obra, y la verdad que no sé dónde se vende ni cómo se distribuye. El guión es medio alienígena, en varios pasajes se queda en la mera excusa para que Brandimarte dibuje lo que tiene ganas de dibujar, pero se hace entretenido. El dibujo me hizo acordar al de Lucho Olivera, con algunas viñetas resueltas medio a los pedos y otras con un laburo infernal en volúmenes, texturas, detalles maravillosos en los fondos, etc. El color es excelente y la tipografía de los diálogos… insostenible. No se me ocurre cómo empeorarla. Es un comic para estudiar como rareza, y para estar atentos a ver con qué vuelve Brandimarte a este medio.
También sigo adelante con la lectura de Saga, la serie que más TPBs vendió en EEUU durante 2015. Esta semana le entré al Vol.4 y si bien Brian K. Vaughan y Fiona Staples están decididos a narrar al estilo René Lavand (no se puede hacer más lento), me volví a divertir con las situaciones, con los diálogos y con el desarrollo de los personajes. También hay giros argumentales imprevisibles y unos dibujos fascinantes, así que esto garpa por todos lados.
Y otra serie irresistible, que no necesita en lo más mínimo que yo la recomiende para que corras ya mismo a comprarla, es Bakuman, de los ídolos Tsugumi Ohba y Takeshi Obata. Ya entrado este 2016, los muchachos de Ivrea lanzaron el Vol.11, y como buen cebado me lo compré el día que salió y poco después (ni bien tuve un viajecito largo en bondi) me lo leí. Pasan los tomos y esto sigue muy arriba. Los chicos tienen manga nuevo, Aiko Iwase amaga en un momento con convertirse en una especie de villana, el genial Eiji Niizuma sigue acumulando pallets enteros de chapa y nunca faltan la emoción, la pasión, el amor, los momentos cómicos ni la data grossa acerca de cómo se produce la antología más exitosa de la historia del manga. Incluso los personajes llegan a debatir acerca del éxito, de cómo su búsqueda te condiciona como artista, de qué hacer como creador frente a ese frenesí disparatado del minuto-a-minuto de las encuestas de popularidad que deciden qué series siguen y cuáles se van al descenso con más pena que gloria. Una exquisitez, como siempre con muchísimo más diálogo que un manga promedio, y con unos dibujos con los que Obata humilla impúdicamente a sus colegas.
Este martes tengo función de prensa de Deadpool, con lo cual puedo prometer para esta semana un post de reseña de la peli, así si es una garcha no te clavás, y si está buena no te la perdés por prejuicioso. Nos seguimos leyendo.

lunes, 25 de enero de 2016

OTRAS CUATRO

Sigo leyendo comics de a poquito, en los ratos libres, en algún viaje en bondi, y otra vez se me acumularon cuatro libritos como para armar un post.
Arranco con el Vol.2 de Satellite Sam, de Matt Fraction y Howard Chaykin. Menos mal que no tengo que escribir una reseña sólo de esto, así resisto la tentación de contar el argumento, que es excelente. Tampoco es que haya mucho para agregar a lo que ya escribí cuando reseñé el Vol.1, el 06/06/15. Por ideas, por diálogos, por desarrollo de personajes, por la temática que aborda, por recursos narrativos y por el monumental laburo de Chaykin en la faz gráfica (¿el mejor trabajo de su carrera? No lo descarto), estamos ante un comic fundamental. Que además es breve, porque termina en el Vol.3, así que no hay muchas excusas para no entrarle. La tapa sugiere que se trata de una historieta porno, pero nada que ver. Hay escenas de sexo, se habla bastante de coger y sin embargo el guión no se basa en eso ni mucho menos. Descubrí esta gloria, haceme caso.
Bastante más porno resultó Dejame Entrar, el nuevo trabajo del guionista Valentín Lerena, esta vez sin su socio (y suegro) Roberto Fontana en los dibujos. Déjame Entrar es una novelita gráfica con una trama perturbadora, jodida, en la que el sexo y las perversiones tienen un rol muy destacado. No es una historia lineal ni sencilla, ya que está estructurada en dos niveles de realidad que se entremezclan. Los diálogos tienen algunos problemas (una mezcla entre español neutro y castellano argento) y los bloques de texto están muy bien. El dibujo de Agustín Rodríguez es correcto, sin sobresaltos, bien en la narrativa y sin caer en la tentación de basar TODO en la referencia fotográfica. Una obra más rara que buena, pero de indudable atractivo.
También me bajé (en varias sentadas) el Vol.4 de Cybersix, que ofrece dos novelas de 96 páginas escritas por Carlos Trillo y dibujadas por Carlos Meglia. La segunda es decididamente flojita. En el dibujo se nota mucho la mano de los asistentes de Meglia y el guión se sostiene con casualidades e injertos de retro-continuidad. Lo más interesante son los homenajes a Leonard Cohen y al Frankenstein de Mary Shelley. La primera es mucho más interesante, porque a Trillo se le ocurre la forma de integrar al universo de Cybersix a los personajes de El Libro de Gabriel (ver reseña del 26/09/11). Por supuesto no se van a perder la oportunidad de reutilizar casi todas las páginas de ese álbum, pero a) está bueno redescubrirlas en blanco y negro y b) todo vale con tal de enterarnos cómo seguía esa historia que claramente daba para mucho más de lo que vimos en aquel primer álbum. De todos modos, este Vol.4 está lejos del mejor nivel al que llegó en su momento la saga de la famosa superheroina vampiro androide transexual.
Una de las tendencias que observamos en 2015 (y ojalá se mantenga en 2016) es el crecimiento de la edición en Argentina de historietas europeas. Una de las más logradas es Un Paso en Falso, el libro que combina dos obras de la primera época de Jason: Espera… y ¡Shhhh!. Son dos trabajos muy distintos entre sí en la estructura y en el tipo de historias que cuentan, a tal punto que cada una merecería su propia reseña de 4500 caracteres. No hay espacio ni tiempo para eso (además son obras de hace más de 15 años, con lo cual debe haber MUCHAS reseñas ya publicadas sobre ambas). Pero las dos son brillantes, en las dos me sorprendió hasta qué punto Jason ya tenía depurado su estilo y ya interiorizado a la perfección su particular manejo del tempo narrativo. Hay silencios de enorme profundidad, secuencias brillantemente planificadas (algo difícil de hacer cuando te fijás una única grilla para toda una novela gráfica) y unas elipsis majestuosas. No me alcanzan los elogios ni el énfasis para recomendar esta verdadera joya pensada para engalanar la biblioteca tanto del lector curtido como del recién llegado.
Y hasta acá llegamos. Finalmente me opero de la columna este miércoles 27, así que tendré vacaciones obligadas en las que supongo que leeré muchos comics. Capaz que en pocos días reaparezco con nuevas mini-reseñas. Gracias y hasta pronto!

jueves, 21 de enero de 2016

INFORME (HISTORIETA ARGENTINA DEL SIGLO XXI)

Ante todo, hay que sacarse el sombrero ante la impecable, la impactante calidad de la edición de este libro. Y ante el trabajo colosal que debió afrontar el coordinador, José Sainz, a la hora de bucear entre toneladas de revistas, fanzines y sitios web hasta dar con estos 20 historietistas que finalmente quedaron en esta selección (en este “recorte”, dirían mis amigos académicos”). La consigna es que en estas páginas descubramos a 20 historietistas argentinos jóvenes, casi todos nacidos en la década del ´80, y producto ya no de la etapa post-industrial de la historieta argentina, sino de la siguiente, de la etapa en la que los soportes digitales cobraron tanto empuje como los físicos.
Ahora bien, uno termina de leer el libro y la pregunta más obvia es: ¿Este es el futuro de la historieta argentina? Porque la verdad es que el nivel que se ve acá es MUY desparejo. Hay varios autores excelentes y un montón de… chicos con buenas intenciones que no deberían perder más su tiempo y dedicarse urgente a otra cosa. ¿Qué elementos unen a estos 20 autores, además de la edad y la nacionalidad? 1) Poco contacto con la tradición historietística argentina. Si hay alguna influencia visible, viene más del indie yanki que de los grandes autores argentinos de las generaciones anteriores. 2) Poco contacto con la realidad nacional, y cero con la política, algo que fue una constante en la historieta, sobre todo en los ´70 y ´80. 3) Todos son guionistas y dibujantes, con todo lo que eso implica. Y esto es lo más áspero, lo más difícil de digerir, sobre todo viendo cómo están estructurados los “guiones” de varias de estas historietas. Vamos a repasarlas una por una, a riesgo de que el texto quede larguísimo.
Arrancamos con 11 páginas de Berliac, un autor con bastante obra y sobrados méritos para estar en esta y cualquier otra antología. Su grafismo cambió bastante desde la última vez que había visto un trabajo suyo y ahora se acerca al de los mangakas raros, alternativos, como si publicara en la revista Garo. El guión tiene un planteo y un desarrollo atractivos, pero no tiene final.
Le sigue María Victoria Rodríguez, con un estilo gráfico muy atractivo… para la ilustración. Para historieta, no funciona. Y la puesta en página es calamitosa.
Sofía Gómez se manda a homenajear a Tintin en una historieta totalmente delirante, con un guión hiper-fumanchero, pero exquisita. El dibujo, el color y la narrativa son impecables. La quiero ver YA trabajando con un guionista.
Andrés Alberto, un desastre. Feo dibujo, guión sin pies ni cabeza, torpeza en la puesta en práctica de los recursos expresivos propios de la historieta… Chau, ya fue.
A Manuel Depetris nos lo cruzamos hace poco (06/12/15) y esta es otra historieta en la misma tónica que las que estaban en aquel libro: un dibujo increíble, con una técnica y un virtuosismo asombrosos… y una historia que tiene vuelo poético, pero no se entiende un carajo. La onda parece ser contar sensaciones, no historias.
La historia de Lucía Brutta es muy breve, pero está muy bien. Buen ritmo, buen dibujo… lástima el rotulado, con pincel grueso, que hace difícil la lectura de los diálogos (que también son excelentes).
La de Marianoenelmundo también es muy corta. El dibujo me encantó, realmente zarpado, con cositas de Gipi. El guión, no lo entendí.
Pedro Mancini es un autor con bastante presencia en el medio, no hace falta ser el Guacho Vanguardia para conocerlo. Acá la rompe en el dibujo, arriesga con éxito en la narrativa, y el guión… podría ser mejor, pero no es un desastre.
Me salteo dos historietas a las que ese nombre les queda ENORME, a cargo de chicos que no tienen la menor idea de cómo se cuenta una historia con imágenes. Y me voy con Pablo Guaymasí, al que me había cruzado hace mil años en una antología de Llanto de Mudo. Acá lo encontré mucho mejor, más sólido, correcto en el dibujo y muy inspirado en un guión muy basado en el diálogo.
Natalia Lombardo, brillante. Me encantó el guión, el dibujo, el color, las tipografías, todo. Quiero YA una novela gráfica, o un recopilatorio de historias cortas de esta autora a la que conocía por su labor en fanzines.
Camila Torre Notari, por su parte, cuenta una anécdota chiquita, tranqui, acompañada de un buen dibujo.
Pablo Vigo, otro autor bastante conocido, de probada solvencia, aporta una historia intensa, atractiva, profunda y con un nivel de dibujo espectacular.
Javier Velasco dibuja en un estilo minimalista, entre James Kochalka y Johnny Ryan, que no es lo que a mí más me gusta, pero no está mal. Y el guión, con buena voluntad, también zafa.
Nacha Vollenweider también cambió bastante el estilo desde la última vez que la vimos, y lo usa para contar una historia rara, inquietante, con más climas que conflictos. Interesante.
María Luque, imposible de analizar. Son once páginas ilegibles.
Lucas Mercado tiene un grafismo interesante, pero fracasa groseramente en el intento de narrar con imágenes.
Estefanía Clotti, nada, no zafa por ningún lado.
Y cierra Nicolás Mealla, que dibuja bien, y tiene una gracia freak, onda Max Cachimba. Me gustó el color, el rotulado… le falta arriesgar un poco más en los guiones, buscar algo que no se quede en el nonsense bizarro.
Se acabó. Perdón por la extensión, me fui al carajo.

lunes, 18 de enero de 2016

DE A CUATRO VAMOS BIEN

Me gustó esto de redactar nuevos posts cada vez que acumulo cuatro libros leídos. Estoy pensando seriamente en adoptar ese formato para el blog, de ahora en más. Un post cada cuatro libros leídos. A menos que, claro, entre estas lecturas me aparezca una que yo sienta que merece una reseña extensa por sí sola… algo que casualmente me sucedió esta semana, con lo cual el próximo post no recorrerá cuatro obras, sino una sóla. Pero, por ahora, de a cuatro mini-reseñas por post vamos bien.
Empiezo con Bubbles, un trabajo extraño de Fernando Calvi, que mezcla historietas con breves “cuentos ilustrados” donde cada página ofrece sólo una imagen y uno o dos textos breves. Lo primero que llama la atención es el dibujo, donde Calvi logra un nivel impresionante. Con un trazo más suelto, que por momentos me hizo acordar a Carlos Nine, o con un trazo más preciso, con tramas mecánicas muy bien puestas, o con un claroscuro fuerte, a todo o nada. Calvi pone en juego un montón de recursos gráficos y juega a rediseñar TODO, a que nada se parezca a como lo imagino otro dibujante, y mucho menos a la realidad. Visualmente, es un trabajo logradísimo, con mucho para descubrir y disfrutar. Los guiones se enrolan en el sub-género “ternura freak” y abarcan un espectro muy amplio, de lo perturbador a lo ingenuo, con momentos cómicos, tétricos, poéticos, lisérgicos y de acción palo y palo. Un trabajo quizás un poco raro desde lo formal, pero con mucho contenido, mucha sustancia para mirar, vivir y pensar.
Otro libro argentino aparecido a mediados de 2015 es Laburantes, lo nuevo de Valentín Lerena y Roberto Fontana. Esta vez sin Hechicera, Rastreador ni Malevo, los autores se centran en breves historias autoconclusivas de ambientación urbana. El tomo ofrece seis relatos: los dos primeros parten de consignas excelentes, tienen un desarrollo atractivo y se caen un poco al final. El tercero, al revés: parece que va hacia el “más de lo mismo” y levanta grosso con el vuelco del final. El cuarto tiene un planteo muy interesante y el final se sostiene en una casualidad un poco forzada pero no por eso menos efectiva. El quinto es casi un chiste largo, quizás el que menos me interesó de los seis. Y el último está muy bien, es una historia de amor y sueños en el marco de la profesión del historietista. Buen balance y muy notable la experimentación con aguadas que propone Fontana en la primera historia.
Vuelvo a la historieta infanto-juvenil española con esta obra que el maestro Josep Ma. Beroy serializó en los ´90 en el suplemento El Pequeño País y que hace unos años recicló para la (demoradísima) recopilación en libro. Esta es la segunda aventura de estos personajes y la primera la leí hace casi 20 años, con lo cual no me acuerdo absolutamente nada. La trama es un delirio, cuyo único sentido es encontrar una excusa para que aparezcan un montón de cosas que a los chicos les gusta ver en las historietas. Lo grosso es cómo Beroy le encuentra un remate a cada una de estas 40 páginas, afinando mucho la puntería en materia de diálogos y chistes. Y obviamente, si hablamos de Beroy hablamos de un nivel devastador tanto en dibujo como en color. El libro también tiene bocetos, giladas y una excelente entrevista al notable autor español, que tiene la mala costumbre de desaparecer cada tanto del medio para dedicarse a la publicidad, a la animación o a la docencia.
Y cierro con una nueva visita al maestro Ed Brubaker, el guionista más leído en la historia de este blog. En 2011 y a raíz de los sucesos de la infumable Fear Itself, el ídolo lanzó una serie del Winter Soldier en la que se quedaría sólo 11 episodios, luego convertidos en tres TPBs. La consigna para la serie está muy buena y es obvio que a Brubaker le interesa mucho más explorar a Bucky como un personaje marginal, cuasi-clandestino, que como un Capitán América de la B. El argumento de este primer arco está muy bueno, y le otorga grandes roles a Black Widow, Nick Fury y otro ídolo supremo: el Dr. Doom. El dibujo de Butch Guice es raro porque cambia bastante de una secuencia a otra, como ya sucedía en sus últimos trabajos para Captain America. Hay momentos donde parece un dibujante clásico de Marvel de los ´70, por momentos se disfraza de un Juan Carlos Flicker berreta del Siglo XXI, tiene dibujos que parecen de un ilustrador y además dibuja a Fury como si fuera Jim Steranko. La mezcla se hace llevadera, y la narrativa está cuidadísima, con impacto, riesgo y claridad. Prometo entrarle pronto a los otros dos tomos.
Y por hoy, hasta acá llegamos. Esta semana va a haber por lo emnos un post más, pero de los de antes, dedicado a un único libro. La seguimos pronto.

jueves, 14 de enero de 2016

ES UN AFANO, SUSPENDANLÓ...

Hoy estábamos conversando acerca de afanarse comics con un grupo de debate sobre comics que tenemos en Facebook. Todos contaban historias de comiquerías o eventos de los que se fueron con algún librito o revistita que "se olvidaron de pagar" y yo compartí (por primera vez en público) una de las anécdotas más grossas de toda mi vida comiquera. Ya que estamos, la comparto también por acá...
Yo siempre fui un queso para afanar, nunca junté los huevos que hacen falta. Siempre me ganó el miedo a ser descubierto y quedar para el orto, o que me caguen a trompadas. Pero UNA vez me animé.
Para que se den una idea, yo empecé a comprar comics por inernet con tarjeta de crédito en 1997, cuando todavía existía el dial-up. Las páginas de los dealers eran una chotada, donde vos no veías qué material estaba “in stock” y cuál “out of stock”. El pedido se hacía por mail, prácticamente a ciegas. Pero el material llegaba, se pagaba barato (era el 1 a 1) y con un amigo aprovechamos para armar o cerrar bocha de colecciones. Yo ponía la VISA y él la internet, que en ese momento era casi un lujo para pocos.
Una de las colecciones que me fui armando era Hellblazer. Yo la había leído de prestado y recién me cebé como para comprarla todos los meses cuando le pusieron el logo de Vertigo. Ahí empecé a juntar para adelante y para atrás. Y en esa época no eran tan caros los primeros números, así que la fui completando. Peeeero… en todos los pedidos que le hacíamos a estos primeros dealers virtuales siempre pedía UN número de Hellblazer que nunca llegaba, siempre estaba “out of stock”. No era el de Gaiman, no era uno de los de Morrison… era el n° 59. No había forma de conseguir esa revistita del orto.
Tanto en el ´98 como en el ´99 fui a la San Diego Comic Con, lo busqué y no lo encontré. Para esta altura, ya era el único número que me faltaba para completar la serie. Hasta que llega la SDCC de 2000, la última a la que fui. Ahí me encuentro con un stand de un dealer que tenía los comic-books organizados por autor, no por título. Y los precios, muy zarpados. Busco “Garth Ennis” y lo encuentro: este turro tenía la Hellblazer n° 59. Y a un precio disparatado. Ponele u$ 25, en una convención donde los indios sudameriquichuas llenábamos valijas enteras con revistitas a u$ 0.50. La miré, la dejé, la volví a agarrar, la volví a dejar… Al final ese First of the Fallen me miró fijo, me corrompió el alma, y –con mi mejor cara de poker- me la mandé de keruza adentro de una carpetita en la que tenía los listados del material que buscaba.
Para sentirme menos choto, a ese dealer le compré unas Adventure Comics de Legion que, como estaban medio baqueta, me las cobró a un precio hiper-razonable. Era la primera vez que afanaba un comic, tenía más de 30 años y estaba acreditado como Prensa. O sea, tenía TODO para hacer el papelón de mi vida si me pescaban. Lo que más me costó fue juntar la sangre fría para acercarme al dealer y pagarle las Adventure Comics. Temía que la cara me delatara. Pero salió todo bien. En el primer tacho de basura que encontré, le arranqué a la Hellblazer n° 59 la bolsita etiquetada con el precio, para que no se pudiera identificar como “afanada en tal stand”. Y acá viene lo mejor.
Me voy al stand de DC, donde estaba firmando… sí, Garth Ennis. Me acerco y le digo:
-Me faltaba este numerito para completar Hellblazer. Un garca me lo quiso cobrar u$ 25, pero la maldad del First of the Fallen me poseyó y me lo afané.
- Jajaja! Qué grosso!- dice Ennis, y me firma la portada.
Nunca más me afané un comic, pero todavía recuerdo muy vívidamente esa mezcla de vergüenza y victoria que sentí esa tarde en San Diego.

lunes, 11 de enero de 2016

OTRAS CUATRO LECTURAS

Esta semana leí poco…
Arranqué el martes con el Vol.1 de Merlín, el Druida, la nueva serie de Rodolfo Santullo y Jok para la editorial Pictus. Me divertí mucho. Es una aventura de palo y palo, con poderes, magia, persecuciones, transformaciones, machaca y muy buen desarrollo de personajes. Santullo no se ciñe a la historia más o menos verídica de Merlín y Héctor (el padre adoptivo del Rey Arturo) sino que agarra bien para el lado de la aventura fantástica. Quizás para este primer tomo, la amenaza que enfrentan los buenos era demasiado poderosa y la resolución del combate resulta un poquito forzada. Pero está muy bien. Y el dibujo de Jok, glorioso. En la pluma de Jok conviven un montón de grossos de la historieta argentina de aventuras: Oswal, Enrique Breccia, Zaffino, Alcatena, Meriggi… el ídolo toma cositas de todos y las reinterpreta en un estilo muy atractivo y muy personal. A los efectos de captar lectores jóvenes, quizás convenía colorear esta saga. Pero eso le habría restado impacto al dibujo de Jok, que es realmente notable.
Después arranqué con De Cómo me hice Rico y Famoso, el recopilatorio de la historieta que durante muchos años publicó Ernán Cirianni en el blog Historietas Reales. Esto hay que leerlo de a poco, con pausas y en lo posible intercalando otras lecturas. Cirianni lleva la autobiografía al extremo y nos bombardea con anécdotas tremendas, que casi siempre incluyen borracheras, vómitos, sexo, drogas y rockanrol. Es duro de leer, porque hay mucho texto y el rotulado de Ernán es desastroso (con una caligrafía horrenda, letras que faltan, errores ortográficos, etc.). Pero si atravesás esa jungla, te vas a encontrar con frases inolvidables como “Me excita la idea de que algún día podré fumar con la concha”, “Saturá el contraste, me gusta cómo se ve la wasca saturada”, o “¿Los revolucionarios se dejan mear entre pares?”. Si le tenés paciencia, este libro te va a hacer muy feliz. El dibujo, además, mejora notablemente entre las primeras planchas y las últimas.
El domingo iba en bondi a grabar el podcast de Comiqueando y en pocos minutos me devoré Piedra, Papel o Tijera, una breve novela gráfica de Alejandro Farías y Jozz. El guión está muy bueno, es un thriller muy realista, muy intenso, que crece en tensión hasta hacerse asfixiante. Sobre todo en el último tercio hay mucho vértigo, mucha secuencia muda y mucha acción. El final es totalmente impredecible y está muy bien, pega donde más duele. El dibujo del brasileño Jozz no me aportó demasiado pero tampoco molesta ni va en detrimento de la fuerza del relato de Farías.
Y si bien mi prioridad es avanzar con el pilón de material que se editó en Argentina entre Agosto y Septiembre (tarea titánica si las hay), me hice un ratito para entrarle al Vol.1 de Trees, de Warren Ellis y Jason Howard. Esto es demasiado grosso como para ponerse a explicar el argumento. Acá hay ciencia-ficción, misterio, ecología, política, slice of life, violencia, traiciones, garches, poesía, amor y los mejores diálogos de toda la carrera de Ellis. Al dibujante no lo conocía, pero es muy bueno. De lejos parece un clon de Duncan Fegredo, porque la narrativa y la puesta en página está muy basada en la del prócer británico. Pero si lo mirás en detalle vas a ver en los cuerpos una estilización onda Gabriel Bá y Fábio Moon y en los rostros bastantes rasgos que me recordaron a Guy Davis. Me hice fan de Jason Howard, de una. Y recomiendo muchisimo este primer TPB de Trees.
Veremos cómo me va esta semana con las lecturas, y a ver qué pasa con mi cirugía de columna, que en una de esas se concreta la semana que viene.

lunes, 4 de enero de 2016

FIEBRE DE SABADO POR LA NOCHE


Este sábado, en vez de salir de joda, me quedé en casa. Cada tanto sucede, sobre todo desde que me hice mierda la columna y mi aguante disminuyó ostensiblemente. Pensé en aprovechar para terminar un librito que había empezado el jueves y del que había leído un capítulo ese día y un capítulo el viernes. Una vez más, la cosa se me fue de las manos…
El TPB que empecé el jueves y me propuse terminar el sábado era el Vol.1 de Silver Surfer, de Dan Slott y Mike Allred. Alucinante, una verdadera gema. Slott le encuentra un tratamiento novedoso y muy copado al personaje, lejos de los soliloquios melodramáticos de Stan Lee. Los diálogos son brillantes, lleno de chistes y guiños a la cultura pop. El dibujo de Allred, glorioso como pocas veces. Una vez más, le sobra onda. Por ahí está medio forzada esa breve aparición de los Guardians of the Galaxy, pero el resto es todo ganancia. Si nunca leíste al Surfer, también podés arrancar por acá.
Terminado ese broli, en vez de dormir o prender la tele, fui por más y me clavé en poquísimos minutos el Vol.9 de Términus, medio para festejar que acaba de salir el Vol.10. Ahí me encontré con un magnífico unitario de Diego Agrimbau y Pato Delpeche, seguido de buenos trabajos de Diego Simone, Fernando Baldó, Juan Frigeri, Enrique Santana, Bruno Chiroleu y demás. El otro unitario que me atrapó hasta el final es el de Gonzalo Duarte y Damián Couceiro. Claramente es una antología donde brillan más los dibujantes que los guionistas, pero que igual resulta muy satisfactoria.
Para ese entonces, ya estaba poseído por el Demonio y nada, ni siquiera un Decreto de Necedad y Urgencia del Virrey Mauricio, me iba a hacer aflojar en la batalla contra el pilón de libros que tengo sin leer. Ahí fue cuando me bajé de un saque Khur el Fugitivo Vol.1, de Luciano Saracino y Diego Aballay. Al principio estaba muy pendiente de cómo habían remontado una historieta pensada en tira para adaptarla a un formato muy cercano al comic-book. Para la página… 20, ya estaba enganchado con la trama y el aspecto más técnico me chupaba un huevo. Este libro tiene dos anchos de espada: 1) Sus inexistentes pretensiones. Nunca se plantea nada más que entretenerte un rato con aventuras fantásticas de guerreros, monstruos y machaca. 2) Acá Saracino se propone homenajear a Robin Wood, pero no se decide a qué Robin Wood homenajear. Entonces mete bloques de texto floridos, frondosos, profundos y líricos al estilo Nippur, mezclados con chistes al estilo Pepe Sánchez. El resultado funciona bien, aunque hay un chiste (el del mal olor que despide Rohm) que se reitera tantas veces que en un punto deja de ser gracioso.
Y con las sábanas ya prendidas fuego (porque todas estas lecturas tuvieron lugar en la cama), me aventuré con el último TPB de Criminal que me faltaba leer, el Vol.4, titulado Bad Night. Nada, esto es tan bueno que hace mal. No tiene sentido ni hablar de las genialidades que hacen acá Ed Brubaker y Sean Phillips. Creo que mis próximas… 50 discusiones sobre historieta van a terminar con un “Vos no leíste Criminal, NO PODES HABLAR”. Es así. No haber leído esto te descalifica. Comparado con Criminal, el Captain America de Brubaker es una gansada obvia y pueril, su Iron Fist es un engaña-pichanga para idiotas y su Daredevil es un manga de autores coreanos basado en un videojuego y editado por Muñones. Así de lejos está esto de TODO lo demás.
Y bueno, ayer domingo y hoy lunes no leí absolutamente nada. Los chistes de la contratapa de La Nación, nomás, y ni siquiera todos, porque al choto de Nik no te lo leo ni con un chumbo en la cabeza. Cuando acumule lecturas que justifiquen pasar por acá y escribir algo, vuelvo.
Mientras tanto, se puede seguir mandando preguntas acerca de lo que a cada uno se le dé la gana, a accorsiandres@gmail.com y con eso seguramente armaremos algún post más adelante. Gracias a todos los que dejaron comentarios repletos de buena onda abajo del post del 31/12 y hasta pronto.


jueves, 31 de diciembre de 2015

31/12: FIN

Y sí, algún día tenía que pasar. Esto que empezó aquel lejano y binario 01/01/10 como un desafío bizarro (publicar 365 reseñas de 365 comics en 365 días) se convirtió en un blog que duró seis años y tuvo 2103 entradas. Algunas fueron choreo (¿para qué te voy a mentir a esta altura del partido?) pero la mayoría fueron reseñas de los comics que leí estos seis años… que además fueron los seis años en los que más comics leí.
Hoy el blog se termina… o mejor dicho, hoy empiezo a intentar que se termine. La verdad que, después de tanto tiempo, no sé si voy a poder dejarlo de un día para el otro. Hoy, por ejemplo, no sé si me voy a sentar a leer un comic. No tengo la urgencia de tener que postear una reseña ni hoy, ni mañana, ni nunca. Pero capaz que igual me siento y me bajo un TPB o una novela gráfica… Y si eso sucede, capaz que me derrotan las ganas de escribir acerca de lo que leí. No sé, realmente, qué va a pasar.
La idea es volver cada tanto, con posts que repasen mis lecturas recientes de un modo mucho más sintético que hasta ahora, y dejando afuera aquellos comics que uno lee y que –por motivos muy variados- no dejan algo muy sustancioso como para explayarse en 4000 ó 4500 caracteres. Me ha tocado dedicarle reseñas a varios de esos, pero ya fue. Eso no lo hago más.
De ahora en más, entonces, el blog será aperiódico. Los nuevos posts aparecerán eventualmente, cuando me parezca que tengo algo interesante para decir o para compartir. Quizás eso suceda todas las semanas, quizás nunca. También me gustaría hacer algo más abierto, más interactivo. Estaría bueno, por ejemplo, dedicarle dos o tres posts a responder preguntas enviadas por los lectores del blog, obviamente acerca de lo que a cada uno le interese saber. El famoso “¿a alguien le quedó alguna duda?”. Bueno, está el espacio para despejarlas. Vale preguntar cualquier cosa, aclaro de antemano. Y para que sea todo más prolijo, vamos a recibir las preguntas no en el sector de Comentarios, sino por mail, a accorsiandres@gmail.com. En el tema (o subject) del mensaje, debería ser “Preguntas para el blog”.

Este año el blog cierra con 344 entradas, la cifra anual más baja desde que arrancamos en 2010. Pero bueno, esos 21 faltazos responden a la gran cantidad de eventos en los que me tocó participar: la Rocketbooks, Dibujados, la FIC de Santiago de Chile, Montevideo Comics, Crack Bang Boom, Comicópolis, la New York Comic Con y la San Luis Comic Con fueron algunos de los momentos en que abandoné la soledad de mi escritorio para interactuar durante horas o días con artistas, editores, colegas, amigos e incluso con lectores del blog, que en todos lados donde voy se acercan a saludar con la mejor onda.
Ahora sí, se acabó. It´s over. C´est fini. Ero solo. Acabou. Ich war. Nos vamos por la puerta grande, como la Jefa. Diciembre fue el tercer mes en la historia del blog en el que superamos las 30.000 visitas, y quedó –por poquito- abajo de Enero de 2014 y lógicamente abajo de Marzo de 2014, que fue la única vez que superamos las 31.000. En el acumulado de los seis años, clavamos en 1.470.000 visitas: una guarangada. Infinitas gracias a todos lo que le hicieron el aguante al blog todo este tiempo, a los 530 seguidores, a los 2400 “megusteadores” de Facebook, a los que compartieron links para que más gente accediera a estos textos, a los autores y editores que me hicieron llegar sus libros para que yo los reseñara, y sobre todo a los artistas porque –como siempre digo- sin ellos no existirían los comics para leer y reseñar. Ellos son los verdaderos “culpables de este amor”.
Si te quedaste con ganas de más, nos seguimos leyendo todos los días en la Comiqueando Online. Y eventualmente acá, donde –repito- cada tanto volverán a aparecer posts, muy distintos a los 2103 ya aparecidos.
¿Qué nos deparará el 2016? Ni idea, la verdad que lo veo muy borroso. El libro más vendido de Diciembre a través de la Distri fue el Vol.25 de Gaturro y tenemos un gobierno de derecha, así que las señales del apocalipsis están ahí. El abismo nos está mirando fijo, aunque nosotros no lo miremos. En fin… ojalá que, pase lo que pase, haya salud, dinero y comics para todos y todas.
Gracias de nuevo por estar del otro lado estos seis inolvidables años.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

30/12: HEXMOOR

Le entré a este libro muy cebado tanto por las buenas críticas que leí como por las excelentes ventas que cosechó. Y la verdad que entré con tanta manija que esperaba un poco más de lo que me encontré.
El dibujo de Quique Alcatena es majestuoso, no hay con qué darle. No quiero repetir conceptos de reseñas anteriores, pero estamos ante un genio irrepetible que sabe sintetizar el dibujo clásico de aventura y la tradición gráfica de las distintas culturas a las que visitan sus personajes. El resultado es magia en estado puro.
Lo que en este caso me parece que restó un poco es la extensión de la obra. Hay un momento (el de la recorrida por los planetas) en que sentí que Alcatena y el guionista, el inmenso Eduardo Mazzitelli, estaban jugando a estirar la saga lo más posible. No había mucha justificación para todos esos episodios en el espacio y si no se hacen aburridos es porque están repletos de ideas fascinantes. Pero se nota la fórmula y se extraña esa sensación de “estos son episodios unitarios pero evidentemente están yendo hacia algún lado” que tiene todo el primer tramo ambientado en Old Albion.
Una vez que los protagonistas regresan a esta ciudad, crece la sensación de que Mazzitelli tiene un plan a largo plazo, de que los unitarios son escalones, que suben hacia un destino final. A veces son más atrapantes, a veces los conflictos tienen menos fuerza, pero siempre pasa algo, siempre se sacude aunque sea un poquito el status quo. Y como suele suceder en las series extensas de Mazzitelli, el final desaprovecha un poco las posibilidades de pegar ese último y definitivo sacudón. ¿Por qué? Porque fiel a su estilo, el guionista elige desenfatizar la machaca. Los combates están prácticamente ausentes a lo largo de todo el libro y el final no es la excepción. Mazzitelli juega a cerrar el conflicto central de un modo atípico, que sorprenda al lector, y esta vez me parece que el final termina por no estar a la altura de la expectativa que generó con ese build-up hacia “La Batalla Final” entre Hexmoor y sus principales enemigos, Los Invisibles.
El protagonista es el clásico héroe mazzitelliano: audaz, astuto, decidido, sin conflictos internos, hábil con las armas, ganador con las minas y protegido por una suerte a prueba de balas que le permite derrotar casi sin despeinarse a enemigos a priori mucho más poderosos que él. Por suerte, Mazzitelli lo rodea de un elenco muy interesante de personajes secundarios en el que hay varios tíos, primos y demás miembros de la familia Hexmoor, hampones, un justiciero enmascarado y hasta un muñeco de madera viviente. Faltaba una minita, nomás. Las pocas que aparecen no tienen el más mínimo peso en las tramas.
Entre los episodios autoconclusivos y los que tienen estructura más “de saga” hay (como ya dije) una cantidad impresionante de ideas zarpadas, algunas más épicas, otras más poéticas, otras simplemente absurdas y otras tan retorcidas y a la vez tan sofisticadas que las podría haber usado Grant Morrison en la Doom Patrol. Si me tengo que quedar con uno de los unitarios, leerlo como una historia corta desenganchada de todo el resto, voy de una con La Pandilla de la Calle Mugre, un thriller alucinante que me sorprendió de la primera viñeta a la última. También disfruté muchísimo con La Sombra de los Hexmoor (ahí hay conceptos que re-daba para seguir explorando) y con Sólo Di Miau, una especie lado B de A Dream of a Thousand Cats, aquel inolvidable unitario de Sandman.
En fin, esto está lleno de elementos limados, puestos al servicio de relatos originales, poco convencionales, salpicados con unos bloques de texto deliciosos. Si en vez de desarrollarse en 338 páginas se concentraba todo en… 240, estaríamos hablando de una obra maestra, comparable a lo mejor de esta dupla fundamental. Por supuesto, si las 100 páginas que “sobran” las dibuja Alcatena, hay que ser muy choto para protestar.
Y se acabaron las reseñas. Mañana, la despedida del blog.

martes, 29 de diciembre de 2015

29/12: SUGAR SKULL

Bueno, tardé un poquito menos de cuatro años en terminar la triilogía de novelas gráficas de Charles Burns que empezó con X´Ed Out (ver reseña del 09/01/11) y siguió con The Hive (29/06/13). Como te imaginarás, con un bache de 30 meses entre el tomo anterior y este, me acuerdo muy poco de la trama y nada de los detalles de lo sucedido en las dos primeras partes de la trilogía. Y como NO te imaginarás, estas 60 páginas son mucho más autoconclusivas de lo que parecen.
La verdad es que buena parte de lo que sucede en Sugar Skull se disfruta a pleno sin tener la menor idea de que esta es la tercera parte de una saga más extensa. Hay puntas que se nota que se abrieron antes de que arranque Sugar Skull, pero rápidamente Burns te pone al día y te engancha hasta el final.
Esta vez hay tres niveles de relato: lo que sucede en el presente en el plano real, flashbacks al pasado también en el plano real, y toda la secuencia más aventurera, más bizarra, más extrema, en el plano… digámosle “menos real”. Y llegué a una conclusión que no me gusta: toda esta parte “menos real”, protagonizada por Johnny (el tintinesco alter-ego de Doug), está al pedo. Visualmente es la gloria, y narrativamente te emociona, te shockea, te atrapa… con una historia que no sé muy bien a dónde va. Capaz que si lo leés MUY compenetrado (o muy drogado) descubrís que todo lo que le pasa a Johnny es una metáfora, una alegoría o un paralelismo medio freak con lo que le pasa a Doug. Si eso fuera así, estaríamos hablando de la mejor novela gráfica de la historia, frente-march. Pero yo intuyo que no es así, que Burns por un lado nos contó la historia de Doug (ahora me explayo un toque sobre eso) y nos la adornó con todas estas secuencias oníricas, alucinógenas, apasionantes, pero a la larga medio inconducentes.
Ahora bien, la otra trama, la de Doug y sus relaciones con Sally y Sarah, no sólo es brillante: también tiene todo el sentido del mundo por sí sola, independientemente de lo que pasa en el otro plano de realidad, e incluso de lo que pasa en X´Ed Out y The Hive. Yo creo que si Burns limitaba la trama sólo a esa línea argumental, le íbamos a decir que se estaba colgando de las tetas de Adrian Tomine, porque básicamente la historia de Doug tiene esa onda: un drama urbano realista, en el que un tipo casi normal trata de reflotar una pareja que se fue a la B por cagadas que se mandó años atrás. Burns construye esta trama con flashbacks interesantísimos, con escenas que se cortan en el momento justo (el de más tensión), con silencios que te volatilizan por su potencia dramática… Estos fragmentos del libro están tan buenos que casi puteás cada vez que Burns interrumpe la narración para mostrarte las andanzas de Johnny en esa especie de País de las Maravillas bizarro y hecho mierda.
Hablar del dibujo es medio redundante, así que no lo voy a hacer. Creo que escribí bastante sobre el tema en la reseña de X´Ed Out. ¿Es el mejor trabajo de Burns como dibujante? No tengas la menor duda. Y no sólo por los homenajes a Hergé. Hay millones de motivos para que -si sos fan de Burns desde siempre, o si lo conociste gracias a esta trilogía- te vayas convencido de que el hijo de puta que le acaba de hacer el amor a tus retinas es el más grosso de todos, el que tiene una varita mágica en vez de una verga.
No tengo idea de cuánto falta para que se edite el próximo trabajo de Burns, ni mucho menos cuánto falta para que un futuro trabajo de Burns supere en calidad a lo que vimos en estos tres libros. Y la verdad, son datos cuya importancia empalidece frente al placer que me produjeron Sugar Skull y sus antecesoras. Gloria eterna a este Monstruo Sagrado del Noveno Arte, siempre dispuesto a subir la apuesta un poquito más.
Mañana, la última reseña de la historia del blog.

lunes, 28 de diciembre de 2015

28/12: PRECIOSA OSCURIDAD

Este es un álbum autoconclusivo de 2009, publicado en nuestro idioma en 2013 por el sello Spaceman. Es una obra increíble del prolífico guionista Fabien Vehlmann (para muchos el Goscinny del Siglo XXI) y de la dupla de dibujantes conocida como Kerascoët.
Tiene un gran problema: no se puede contar nada de la trama. Si me pongo a explicar quiénes son los personajes, cagamos. Digamos que casi todo lo que sucede se desencadena a raíz de la muerte de una nena de unos nueve o diez años. Pero el eje del relato no está puesto ahí. Lo que le importa a Vehlmann no es explicar la muerte de la nena, es otra cosa en la que conviene no ahondar.
La reseña me va a quedar muy corta, como siempre que trato de no ahondar en la trama. Pero de verdad, todo lo que cuente va en contra del disfrute de la obra. Hay un poquito de acción, hay personajes interesantes, hay algo así como un misterio, un suspenso, y lo más interesante: un juego muy atractivo entre dos planos de realidad. La gran, gran idea de Vehlmann le permite apoyar un relato largo (90 páginas) en un recurso muy sencilla, asombrosamente sencillo. Y hasta ahí llego.
Eso que yo mencionaba (y en lo que me niego a ahondar) de los dos niveles de realidad le permite a los Kerascoët dibujar en dos estilos distintos: uno muy realista, generosísimo en detalles, en texturas e iluminaciones. Arboles, animales y objetos aparecen en estas páginas perfectamente retratados por dos artistas que nunca habían incursionado en el estilo realista. Sin embargo, buena parte del peso dramático de Preciosa Oscuridad recae en personajes… a los que no les sienta bien ese estilo. Felizmente los Kerascoët lo entienden y recrean este otro nivel de realidad en un segundo estilo, más similar al que vimos (por ejemplo) en las reseñas del 08 y el 22/04/13. Pero hasta ahí nomás. Quizás porque ya no está el gran Hubert para colorearlos, pero acá los Kerascoët no quedan tan pegados a la impronta gráfica de Christophe Blain y Joann Sfar. Juegan al contraste entre los personajes y los fondos, enfatizan desde el color las diferencias entre los propios personajes y además estos están dibujados básicamente en un estilo funny… pero con variaciones que van desde la clásica ilustración de cuentos infantiles al manga.
Entre tanto prodigio visual, los Kerascoët arman un festival alucinante, pensado para conmover a nuestros sentidos. Y aportan muchísimo a la principal genialidad de Preciosa Oscuridad, que consiste en ese doble juego entre la tragedia más horrenda y la comedia aventurera light. El resultado no sólo es brillante, también es sumamente perturbador. Vehlmann no deja que te olvides nunca de que el verdadero marco de este relato lleno de ritmo, color y personajes arquetípicos, es un marco espantoso. Es como armar una obra de títeres que narre un maravilloso cuento de hadas, pero en vez de usar un teatro de marionetas, hacerla arriba de un féretro abierto, con el fiambre ahí, a la vista.
Perdón por no explayarme un poco más, pero no te quiero cagar las sorpresas. Esta novela gráfica tiene de todo, de verdad. Es una emoción atrás de otra. Si no conseguís la edición española y no leés francés, hay una edición yanki a cargo de Drawn & Quarterly. Pero buscala, que es una joya.

domingo, 27 de diciembre de 2015

27/12: LAS TIERRAS DEL OSO

Este libro recopila 20 historietas realizadas por el maestro Carlos Vogt entre 2010 y 2013 y publicadas en las antologías italianas de la editorial Aurea, que es la que que canalizó toda la producción post-Columba del legendario co-creador de Pepe Sánchez. Las 20 historias son autoconclusivas pero, al compartir ambientación, algunos personajes se repiten y hasta se cruzan entre ellos. Vogt nos transporta a los bosques de Saskatchewan, en la provincia canadiense de Alberta, cerca de la frontera con EEUU, a fines del siglo XIX, cuando ya terminó la guerra entre ingleses y franceses y Canadá se empieza a parecer (no en geografía pero sí en todo lo demás) al Oeste de los EEUU. Si no estuvieran los bosques de fondo, cualquier incauto podría creer que Las Tierras del Oso es un western clásico: hay diligencias, saloons, sheriffs, asaltantes, buscadores de oro y –algo a lo que Vogt le presta mucha atención- varias tribus de aborígenes, con distintos grados de belicosidad.
Cuando la ambientación está tan lograda, cuando la época histórica está tan bien investigada, es inevitable que esto no sea un mero decorado, sino que se convierta en un elemento central en las tramas, tan importante como los personajes, los tiros y las piñas. Y los chistes. Porque el principal mérito de Las Tierras del Oso es que, a pesar de la larguísima trayectoria, de pasar de las revistas de Columba a las revistas de la Aurea, de trabajar con o sin guionistas, Vogt sigue siendo Vogt. La esencia de Vogt es esta: la aventura condimentada con comedia. Estas 20 historias tienen peleas, robos, persecuciones, flechazos, hachazos, corchazos… y la mano maestra de un autor increíble, que logra combinar todos esos elementos con el humor. Juegos de palabras, confusiones absurdas, un poquito de slapstick… Vogt tiene intacto el talento para hacernos reir en medio de una trama clásica de buenos y malos y eso lo hace único dentro de la historieta argentina de aventuras.
En cuanto a las historias en sí, el nivel es bastante parejo. No fue fácil encontrar alguna que se destacara mucho por sobre el resto. Finalmente me quedé con dos: El Duelo y El Vendedor Ambulante, dos joyitas en un panorama en el que todos los guiones me resultaron satisfactorios.
En cambio, en materia de dibujo, hay una historieta que se destaca claramente por sobre todas las demás. Se trata de Los Asaltantes, que parece estar realizada por el maestro Vogt con una técnica distinta (¿rotring, quizás?), o reproducida a mucha mejor calidad. Lo cierto es que la línea del dibujante acá pierde un poquito en espesor pero gana exponencialmente en fuerza, en sutileza, en prolijidad, en expresividad. Son 12 páginas impecables, donde se nota un cuidado absoluto por parte del maestro.
En las otras historietas, el trazo de Vogt también se disfruta a pleno, pero no está tan claro, no tiene tanta definición. En casi todas las historias (acá incluyo también a Los Asaltantes) hay un problema fundamental, que es el ida y vuelta entre las páginas divididas en tres tiras y las páginas divididas en cuatro tiras. Obviamente, cuando Vogt trabaja con tres tiras, el dibujo se ve mucho mejor, más libre, más suelto. En cuatro tiras, hay que apretar un poquito más la información, la narrativa se ve más condicionada, y a veces si el diálogo es extenso, el dibujo queda muy relegado. Si TODAS las páginas de TODAS las historietas estuvieran plantadas en cuatro tiras… y bue, uno se acostumbra, como cuando lee a Hugo Pratt, Hergé o Carl Barks. Pero al variar dentro de una misma historieta, te marea un poquito y te frustra, porque uno quisiera ver TODA la historieta narrada en páginas de tres tiras donde –repito- el dibujo se luce mucho más.
Dos detalles más que no me gustaron, bastante menores, por suerte: 1) la tipografía utilizada en diálogos y bloques de texto atrasa –como mínimo- 15 años. 2) Se nota mucho que estas historietas se realizaron en un tamaño muy distinto al del libro, por eso quedan arriba y abajo esas franjas blancas tan llamativas. Se entiende la idea de editarlo en el mismo formato en el que Loco Rabia viene cosechando éxito tras éxito, pero eso: se nota demasiado que Vogt dibujó todo con otro formato en mente. El resto, todo delicioso. Si sos fan de este prócer del Noveno Arte, o de la historieta argentina clásica en general, en Las Tierras del Oso la vas a pasar bomba. Exploralas con total confianza.